20 mayo 2009

Carta de S.


Estimada amiga Becky Sharp:

Al leer su último post veo que tomó en consideración mis humildes recomendaciones. Quiero contarle que sigo encamada, por suerte muy bien acompañada por Daniel Alarcón, Felipe Camiroaga y Mac.
Este par de días en cama me han hecho descubrir grandes cosas:

1.-La televisión chilena es pésima y el único matinal que salva es El Buenos Días a Todos, que tampoco es muy bueno, pero por último tiene a Camiroaga.
2.- No tolero los programas de farándula. Ni los Nachos, las Patas y los peluqueros rascas.
3.- Si tengo que elegir entre ver tele o leer, me quedo con leer.

Debo contarle que, por suerte, antes de enfermarme me llegó un ejemplar del último libro de Daniel Alarcón -El Rey siempre está por encima del pueblo- que me ha entretenido bastante en estos puercos días de gripe. Y por suerte también no me he sentido tan decaída y he podido seguir trabajando en ese proyecto que alguna vez le comenté. Como hormiguita, usted sabe, calladita y ordenada.

Y también debo confesarle que he estado viendo ¿Dónde está Elisa? y hasta he soltado mis lagrimones. No sé, hay algo que me hace sentir empatía con Sigrid Alegría. Debe ser nuestro común rol de madre. O quizás la gripe, que me tiene medio atontada.

En fin, como sea he tratado de descansar y recuperarme, porque se me acercan muchos compromisos impostergables -reuniones, mitines políticos, cumpleaños, despedidas de soltera, campeonatos deportivos, una boda (me encanta esa palabra, es tan chula) y mi cumpleaños. Todos compromisos que requieren mi asistencia y mejor presencia, y que empiezan este fin de semana y no paran hasta fin de mes.

Si tiene tiempo y no teme enfermarse, puede visitar la exposición de Valenzuela Puelma en el Cultural de Las Condes, que está bastante buena, y donde de seguro no va a haber público extranjero. Por cautela puede hacerlo con mascarilla (esa misma que usó cuando se hizo el tratamiento de keratina con formol y que casi la mató de intoxicación, alergia y cáncer al cuero cabelludo) o enfundarse en un gran pañuelo ecuatoriano o paquistaní, para evitar todo tipo de contacto.
Le mando un beso grande,
y nos vemos cuando pase esta pandemia porcinesca.

Becky ante la Pandemia


1.- No invitaré a ningún amigo de mis hijos a la casa ni tampoco a sus padres.
2.- No besaré ni tocaré a ninguna persona que haya viajado fuera de Chile.
3.- No andaré en avión, taxi, bus o metro ni tampoco visitaré teatros, cines o centros comerciales.
4.- Visitaré museos (en especial el Bellas Artes) que tienen muy buena ventilación (por lo general los vidrios están rotos) y poca afluencia de público.
5.- Tampoco me juntaré con profesores, en especial profesores de colegio particular del sector oriente de Santiago, ni los recibiré en mi casa hasta pasada esta pandemia.
6.- Como medida de resguardo tampoco me veré con personas que trabajen en empresas con muchos empleados (sea Endesa, Coca-Cola, Chilectra, Gasco, etc.) por las altas posibilidades de tener a algún enfermo entre sus trabajadores.
7.- Tampoco recibiré en mi casa -menos en mi cama- a personas que por su trabajo mantengan contactos con extranjeros o se dediquen al comercio en sectores turísticos de Santiago como Alonso de Córdova y Nueva Costanera.
8.- Recibiré a personas que trabajen en bibliotecas, salvo aquellas que estén ligadas a algún centro comercial -dígase Biblioteca Viva- que suelen tener gran afluencia de público nacional e internacional.
9.- No visitaré a ningún amigo que esté enfermo ni entraré a alguna clínica u hospital, a menos que sea yo la infectada. En caso de que esto llegara a ocurrirme, pido que por favor no me discriminen y me vayan a visitar (con mascarilla y Tamiflu) y se abstengan de entregar fotos mías a la prensa.
Cariños a todos,
Becky Sharp

14 mayo 2009

A la pasada...

