
En las noches les lava el pelo con Launol o No-Lais y les pasa el odiado peine y todavía siguen apareciendo nuevos piojos entre los dientes de la peineta. Para colmo, como también le picaba la cabeza, decidió pasarse ella misma el peine por su largo pelo castaño, y claro, también aparecieron su par de piojos y sus decenas de liendres.
-"Soy una piojenta"- lloró esa tarde sobre su almohada. Pero nadie la consoló. Su largo y adorado pelo castaño y los preciosos pelos rubio-ceniza de sus hijas eran el paraíso de los piojos, y la única solución para eliminarlos sería mantener los lavados diarios con esos champús para piojentos y conservar el "peine metálico" como amigo secreto.
Porque por nada del mundo se va a cortar su pelo de sirena ni tampoco va a cometer semejante aberración con las pequeñas Beckitas (Becky se horroriza con esos cortes de pelo estilo garçon), ni tampoco se va a amarrar el pelo con elásticos o pinches. Lo suyo seguirá siendo el estilo largo, suelto y ondulado (ondulais, como le dicen ahora los jóvenes) y el de sus hijas muy largo y liso (lo más pelolais). Y si tomamos en cuenta que en inglés piojo se dice lais, podremos decir con propiedad que Becky y sus hijas este verano serán las más lais de la playa, y también las féminas con los pelos más rigurosamente lavados.