Mostrando entradas con la etiqueta amigos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amigos. Mostrar todas las entradas

31 julio 2012

trigésimo noveno, cuadragésimo, cuadragésimo primer y cuadragésimo segundo día de invierno

Risotto de camarones. Casita de Barreales, Santa Cruz.

Este fin de semana de invierno estuvo muy rico. Una comida el viernes en el París Saigón para celebrar a mi amado, y el cumpleaños de mi gran amiga Valentina, en el campo, el sábado. Y el domingo, un paseo a Chépica y Santa Cruz, que partió muy temprano y que terminó con un estupendo almuerzo peruano en La casita de Barreales y  una visita al ecléctico museo de Colchagua. 

Y como no he parado, me era imposible postear. Desde el celular no es tan simple. Pero tenía presente compartir estos primaverales días de invierno con ustedes, queridos lectores de este blog. Ahora comencé una nueva lectura -otra novela de Fitzgerald-, que hasta el momento me ha gustado mucho. Y descubrí un restaurant peruano exquisito en la VI región. Además descubrí que soy la mujer más feliz cuando salgo de paseo, que me encanta salir fuera de Santiago y que cuando tenga una hija le pondré Chépica. Fuera de broma, soy muy feliz saliendo de la ciudad (y también regresando) y estos últimos fines de semana, que han sido tan intensos, han resultado muy entretenidos. Las idas a la nieve, el cumpleaños en Mallarauco, la visita a la VI región no podrían haber sido mejores paseos, con aire puro, amigos con los que pasar un buen rato, comida rica, lindos lugares, mi amado y mis niños. 

Hay días -en especial en las vacaciones de invierno- que me pregunto: ¿dónde están los abuelos de estos niños? Y sueño con que se los lleven por el día, les hagan panoramas y me dejen sola. Pero como nunca ha pasado, desde siempre los he tenido a mi lado. Y al final ha sido bueno, porque son niños que comparten con nuestros amigos, que van a todas partes con nosotros, que están acostumbrados a tener su opinión y a expresarla, que nos conocen harto. No son niños criados por nanas ni por abuelos. Son niños criados por nosotros; niñitas que todas las mañanas esperan por turno para que yo les haga el moño para ir al colegio; niños que ven todas las películas con nosotros, niños que odian y les encanta salir de paseo y que sólo nos dejan de lado cuando están con sus amigos; niños que valoran nuestra opinión y a los que se les ha tratado de educar en libertad. Son niños que saben altiro si el restaurant nos  va a gustar y que apenas entramos al Museo de Colchagua preguntaron si las cosas que estaban viendo eran auténticas y tenían valor.

Y no sé qué saldrá de todo esto, posiblemente nos equivoquemos en muchas cosas y ellos mismos terminen criticando el estilo de educación que les hemos dado. Pero son hijos nuestros: críticos, opinantes y exigentes, y también simpáticos, saludables y buenos para la risa. Un poco como nosotros. Un poco mejores. Un poco como ellos. 







24 julio 2012

trigésimo cuarto y trigésimo quinto día de invierno



bolsa de comercio de santiago
Me suelen pasar cosas ridículas todos los días. Ayer, por ejemplo, tuve que ir a la bolsa de comercio a sacar unas fotos de la fachada y por terminar de comerme unas calugas -que había comprado en la Varsovienne que está frente al teatro Municipal-, decidí hacer tiempo dándome una vuelta por la cuadra. Cuando volví a sacar la foto habían instalado en el frontis del edificio un andamio y una decena de tarros de pintura y por supuesto me quedé sin sacar la foto que me habían encargado (pero muerta de la risa y con los dientes pegoteados). 


Para no perder el viaje entré con la Beckita mayor a recorrer el edificio y hasta ingresamos a la rueda donde se transan las acciones. A la vuelta pasamos por la Picá de Clinton y nos reímos de la tontera de las calugas y del boliche que lleva el nombre de un ex presidente de USA que hace años pasó a tomarse una cerveza en ese lugar.

Hoy, en cambio, no fui a pasearme al centro de Santiago sino que me quedé por Providencia. Tenía que hacer unos trámites y entre medio me junté a almorzar con mi amigo R.O. El lugar elegido no fue la Picá de Clinton sino nuestro clásico Huerto de Orrego Luco. Pedimos lo mismo: sopa y ensalada, "iguales", nos dijo la garzona e igualmente compartimos el pan, la salsita y un par de limonadas. Entre todo lo que conversamos volvimos a los temas recurrentes: el mini taller y su novela, y llegamos a la conclusión que hay que poner fecha para su publicación. El viernes tenemos que conversarlo con nuestro editor estrella, pero creo que esa novela no puede seguir guardada en un cajón. Al momento de pagar ocurrió otro momento ridículo, por suerte esta vez no a mí. Desde la mesa del lado escuchamos un grito. Al parecer la garzona, con una servilleta, había llevado una abeja a la mesa, una abeja que picó a nuestra vecina en el dedo y que ahora nos miraba a todos con cara de explicación. Y qué le podíamos decir, si estábamos en el Huerto, entre limonadas, quinoas, alfalfas y tomatitos. Un lugar paradisíaco para una abeja. Y también para dos amigos que hablaban de una novela en un cajón.