Perdonen el abandono, pero he estado en mil cosas. En todo caso no me he olvidado de nuestro mini taller de mayo para la próxima semana. Sigan escribiendo y nos vemos pronto. Yo sigo con mis trámites gubernamentales, papeleos varios y mi nuevo cargo de "asesora". En cualquier minuto me llaman para un cargo en el ministerio. Los quiero. No me olviden.

03 mayo 2009

La Flor Púrpura

Esta impresionante novela marcó el debut literario de Chimamanda Ngozi Adichie (1977), la nigeriana que el 2007 obtuvo el prestigioso premio Orange por su segunda novela Medio Sol Amarillo y que a sus 30 años y sólo dos novelas publicadas no ha parado de recibir condecoraciones y buenas críticas.

Narrada por su protagonista, una tímida niña de quince años de nombre Kambili Achike, La Flor Púrpura (en inglés, Purple Hibuscus) cuenta la historia de una familia acomodada de Enugu, que bajo un manto de perfección esconde los constantes abusos de un padre tirano y fanático religioso, quien no duda en castigar a su esposa y a sus hijos ante cualquier cosa que él considere un error.

“Todo empezó a desmoronarse en casa cuando mi hermano, Jaja, no fue a comulgar y Padre lanzó su pesado misal al aire y rompió las figuritas de las estanterías”, comienza el relato de Kambili, quien en un principio parece no entender lo que sucede en su casa: se niega a escuchar los ruidos que vienen de la habitación de sus padres, se niega a creer que su padre haya golpeado a su madre hasta causarle un aborto; en fin, no quiere entender que “Padre” (como ella lo llama), un hombre tan venerado en su comunidad, un ejemplar defensor de los derechos humanos y activo participante de la Iglesia Católica sea en realidad un sádico.

Y mientras avanza el relato de Kambili, el lector va enterándose de la violencia y crueldad del progenitor, de la sumisión enfermiza de la madre, de los castigos que recibe el hermano mayor, Jaja, y de los dolores de Kambili, quien muda y obediente, sólo calla. Pero todo empieza a cambiar cuando los niños son invitados a pasar unos días en Nsukka, en la casa de su liberal tía paterna, -una madre viuda con tres hijos y serias dificultades económicas- y los hermanos descubren el hibisco de flor púrpura que da nombre al libro, se reencuentran con su abuelo (a quien el padre consideraba un pagano) y comienzan a cuestionar la autoridad de su progenitor. En casa de la tía, relata Kambili, “ya ni siquiera recordaba que hubo un día en que deseé no volver a abrir los ojos, había olvidado aquel dolor intenso en todo el cuerpo”, y esa ansia de tranquilidad es lo que precipita el desenlace final.

La novela, ambientada durante uno de los períodos dictatoriales de Nigeria (posiblemente el de 1993), nos hace partícipes de la violencia de un país y de un hogar, y nos muestra a este padre con dos caras tan disímiles: por un lado, un héroe para la sociedad y enemigo de la dictadura, y por otro lado, un tirano, un hombre tan fuertemente atraído por el mundo de los blancos –por el capitalismo y el fanatismo religioso- que reniega de su propio origen igbo. Narrada con realismo e inocencia, la novela tiene pasajes desoladores, y tristes -tan amargos como el utazi que las mujeres echaban al caldo-, sólo alivianados con la refrescante irrupción del joven sacerdote Amadi y la lenguaraz prima Amaka, y las infaltables horas de almuerzo y comida, cuando los niños se distraían comiendo arroz con ñame y haciendo bolitas de fufú para echar a la sopa.