01 julio 2012

décimo segundo día de invierno


"Celos" de Pedro Lira

Sigo resfriada, pero en pie. Eso de guardar cama no es lo mío. Así que con mocos colgando y nariz despellejada sigo funcionando por la vida. El viernes hasta organicé una comida. Y no cualquier comida, sino una comida india hasta con especies del más allá. Y creo que me quedó muy buena (aunque debo confesar que la encargué). Pero igual resultó muy buena, porque todos nos reímos mucho y lo pasamos de lo más bien.

Y ayer, con mocos colgando, partí a comprar parkas a las Beckitas y por pasar a tomarme una bebida -que la necesitaba tanto- pasé un mal rato gigante en el Ruby Tuesday del mall. 

Y hoy, con la nariz rojísima partí a ver la exposición de Pedro Lira, al Cultural de Las Condes, donde tomé esta foto del casi único cuadro que me gustó. Los otros dos cuadros que me gustaron fueron también de mujeres -uno de ellos el famoso cuadro de la mujer con la carta escondida-, y del resto no tengo mucho de que opinar. Y quizás quienes vayan a ver la exposición terminen creyendo que Pedro Lira no fue un gran pintor, pero lo cierto es que la muestra no es la buena, porque sólo juntó cuadros del Museo de Bellas Artes y de algunos bancos, pero olvidó a los coleccionistas que, querámoslo o no, son los propietarios de los mejores cuadros de Lira y su generación. Lo bueno es que la sala estaba llena de gente, lo que demuestra cierto interés, aunque hay quienes prefieran -como escuché por ahí- una sala vacía con una muestra buena que una sala repleta con una exposición que deja que desear.

Más en la nochecita fui a ver Sombras Tenebrosas en una sala muy fría del sector alto de la capital. Y ahora vuelvo a mi cama, con la nariz muy roja y fría, y los mocos asomando por la nariz. Me tomo el último tylenol del frasco y me voy a dormir.

Hasta mañana, si es que despierto.



23 junio 2012

cuarto día de invierno

Marcha por la igualdad 2012 (foto de Fundación Iguales)
Cuarto día de invierno. Día de sol y de marcha. Y como ya es una tradición, nos juntamos en la casa de P. a hacer la previa. Mis niños, mi amado, mis amigos: todos juntos dispuestos a marchar por la igualdad de derechos para todos.

Comida compartida, saludos y brindis con fresita. Y a las 2 salimos a caminar. Miles de personas reunidas en la Plaza Italia. Unos cerca del escenario del Movilh, otros cerca de los de Iguales. Nosotros, en el medio, confundidos por esta notoria división, que por suerte se terminó cuando empezó la marcha por la Alameda.

Ahí convergieron todos: los de Mums, los de Iguales, las feministas, los judíos GLBT, los de Movilh y las miles de personas, que sin pertenecer a ninguno de estos movimientos, siente que es justo que todos -sean heterosexuales u homosexuales- tengamos iguales derechos en la sociedad civil. Y daba gusto ver la Alameda llena de gente, de niños, de adolescentes, de familias completas apoyando una causa que pareciera ser de algunos, pero que a fin de cuentas es una causa de todos. Y da felicidad haber sido parte de esta marcha, de esta nueva marcha por la igualdad, y de haberla compartido con mis amigos, con gente a la que quiero tanto y con mis niños, que hoy participan de esta marcha con alegría, pero que espero alcancen a ver en la práctica, funcionando, esta ley de la igualdad.

20 junio 2012

primer día de invierno

Escribo, corrijo, deshago y leo. Y los días se me pasan escribiendo -o tratando de escribir- una tesis que no avanza. Mientras, sigo con mi vida. Niños con muchos quehaceres, uno que otro texto que escribir, algún libro que reseñar, cosas que arreglar en la casa, y las típicas latas de las que no sé por qué tenemos que encargarnos las mujeres en las casas.

Hace poco estuve de cumpleaños y lo celebré por partes, como ya es una costumbre. Amigas al almuerzo, comida con amigos en la noche, familia el fin de semana y una mini fiesta el sábado para los amigos más bailadores. Y todo resultó muy bien y además de estar muy regalada.

La fiesta, divertidísima. Hace mucho tiempo que no me reía tanto. Mr. Sharp de smoking y humita dorada, y yo de vestido metálico, bien dorado y brillante, como sacada de la próxima película de El Gran Gatsby. Un vestido altamente peligroso, como me dijeron al día siguiente, porque no faltó el que se hizo cortes en las manos por tomarme en andas mientras bailábamos. Ahora entiendo porque Rafaella Carrá usaba patas de lycra para sus bailes. Pero son los riesgos a los que se exponen quienes me rodean. Les puedo dar mi amistad, pero también pueden salir heridos. O incluso ser víctimas de la globoterapia.

Libros me regalaron dos. Uno de Siri Hustvedt y otro de Juan Pablo Roncone, Hermano Ciervo, que es un conjunto de cuentos muy buenos, similares a los que él escribía en el taller literario al que íbamos hace años. También me regalaron ropa, platita y muchas cosas para el cuerpo y la casa. Y todas me encantaron. Yo me regalé Novelas de Flannery O'Connor, una escritora formidable que sorprende bastante con estas dos novelas -las únicas que escribió junto a sus decenas de cuentos- y que nos narran dos historias entre heréticas y religiosas, con protagonistas que son como héroes que luchan contra la fe del mundo, pero que terminan siendo -cada uno en su estilo- más creyentes que cualquiera. 

Otro libro que leí -aparte de todo lo que he leído para la tesis- es el último libro de Franzen, Farther Away, que es un conjunto de sus mejores artículos y reseñas de prensa. Y está bien bueno, en especial el ensayo dedicado a Personajes Desesperados y a su autora, la gran Paula Fox. El libro no ha llegado a Chile (me lo traje de Nueva York en mayo), pero vale la pena conseguirlo. Otro que me traje y hojeo de vez en cuando son los poemas completos de Philip Larkin, que son una maravilla y que uno debiera tener en el velador. Ahora creo que voy a leer el libro de Siri Hustvedt y luego voy a lanzarme con un par de clásicos: El Gran Gatsby y Anna Karenina, para ponerme a tono con las dos películas que llegan a fin de año.


Quizás debiera leer menos, como aconseja Philip Larkin, y hacer otras cosas, pero no son muchas más las cosas que me gustan hacer. Quizás debiera escribir más (¿y volver al mini taller?). Todo puede ser. Por lo pronto, sigo leyendo y sigo amando. Y sigo en marcha por la igualdad de los derechos de todos. 
Por eso, a los que me quieren y también a los que no (y que igual sapean este blog) los invito a marchar este sábado 23 de junio en Santiago, por un país más justo y con iguales derechos para todos. Es importante y es necesario. La cita es a las 14:00 en Plaza Italia. Los espero a todos. 
Y nos estamos viendo en otro post.




30 diciembre 2011

News from Becky

No prometo que el próximo año escribiré más en este blog, porque no puedo prometer cosas que no sé si cumpliré. Pero sí seguiré escribiendo -aquí, allá o donde sea- y leyendo y recomendando libros.
El año pasado fue muy intenso y, aunque debiera contar lo que me pasó en noviembre, la verdad es que me da una soberana lata, y sólo hablaré del tema para agradecer las cientos de muestras de cariño que recibí durante mi larga estadía en la clínica y que sigo recibiendo hasta el día de hoy, y que me ayudaron muchísimo para salir adelante y dejar en el pasado ese maldito derrame intracraneal.
A los pocos días de volver a la casa, me puse a leer en el Ipad el último libro de Paula Fox -News from de the world- que compré vía Amazon. Y con sorpresa descubrí que mi gran escritora también sufrió un derrame subdural (igual que el mío) mientras se encontraba de viaje en Israel. A raíz de ese accidente vascular, ella debió aprender a caminar y leer de nuevo (aunque no se demoró tanto a pesar de sus 70 y tantos años) y me di cuenta de lo afortunada que fui al no quedar con ninguna secuela. Pero también me di cuenta de lo afortunada que soy al tener tantos y tan buenos amigos. Amigos que me llamaban o me iban a ver (aunque no se podía entrar a la UCI) y que acompañaban a mi familia, tantos primos y tíos que aparecieron a dejar flores, chocolates, estampitas y sus cariños y que me hicieron sentir parte de una familia grande y maravillosa, mis hermanos y mis papás que se quedaron junto a mi cama durante esos 17 días de hospitalización, mis hijos y sus amigos que me mandaban tarjetas y saludos, mi marido que nunca se despegó de mi lado y tantos amigos y amigas que se encargaron de mis hijos, de que estudiaran, de que llevaran regalos a los cumpleaños y, principalmente, de que no se sintieran tristes.
Aunque la vuelta a la "normalidad" no ha sido fácil, he recibido el apoyo de tanta gente que no podría desmoronarme. Y han sido tantos los brindis y celebraciones desde que salí de la clínica hasta esta navidad, que he quedado exhausta aunque llena del cariño de mis amigas y amigos del colegio, del magíster, de la universidad, de la vida y las letras.
Para este 2012 espero no sorprenderlos de nuevo con ninguna enfermedad. Y espero terminar y entregar mi tesis, defenderla con éxito, leer muchos libros y seguir viendo a todos mis amigos. Que mi familia siga unida y feliz, que pueda seguir trabajando en lo que me gusta y que mi amor me acompañe siempre. ¡Feliz año nuevo a todos! Ya me tengo que ir a celebrar con los míos a la playita.
Los quiero.