22 abril 2009

Un punteo


-He estado con mil cosas y no he tenido tiempo para nada.
-No quiero que mi amigo S. deje de escribir.
-Ni que abandone el mini taller.
-Tengo que contarle de la charla que di sobre Edgar Allan Poe. Si hubiera estado ahí, se habría sentido orgulloso de mí. Y feliz del interés que despertó el escritor entre los asistentes. (Parte de lo que hablé aparece en este artículo que publiqué en el Artes y Letras)
-Tengo que ir a ver a mi amiga C. que tuvo a su tercer hijo hombre.
-Y también contarle de mi nuevo trabajo.
-Otro trabajo sin paga, pero importante.
-Y hablarle de lo que estoy escribiendo.
-O mejor no contar nada hasta más adelante.
-Y seguir trabajando como hormiguita.
-En silencio.
-Y seguir escribiendo.
-Libre.
-Prometo volver a la Feria uno de estos días.

17 abril 2009

La historia de una historia de una historia


A raíz de mi último post, me escribió una fiel lectora de La Feria de las Vanidades para felicitarme por mi estado de "mujer feliz". Ella, en cambio, había recién terminado con su novio. Decidimos juntarnos a almorzar en la Animal, y ahí, mientras comíamos nuestro quiche de pimentones, me contó los detalles de su ruptura -que claramente me los guardaré-, que son tan escabrosos y a la vez sabrosos que podrían convertirse fácilmente en un buen guión de cine o al menos en un cuento genial. O patético.
Mi amiga no estaba triste, pero tampoco feliz, y frente a lo que me contaba no fui capaz de opinar mucho ni tampoco ser de gran utilidad. Quizás algún día escriba su historia o la de muchas mujeres que han vivido desilusiones iguales. Quizás no. Quizás ella termine escribiendo sobre mí o sobre cualquier cosa más.
Un amigo mío, al que llamaré Steph suele utilizar en sus cuentos cosas que alguna vez le he contado. El nombre de mi nana, el sobrenombre que le puso mi hija a un queque o cualquier tontera similar, pero lo hace con tal encanto que me hace gozar con sus apropiaciones. Yo creo que al escribir aparecen muchas cosas de nuestro inconsciente, pero también las historias que nos llegan, los nombres que se nos pegan, el ritmo que nos contagia en ese momento, el estado de ánimo, alguna lectura o incluso una canción.
Hace unos años participé de un taller literario y me pasaba que mientras escuchaba algún cuento, se me empezaba a aparecer de inmediato la trama para una historia, nada que ver con la que estaban leyendo, pero que me daba el pie para inventar. El otro día, a la salida de mis clases de yoga, me encontré con una antigua compañera de taller y me contó que desde que había dejado las clases nunca más había vuelto a escribir. Me decía que después del taller solía tomarse un traguito con un compañero nuestro y que de las cosas que él le contaba ella sacaba ideas para futuros cuentos. Yo le dije que las ideas podían estar en cualquier lado, no sólo en el Bar Don Rodrigo o en el Catedral, y era cosa de andar con los oídos abiertos.
Quizás escriba la historia de mi amiga. O quizás se la cuente a Steph para que lo haga él. Quizás algún día mi amiga la lea. Y se ría de su historia, y se la lea a sus hijos, a sus nietos o a su futuro amor.

14 abril 2009


Estoy muy feliz...
porque pasamos un fin de semana espectacular en las playas de la cuarta región
porque mis cachorros son una delicia 
porque mi amado es además mi mejor amigo
y porque se viene el mini-taller
además porque no he parado de escribir
de trabajar, de amar y de dar gracias a Dios
por tener a los amigos que tengo
la linda familia que tengo
y todo lo demás 
Un beso a todos

31 marzo 2009

¿Adivina qué?

































Estoy escribiendo algo sobre Philip Roth...
Y sobre Truman Capote...
y Carson McCullers...
y sobre Flannery O'Connor...
y Patricia Highsmith...
y Carver, Cheever y A.M. Homes...