17 agosto 2011

Me alegan de que no he escrito nada. Tanta gente que se ha hecho adicta a este blog y que me exige que actualice, que publique, que los haga llorar y/o reír, y yo -de verdad- no tengo ganas de hacerlo. Porque, ¿de qué les puedo hablar? Si son tantas las cosas que me pasan cada día, y son tantas las cosas que pienso que podría escribir mucho, y no sé si eso sería bueno. Ni para mí, ni para ustedes.

Podría escribirles, por ejemplo, del matrimonio de V y C, que estuvo tan bueno, y que nos dio tanta alegría, pero es tan personal, que no puedo compartirlo con los lectores anónimos que cada cierto tiempo merodean por este blog.

Y podría hablarles de la novela de R que espero pronto sea publicada, pero sería inoportuno hacerlo por este medio. Podría hablarles del conflicto estudiantil que se vive en Chile por estos días, que nos tiene en paro hace ya tres meses -porque los posgrados en la Universidad de Chile también están en paro- y que, por supuesto, apoyo totalmente, a pesar de que seguro me harán demorar en mi tesis. Pero todo sea para terminar con la mediocre educación que se imparte en este país, y de una vez por todas desenmascarar a las tantas universidades chantas que sólo buscan ganar plata y no enseñar. Pero no quiero hablar de eso tampoco, para eso lo hablo con mis compañeros en un café.

Pero puedo contarles otras cosas. Por ejemplo, que todavía no termino de leer el Segundo Sexo, pero que me parece una obra fundamental. Y que hice que mi amigo O leyera a Marta Brunet , y que le encantara, lo que me hace sentir cada día más feliz con el tema de mi tesis. Y que compré entradas para Justin Bieber, porque mis hijas lo adoran, y no puedo negarles esa pasión si yo a esa edad amaba a Corey Haim (QEPD) y a un jovencísimo Matt Dillon, y sólo quería conocer a alguien que fuera como ellos. Y que nació mi sobrino Ismael, que es precioso.

Y que mi casa es más famosa que yo, y que incluso aparece en un libro que fue lanzado ayer en el Teatro Municipal de Las Condes, y presentado por la Cecilia Bolocco y Andrés Benítez (ver foto tomada desde Iphone), y que me da mucho pudor que aparezca en ese libro, pero que también me da cierto orgullo, porque el libro es espectacular y de muy buena calidad, y mi casa aparece muy linda en las fotos.

Y les puedo contar que mi gata se ha pasado todo agosto metida en mi pieza, y que mis hijas la tratan como a una hermana chica. Y que lo he pasado muy bien estos últimos días: que he comido con mis amigas de colegio (en köök, muy rico), almorzado con mi amiga C por nuestros locales de Vitacura (a los que no voy a hacer publicidad) y compartido con mis amigos de la vida. Como anoche, cuando me acompañaron al lanzamiento del libro de casas recicladas, y me hicieron reír tanto, después en el Normandie, que lograron hacerme olvidar -por mucho rato- del frío de agosto y de las penas de la vida.

¿Satisfechos?





08 julio 2011

autumm things


Debería estar escribiendo sobre Marta Brunet, más bien sobre "La lucha por el sexo (y el poder) en el cuento Aguas Abajo de Marta Brunet" -que es el título que le puse a mi ensayo- pero mi cabeza vuela por otros lados. Me meto a facebook, sapeo twitter, leo blogs y la prensa, y también páginas de tiendas de ropa, de libros, de lo que sea, todo con tal de no meterme con el tema del sexo/género y con el trabajo que sabe Dios cuándo tendré que entregar ahora que hasta el posgrado está en paro.
Pienso en mi amigo R., con quien casualmente me encontré ayer en Providencia, mientras buscaba un regalo de cumpleaños. Pienso en su novela, que es tan buena, y me gustaría ver publicada. Y pienso en mi amigo V., que está a un paso del matrimonio. Y en mis niños que acaban de salir de vacaciones y están ávidos de panoramas y esas cosas, mientras yo aún no sé qué va a pasar con mis trabajos para la universidad ni he escrito mi proyecto de tesis. 
Pienso en mi amor, que está tan cansado, y que me gustaría tanto ver más tranquilo, más feliz. Y escribo esto sabiendo que él no lo va a leer -muy raramente lee este blog- pero lo escribo igual, porque quiero que quede escrito. Así como también quiero que quede escrito que los quiero mucho, queridos amigos del mini taller, y que aunque esté colapsada de trabajos atrasados, siempre tengo tiempo para ustedes, y para nuestras tertulias, y para nuestra amistad (Pd: los espero el 18 en mi casa).

17 junio 2011

Por fin volvió mi computador. Y con él las miles de obligaciones pendientes. Tengo que entregar mi proyecto de tesis y el trabajo final para el ramo de género. Y volver a escribir. Y responder los e-mails de manera correcta, no desde un Iphone o un Ipad que cambia palabras, omite acentos y me obliga a escribir de manera corta e impersonal. 

También trataré de ponerme al día con el blog, porque sé de amigos que lo han extrañado. Sin ir más lejos el otro día en el Starbucks me encontré con una antigua compañera de periodismo que era fiel seguidora de Becky (K: todavía estoy esperando que me mandes algo de lo que escribes, parte de la novela o un cuento, a lo menos) y a quien agradezco sus elogiosas palabras.

Y también está O. que dice leerme en sus ratos de ocio, y a quien no quiero decepcionar con este blog tan fome, menos después de la exquisita comida árabe con la que me recibió anoche en su maravilloso fab lane apartment de south park.

Y por supuesto está nuestro mini taller de junio, que no había podido organizar sin mi libreta de contactos, pero que espero no vuelva a posponerse.

Así que junio va a ser el mes para ponerse al día. En especial para escribir sobre todo lo que he leído. Porque sin el computador pude avanzar bastante en mis lecturas para la tesis y ya tengo revisada toda la narrativa de Marta Brunet. Qué descubrimiento ha sido leerla a esta etapa de mi vida. Y también a las muchas teóricas del feminismo, que me han dado las claves para captar la subversiva apuesta de esta escritora chilena. 

Pero no todo ha sido estudio en estos días. También estuve de cumpleaños y fui tan pero tan celebrada que hasta mi característica melancolía desapareció por unos momentos. Mis amigas de colegio me invitaron a comer y me dieron un regalo que me cayó como anillo al dedo. Y con mis amigos de la vida celebramos bailando y riéndonos de lo lindo, y aprovecho de agradecerles sus lindos regalos -desde ropa hasta un cuadro, pasando por un sin número de productos de belleza- todos ideales para enfrentar estos 37 años con dignidad y optimismo. 

Y aunque no he leído casi nada fuera de lo "estrictamente profesional", debo reconocer que no pude dejar de comprar la última novela de Zambra, que como todos ustedes saben, es mi escritor chileno favorito y, aunque traté de dosificarla para que me durara unos días, me fue imposible y la devoré en unas horas. Su lectura me sacó por varios días de la Brunet y los años 50, y me llevó a Maipú -al pasaje Aladino, que aparece en el mapa de arriba- y a los últimos treinta años de la historia de Chile. Y también me llevó a la nostalgia y a los recuerdos. Y a las ganas de escribir de nuevo, y de terminar esa historia que aún sigue inconclusa.



31 mayo 2010

30 de mayo

No podrían haber estado mejor celebrados mis 36 años de vida. Mi HOMBRE, así con mayúsculas - porque es realmente un hombrazo-, sin decirme nada organizó un cumpleaños con un grupo íntimo de amigos y la verdad es que estuvo inolvidable. No voy a contar mucho -para mantenerlo entre nosotros- pero sólo quiero decir que el baile estuvo excelente y los esquemas no tenían nada que envidiar a los que vemos los lunes en la noche en Fiebre por el Baile. Mis piernas literalmente volaron por los aires (el domingo, eso sí, amanecí con un medio moretón) y mis amigas y amigos no destiñieron cantando a todo pulmón y bailando hasta el cansancio.

Punto aparte fueron los regalos. Tan bien que me conocen todos. Un lindo pañuelo invernal, muchos tés de mis sabores favoritos (en especial el de Cranberries), té para la tina, una maravillosa moleskine "para no perder las fotocopias importantes" acompañada de una bella tarjeta que ilustra mis piernas, una linda cartera, y de Painted Veil en su idioma original. Maravillosos todos. Y el domingo celebración familiar. Más regalos y regaloneos. Y siempre mi hombre al lado (salvo en uno que otro baile), preocupado de que estuviera feliz.

La verdad que ni las primeras canas que me aparecieron lograron turbarme la mirada, porque todo estuvo espléndido. Y mis compañeros de baile no podrían haber sido mejores. Los quiero mucho.