27 marzo 2009

Javier Marías en la UC

Dicen que es mejor no conocer a los escritores que admiras, porque sus personas pueden decepcionarte. Sin embargo, la curiosidad fue más fuerte y ayer en la tarde partí con mi amiga Valentina a ver a Javier Marías a la UC. La charla estuvo muy entretenida (Marías es un narrador bastante ameno en sus libros y también en la vida real) y ante una sala repleta fue capaz de pasar de las anécdotas más graciosas (como la de su coronación como rey de Redonda) hasta los temas más profundos, como su cercanía con la ironía inglesa y su devoción hacia Shakespeare, Cervantes y los "antiguos" en general. Marías recomendó a los escritores que se inician revisar los clásicos, "para no repetir", y no obsesionarse con lo nuevo y actual, que según él puede ser obviado momentáneamente. Recomendó leer a Juan Benet encarecidamente y no dejar de revisar las grandes obras del siglo XIX y XX. 

Con su cigarro en mano, Marías contestó las preguntas que le hizo el público y las acotaciones de su entrevistador-presentador Gonzalo Garcés que no pudo ocultar la gran admiración que sentía hacia el escritor español. Un momento gracioso de la noche fue cuando una señora, muy seria, le preguntó en tono inteligente, en qué colegio había estado de pequeño, y Marías muy educado y algo sorprendido le contestó: en el colegio Estudio de Madrid. Nadie se rió. Pero fue muy divertido y provinciano. Ésa fue una de las últimas preguntas antes de empezar con la firma de libros y recibir un gran aplauso. Gracias, Javier, no me decepcionaste. Y prometo leer a Juan Benet y no dejar de lado los clásicos ni a Shakespeare, Cervantes y Compañía.

22 marzo 2009

A propósito de oír llover

Hace más de un año que tengo un teléfono celular muy malo. Escucho perfecto, pero al otro lado no me entienden lo que hablo. He ido varias veces a Movistar para que me lo cambien, pero en vez de darme otro aparato prefieren "arreglarlo", aunque sigue sin funcionar. Lo único bueno es que casi no lo uso, entonces la cuenta es baja y hablo justo lo necesario. Nada de ponerme a cotorrear o de llamar a la casa por cualquier cosa. Menos llamar a un amigo o pedir una hora para el doctor. Sólo lo uso cuando me llaman y por lo general me cuelgan al poco rato por lo mal que se escucha mi voz. 

Hace unos días incluso mi voz quedó muda y cuando me llamaban no escuchaban ninguna respuesta mía al otro lado. Durante esos días las únicas llamadas que atendí fueron las de mis niños, que al parecer no les importaba que su madre no tuviera voz. "Mamá, sé que no puedes contestar, pero si puedes me traes la greda. Si no puedes, te quiero igual", me dijo mi hija y luego de esperar unos segundos la respuesta, colgó. Todo esto me recuerda un artículo que hace unos años escribió Javier Marías -El Oficio de oír llover- sobre lo poco que se escucha la gente y sobre las tonteras que se hablan a falta de que alguien las conteste. Y habla en especial del uso del celular, un aparato que él no usa y que a su juicio sólo da pie a una desbocada verborrea. 

Yo, que hace un año casi no lo uso, puedo dar fe del abuso que se hace del celular y de lo mal que se está comunicando la gente que lo utiliza para "conversar de la vida" en vez de juntarse a hablar en persona. Conozco amigas que monitorean las tareas de sus hijos a través del celular, guaguas que lo usan como entretenimiento en vez de salir a jugar, parejas que discuten, que se abuenan, que organizan vacaciones y que hablan de los problemas de sus hijos por el celular. Esas personas cuando se encuentran casi no hablan, ya lo han hablado todo. 

Y esto mismo está pasando con los e-mails, los facebooks, los messenger y demases. Y de a poco uno empieza a recibir mensajes abreviados, llenos de faltas de ortografías y signos de exclamaciones a destajo que surgen de la inmediatez pero no de la razón. Cuántos mensajes a medias, inconexos, sin sentido uno recibe a diario sin que con ello nos logremos comunicar. El tema da para mucho. Yo por lo pronto prefiero mantener mi mal celular y juntarme con mis amigos cuando quiero conversar. Y me mantendré alejada de los blackberrys, los iphones y los teléfonos con e-mail, que no tengo problema en esperar llegar a mi casa para revisar mi correspondencia cibernética, que por lo demás casi es puro spam. 