30 abril 2010

Un gran regalo

El viernes llegué tarde a almorzar. Me había pasado la mañana entre trámites lateros, textos aburridos y repartiendo niños propios y ajenos cuando llegué a mi casa, pasadas las tres, a comerme mis tallarines con salsa en compañía de mis hijos. Pero antes de sentarme, un sobre gordo llamó mi atención. Ahí, sobre la cómoda de la entrada me esperaba un paquetito de Correos de Chile con mi nombre, y ante la mirada atónita de mis niños me dispuse a abrirlo de inmediato. No había encargado libros al extranjero (porque me estoy esperando para mi viaje a Baires) ni tampoco era mi cumpleaños, así que realmente no tenía idea de qué podía haber dentro de este sobre de cartón ni menos quién me lo había mandado. Y cuál no fue mi sorpresa al descubrir un par de libros antiguos y una tímida tarjetita de mi amigo C.A., gran gestor bibliotecario y promotor de la lectura en nuestro país. Y los libros que me enviaba no podían haber sido más para mí: una versión en inglés de Mrs Craddock de 1957 y gran hallazgo gran, The Introduction to modern English and American Literature, los dos de mi bien amado William Somerset Maugham, y que vienen a engrosar mi sección de libros del autor que, creo, debe ser de las más completas del país.
Y C.A. no sabe cuánto agradezco su regalo (ya lo llamaré para agradecérselo oralmente) porque Mrs. Craddock es uno de mis libros favoritos y Bertha mi antiheroína regalona (junto a Emma Bovary y Becky Sharp, por supuesto), y ansiaba leerlo en inglés (por sugerencia de Diego Lira y porque quizás por ahí vaya mi tesis de magíster). Y el otro, era un libro que desconocía, de 1943, y que, al parecer, no ha sido editado en español, y es una recopilación hecha por WSM de sus autores favoritos, donde -era que no- hay varios favoritos míos como Eudora Welty, Auden, Dorothy Parker, Virgina Woolf, Forster, Katherine Mansfield y WB Yates. Qué gran regalo, C.A., no sabe cuán feliz me puso. O quizás lo sabía y por eso pensó en mí cuando se encontró con estos volúmenes.
Como sea, este post va dirigido a usted, por ser tan buen amigo, detallista, dedicado y fiel. Y espero poder agradecerle este regalo personalmente lo antes posible. Eso sí al encuentro me acompañará mi marido -un hombre fuerte y muy celoso- que no vio con buenos ojos que un hombre apuesto y soltero como usted me mandara regalitos por correo (y en especial que uno de los libros fuera protagonizado por una mujer infiel), aunque quedó más tranquilo luego de que le expliqué que este era "un regalo literario". Un regalo literario maravilloso, que dejó la vara muy alta a quienes quieran sorprenderme para mi cumpleaños, y que ansío poder leer pronto, si es que los libros de teoría literaria me dejan un respiro. Muchas gracias, C., lo quiero mucho (desde antes del regalo) y espero con ansias verlo luego.
PD: De Mrs Craddock es la famosa frase que encabeza este blog. Ahora la tengo en inglés: "Better ten thousand times, in her opinion, was it to be Becky Sharp and a monster of wickedness than Amelia and a monster of stupidity".

12 abril 2010


No he tenido tiempo para escribir. Ni para el blog, ni para el diario, ni para mí. Porque marzo fue una locura y mi sorpresiva entrada a la universidad también. Y además he estado en mil cosas distintas -desde comprar un vestido para el matrimonio de mi primo hasta estudiar (y tratar de entender) todo lo relacionado con el método literario y sus implicancias. Pero no quisiera dejarlos tan botados (sobre todo desde que sé que tengo nuevos seguidores) y voy a intentar retomar este espacio.

En especial porque sé que lo leen mis amigos R y V, fieles espadines que me han acompañado por varios años en nuestra aventura (y locura) de escribir, y a los que no he podido ver por estos días, y a quienes extraño profundamente (y sé que están ansiosos por escuchar mis aventuras universitarias).

Y también porque sé que me leen varias de mis amigas. No las puedo nombrar a todas, pero ustedes saben quienes son. Sólo quiero decirles que principalmente por sus comentarios sigo escribiendo esta Feria. Porque sé que de este blog sacan ideas de lecturas y también panoramas. Y sé que también las hago reír. O distraerse de sus problemas. Y estoy pensando principalmente en tres queridas amigas cuyos nombres empiezan con C.: la sensible CV, con la que puedo hablar todos los temas del mundo tomándonos una limonada en Luis Pasteur; la bella CG con quien comparto el gusto por los libros, por los quehaceres maternales y por tantos temas más, y la rubísima CF, entrañable amiga de "oficina", con quien suelo compartir un café y tantos secretos como preocupaciones. A todas ellas y a muchas más que me siguen, les dedico mis más sinceros agradecimientos.

El sábado una de mis primas chicas me confesó que también me leía. Y por ella (a quien admiro mucho, tanto por su belleza como por su inteligencia) y por todos esos amigos, primos o cercanos que me leen sin que yo lo sepa, es que también voy a seguir escribiendo. Porque parece que no no los aburro todavía. Y porque me tienen afecto. ¿O les provoco curiosidad? Como sea, la cosa es que me leen, y eso lo agradezco profundamente.

Me he pasado dando puros agradecimientos y no he dicho nada nuevo. Pero prometo retomar mis recomendaciones en un tiempo breve. La verdad es que no he salido mucho por estos días, salvo las idas a la universidad y a una que otra cafetería. Lo que sí hice fue visitar la exposición de Joseph Beuys en el MAVI y la muestra de Gonzalo Rojas en el piso de arriba, que está espectacular (parece que ya les había contado, ¿no?). Y descubrir, con agrado, que la carta de helados del Sebastián está triplicada y que no hay nada mejor que un helado de yogurt con blueberry después de almorzar unos maravillosos ravioles con funghi y camarón en el Rívoli y de visitar la Takk y la Ulises buscando el libro Dublinesca (aunque sin comprarlo). También quiero recomendar a Pepperone Café, una pizzería que se puso en Luis Pasteur y que tiene unas pizzas rústicas exquisitas (y una limonada con albahaca que es una delicia) y la exposición sobre el poeta Juan Luis Martínez, que me recomendó visitar mi amorcito, y a la que todavía no he podido ir. Y los chocolates de Damien Mercier, que son lo máximo, y que fueron, por lejos, los huevitos de chocolate más ricos que les llegaron a mis niños en esta Pascua de Resurrección.

Ahora tengo que seguir que mis deberes, así que los dejo hasta otro día. Estoy releyendo a Lorrie Moore, y sigo fascinada con ella. Y cuando termine tengo un alto de cosas esperando ser leídas. Ahí les sigo contando,
gracias por seguirme
BS

PD: El jueves almuerzo contigo, CG, puede ser en el mismo lugar del otro día, que estaba delicioso.
PD2: A todas las que quieran donarme cuadraditos de lana, bienvenidas sean. De 20x20, please y bien tejiditos, que este año hay que juntar más frazadas que nunca.


22 marzo 2010

El 27 de marzo a la 1 de la mañana llegamos de nuestras vacaciones en el sur. Dos horas después un terremoto de más de 8 grados nos sacó de nuestras camas y nos expuso nuevamente ante una de las mayores fuerzas de la naturaleza. Vino el corte de luz, las noticias en la radio, el maremoto en algunas zonas costeras, el dolor de quienes perdieron a sus seres queridos, sus casas, su vida. Y aunque fui una afortunada por no tener que lamentar ninguna desgracia personal, por unos días mi vida también pareció quedarse suspendida en la tragedia. Los días en Chiloé y Valdivia se sentían lejanos y hasta reír me parecía inapropiado frente a tanta desgracia circundante.

Pero de a poco la vida comienza a normalizarse. Los niños entran al colegio y aunque siguen las réplicas hay que ir a comprar cuadernos y camisas celestes. De a poco comienzan a aparecer los amigos y sus distintas versiones de ese fatídico amanecer de marzo. Tratamos de ayudar con comida, ropa, plata, para tantos damnificados. Rezamos, pedimos, agradecemos estar sanos. Llamamos a nuestros conocidos, nos acercamos a nuestras familias. Quisiera decirles a todos lo feliz que me siento de que todos ustedes estén bien. Que mi familia no haya sufrido, que la familia de mi amigo Pablo en Concepción no sufriera daño, que mis amigas estuvieran en lugares seguros, que los que estaban cerca del mar pudieran arrancar. Agradezco que todos ustedes hayan pasado el terremoto sin rasguño, pero ante tamaña tragedia a veces se hace difícil volver a la cotidianidad. Y reconozco que me ha costado volver a salir de noche y retomar mis cafés con las amigas. He tenido un par de almuerzos -eso sí- que me han hecho reír por un rato y también volver a recordar el verano y el cielo con nubes cambiantes de Chiloé. Pero también han sido muchas las invitaciones que he declinado.

Como que por el momento mi cuerpo me pide quietud y mi mente, un respiro. Y aunque pensaba seguir este año con lo de siempre: mis artículos para el diario, mi mini taller de narrativa, mis horas de escritura y mis clases de yoga, algo hizo cambiar mis planes post terremoto y me impulsó a la universidad. Hoy entro al magíster de literatura en la Chile, sin conocer a nadie, tal como a los 17 entré a periodismo en la UC. Y me siento feliz por la decisión que tomé de volver a estudiar. Y me siento entusiasmada por volver a las lecturas, las clases, los ensayos, las tesis. Y volver a ser alumna, ahora que tengo 35 y tres niños grandes en plena vida escolar. Mi amado dice que esperé demasiado tiempo en cumplir mi sueño. Yo creo que este momento no podría ser mejor.