18 marzo 2009

Sólo un punteo


1.-impactante diagnóstico de anoche
2.-le escribí a Pablo para felicitarlo
3.-no sé cuándo nos veremos
4.-los extraño mucho
5.-he estado escribiendo
6.-no quiero perder el mini taller
7.-necesito de sus opiniones y de su incondicionalidad
8.-los quiero mucho
9.-por lo menos tengo mi tortuga de coco de compañía


10.-estoy adicta a las Apple Chips.
11.-y al té blanco que preparo todos los días en mi gran tetera.
12.-marzo me dejó en la ruina y detesto a los profesores que pusieron tantos libros (y tan caros) en las listas de mis niños.
13.-perdí el bronceado de verano.
14.-pero no he perdido el descanso.
15.-no he parado de escribir.
16.-quizás cierre este blog.
17.-cambié los almuerzos con amigas por cafés con amigas.
18.-compré textos escolares usados.
19.-hice trueque de libros.
20.-he logrado ahorrar.
21.-extraño nuestras sesiones de literatura.
22.-y conversar de libros.
23.-el otro día me junté en el café Ona con una amiga del pasado y no paramos de hablar. Los libros unen.
24.-los quiero mucho.
25.-en especial a ti, J. y a mis cachorros.
26.-tengo pendiente a Cristóbal. El viernes te voy a ver, V.
27.-también los quiero a ustedes.
28.-y a ustedes.
29.-y a usted.

09 marzo 2009


Ah, y quedan pocos cupos para el mini- taller 2009 de Becky Sharp. Así que los interesados, a inscribir sus nombres a:  rebecca.sharp74@gmail.com
Nos vemos.

08 marzo 2009

Sobre lecturas


El otro día me encontré con una amiga que había leído mi artículo sobre Richard Yates, pero no se animaba a leer nada del autor. "Mi matrimonio no está en su mejor momento", me dijo, "así que todo lo que sea Yates lo voy a dejar para después". En un principio me pareció extraño su comentario, pero finalmente le encontré la razón. Hay libros para ciertos momentos y libros que no. Me acuerdo de una época en que mi matrimonio estaba pasando por una especie de letargo y me puse a releer Madame Bovary y la Señora Craddock de Somerset Maugham. Cuánto entendí a esas mujeres en ese momento, que ahora me parece tan lejano. Por suerte pasé ese período y ahora puedo leer historias de matrimonios acabados como los que aparecen en las obras de Yates o Cheever sin que nada me afecte. Y puedo leer Ana Karenina o Madame Bovary sin sentir que era mi vida la que parecía retratada ahí. 
A mi amiga le aconsejé que leyera libros atemporales, con historias que no tienen nada que ver con su vida. Edgar Allan Poe, que ahora he redescubierto en su grandeza, es ideal. Historias angustiosas y terribles, pero finalmente irreales, no pueden identificar a nadie. A menos que alguien sea demasiado perverso. Pero ella me contó que iba a leer sobre un niño con pijama de rayas o algo así. Un bestseller. Allá tú, le contesté mientras sacábamos a nuestros niños de la piscina. Yo, en cambio, seguiré con Carson McCullers y sus historias magníficas, aunque lejanas de mi realidad. 

24 febrero 2009

La Noche - Que Nadie Se Entere

 

Debo reconocer que tengo un lado muy farandulero que se me desarrolla cada año a fines de febrero cuando comienza el festival de Viña y todos los programas afines. Y es que GOZO con el festival de Viña y la transmisión por TV (aunque también me gusta verlo en directo) y me encanta ver la llegada de los artistas (que nunca son muy buenos) y la locura de los periodistas por hacer notas y robarse frases exclusivas. 

El lunes gocé con Camila y me lo bailé todo con La Noche, y anoche quedé afónica de tanto cantar y bailar con Juanes. Debe ser mi espíritu de fan el que renace cada febrero y me hace seguir cualquier programa de farándula y descubrir que son tan malos y poco profesionales. En general, debo afirmar que los periodistas de farándula dejan mucho que desear y no tienen idea ni de música ni de moda ni de nada. 

Pero igual me entretengo escuchando las opiniones sobre los animadores y los vestidos de los asistentes. El otro día un periodista aseguraba que Farkas se había gastado 40 millones en su traje, lo que es imposible, por muy Zegna que sea, porque no cuestan eso. O que su mujer, Tina, se veía elegante con su vestido de plumas, cuando francamente era un bodrio de principio a fin. De la Soledad Onetto he escuchado que la tratan de "dama" y "elegante", en un arranque de siutiquería de los periodistas que confunden el pelo rubio de la animadora con elegancia y su modo fruncido de hablar con inteligencia o corrección. Yo encuentro que lo ha hecho genial, pero de ningún modo la encuentro elegante o distinguida, es más creo que su éxito está en mostrarse natural y cercana a la masa,  evitando pasar por algo que no es.

Y como ando medio opinóloga no puedo dejar de decir unas cuantas apreciaciones:

¿Por qué la Argandoña se viste tan mal? ¿Nadie la asesora? Y esa peluca, tan pasada de moda, ¿qué onda? ¿es para darle seriedad? Un horror. 

¿Qué pasó con Jennifer Warner? Yo encontraba que lo hacía de lo más bien. Y estaba tan feliz de estar en el Buenos Días a Todos y poder sentarse al lado de Camiroaga. ¿Por qué la sacaron? ¿Se peleó con Tonka? Yo no me creo lo del acuerdo económico y me parece increíble que los programas de farándula no hayan reporteado el tema. Realmente son muy flojos. Y los editores, bien pavos de no cubrir la noticia.

Lo otro que me preocupa es el tema de los vestidos que usan las mujeres de la TV. ¿Por qué se disfrazan de viejas? ¿Por qué no usan peinados más naturales? Deberían haber mirado la entrega de los Óscar. Ahí hay mujeres bien vestidas y joyas de verdad. En cambio en este Festival sólo se ven vestidos como de otra época, que no marcan tendencia, y unos peinados como de peluquera de barrio. Fatal. La Soledad Onetto, la "Sole", como le dicen, es un amor, simpática, etc. pero tiene carita de plato, patitas cortas y el potito gordito, entonces, por favor, no le tomen el pelo ni le hagan tanto cachirulo, ni le pongan vestidos colorinches de sirena que la acortan tanto. Sáquenle partido a sus hombros, a su cara, alárguenla, pero lo la achiquen más, que al lado de Felipe parece un gnomo. Ah, y póngale alguna joyita, un collarcito de brillantes o unos aros largos. El negro y los brillantes no fallan. O si no miren a una Kate Winslet.

Y Felipe, me parece genial que no haya innovado y que vista de traje oscuro riguroso. Porque cuando le da por ponerse "juvenil" suele embarrarla. Nada con bluyines anchos o poleras con dibujos colorinches. Se ve mejor sencillo. Además no necesita más.

La verdad es que cuesta encontrar gente bien vestida en este Festival. De los jurados, ni que hablar. Farkas, un payaso con peluca y todo. La Fulop, mal y ese poto falso, terrible. La Salosny, un amor, bajita y ubicada, nada mal, aunque tampoco genial. Bodenhöfer, como artista, bien, en su onda John Malcovich nacional. La Hansen, mal, ¿por qué nadie les dice a los peluqueros de Viña que los rulos no se llevan hace años? Menos esos tirabuzones de niñita bien. Tampoco el pelo rubio.

En fin, creo que ya he opinado bastante. Para hoy espero más show. Y aunque mi amado no soporta este evento musical de segunda categoría (amor, eres demasiado intelectual), mis hijos se han convertido en incondicionales y hoy, hasta las compras de útiles escolares las hicimos al ritmo de La Noche, y su "una, otra, otra vez, a escondidas devorarnos de placer". Un hit.  El último relajo antes de entrar a marzo. 

18 febrero 2009

Casi al término del verano


El lugar donde veraneo tiene una panadería azul que es diabólica y cuyas hallullas me tienen poseída. Y un video club con películas pasadas de moda, pero donde es posible conseguir -con un poco de conversación y astucia- todas las últimas películas (incluso las que no se han estrenado en Chile). Además tiene una playa larga y linda, y una nube gigante que por lo general tapa el sol durante los fines de semana.

Es un balneario tranquilo, sin pachanga ni "teams" de verano, sin colaless ni basura en la arena. A la playa suelo bajar con un libro, porque sino corro el riesgo de escuchar cosas de las que prefiero no enterarme y un arsenal de baldes para que mi hija menor me deje leer en paz. En esa playa terminé de leer Acción de Gracias -al fin- y Tigre Blanco, el fantástico libro del indio Aravind Adiga. Pronto espero terminar con La Maravillosa Vida breve de Óscar Wao, de Junot Díaz, que me tiene encantada. Acá también vi todas las últimas películas: El Lector (muy buena), La Duquesa (muy buena), Women (Pésima), La Duda (buena), Slumdog Millionaire (Excelente) y Todo por un Sueño, la gran película del verano, basada en el libro Vía Revolucionaria de Richard Yates (si quieres leer más sobre el autor, pincha este excelente artículo de Revista de Libros de El Mercurio).

Pero a pesar de haber leído harto (también leí a Poe) y de haber visto muchas pelis, siento que todavía me faltan más cosas por hacer antes de volver de vacaciones. Me falta bañarme más en el mar, tomar un poco más de sol, comer un par de palmeras doradas, leer otro libro, andar más en bicicleta y volver a ganarles a mis hijos en las paletas. Todavía me falta otra caminata de la mano y otro pisco sour, otra conversación ociosa con alguna amiga y otro beso bajo el quitasol fucsia con amarillo, otro beso con sabor a cuchuflí, arena y mar.


20 enero 2009

Comidas de verano


El viernes me comí una ensalada deliciosa en el Toro de Loreto y el sábado una parrillada muy buena en la Uruguaya de Ñuñoa con mis amiga Carmen y su novio Javier. El domingo mientras buscaba un portabicicletas en el Mall Sport, mi hija se golpeó la cabeza y terminó con seis puntos en la frente y un gran dolor. Para pasar la pena la llevé a almorzar al Apleebee de Vitacura, que es su lugar favorito y después a tomar un helado al Fragola de El Golf. En la noche fuimos a ver la niña gigante del Fura dels Baus, que nunca llegó, pero igual nos divertimos con el paseo y nos conformamos con el mini show. 
El lunes fui de nuevo al Toro y me comí otra ensalada y luego un helado de phisalis en el Sebastián. Y hoy después de pasarme toda la tarde tratando de terminar un puzzle de 1000 piezas que ilustra la pieza de Van Gogh fui al Jumbo a comprar comida, y sin quererlo terminé en el Sushihana con un Memo Roll.
 Y, aunque pensaba parar con esta seguidilla de restauranes, mañana me voy a pasar el día a la Quinta Región. Creo que no me perdonaría unos camarones de orilla en el San Marco y un helado en la Avenida Perú para capear el calor. El jueves, sin falta, retomo mi régimen, o sino el sábado en la playa me van a confundir con Bachelín o con Ballena Roll. Salud. Y nos vemos a vuelta de vacaciones.

PD: Ah, y a los que me han preguntado por el minitaller, les aviso que tal como estipulé en marzo, las clases se suspenden durante enero y febrero debido a ausencia de Becky Sharp. El siguiente taller se realizará en marzo, con alumnos nuevos y altas exigencias, así que aprovechen el verano para escribir, pensar y leer. Felices vacaciones a todos... mis amigos.