Espero poder seguir con el blog y con el mini taller, y también con los cafés a media mañana. También quiero escribir sobre el espectacular libro que leí de Lorrie Moore y sobre los fogosos efectos de las ostras de Caulín. Pero déjenme tomarme mi tiempo. Que todavía no miro las fotos del verano ni se me olvida el ruido que hizo la tierra al temblar.

07 octubre 2009

De Carpas y Encarpados


Tiene razón mi amigo C.A., he estado hablando mucho de literatura y poco de la vida real. Mucho McEwan, mucho Darwin, mucho Ford, pero poco de los eventos que se han levantado por estos lares en el último tiempo. Me pide que hable de carpas y lanzamientos, y trataré de darle el gusto, dentro de mis humildes posibilidades.

Y como me pide más entretención que profundidad, me saltaré el lanzamiento de las cartas de Gabriela Mistral a Doris Dana. Muy denso, ¿no? Además no fui. Las chicas guapas no van a esos lugares, sólo gays y literateros. Aunque me hubiera gustado escuchar a Fernando Casas despotricando contra Quezada y gritando "Lesbiana era" a toda voz. Para la otra será.

Lo que sí no me perdí fue el lanzamiento de la novela de Simonetti. Aquí no había carpa, aunque sí full producción. El lugar: la sala principal de la galería Ready, ambientada con luces rojas y las esculturas de la Pilar Ovalle repartidas por doquier. Adelante, Pablo junto a sus presentadores: un serio, pero inteligente Héctor Soto a su derecha. Mientras a su izquierda una muy estirada e inexpresiva Claudia di Girólamo esperaba el momento para mostrar su voz. A mi lado un amigo me comentaba, preocupado, por la cara de muerta que lucía la actriz. Ni un músculo se le movía, ni siquiera una mueca le apareció en el rostro frente a los comentarios graciosos de Soto o los sonidos de olas que a ratos se colaban por el lugar. Realmente impresionante. Y yo que la había visto toda ajada unos días antes en una consulta de doctor. Y ahora lucía con la piel tirante, aunque sin movimiento, y siguió tirante cuando se levantó del asiento para "dramatizar" algunos párrafos elegidos de la Barrera del Pudor. El problema es que los párrafos eran muy largos y la actriz insistió en leerlos con esa leeeeentitud que sólo podemos aceptar en una lectura de Macbeth o la Yourcenar, pero no de una novela que antes de leer ya imaginamos es bastante más light. Pero ella insistía con su sonsonete de actriz formada en las tablas y se demoraba minuto y medio para decir "Esssstoy sooooola en Runnnngue" mientras el público miraba atónito y medio aburrido y envidiaba a los muchos que se quedaron fuera de la sala y que ya a esa hora acaparaban el vinito y los pancitos del lugar. Luego vendría una canción. Sí, una canción. Porque este lanzamiento tenía olas y soundtrack. Y el tema elegido fue La Enredadera, interpretado en vivo por el mismísimo Leo Quinteros. Un poco largo, pero divertido al fin. A la salida todo Santiago se saludaba y comentaba. Un linda mezcla de gente de Zapallar y Tunquén. De un lado, las Ninas, Kanas, Cotes; los Bustamantes, Santa Cruces, Mattes y Vial. De Tunquén: las Claudias, los Víctor Carrascos, los gays de negro, la Blanca Lewin. Y entre ellos la Carla Guelfenbein saludando de un lado para otro, como una madre orgullosa, algunos escritores (vi a Mena, Gumucio y Fontaine) y harta mujer guapa. Porque claro, este evento era para gente linda. Gente que quizás no lee, pero gente linda al fin.

Pocos días después la misma gente se volverá a topar en la inauguración de Casa Mater, a la que usted, mi amigo CA, de seguro asistió. Pero a mí no me dio la chala. La verdad de sólo ver las fotos, desistí. No estoy para "apuestas" decorativas de dudosa calidad. Usted sabe, querido Kano, que "la decoración soy yo", y estos diseñadores no me convencen mucho, menos pagar una entrada de 3 lucas por una feria de decoración.

Pero sí fui a Chaco. Qué mal nombre, por favor. Y la carpa, medio rasca para ser pagada por Saieh, ¿o no? Yo por lo menos casi me caigo como cinco veces. Y eso que estaba con la chala sin taco y sin alcohol. Había gente linda, partiendo por mi amiga Veri G que paseaba feliz con su familia. Y la Cata Pulido, cada día más guapa y natural. Contrastaba bastante con las galeristas, tan estiradas y operadas, qué terrible lo que el Botox y la cirugía plástica puede causar. Algunas casi irreconocibles. Aunque sus productos no estaban nada de mal. No lo mejor, pero salvaba. Un lindo Lira, un buen Barrios, algo chori por aquí y por allá. Tampoco nada espectacular que no se haya visto antes. En fin, por lo menos había harta gente, a diferencia de la Ferial del Libro de Vitacura, que me contaron fue un total fracaso.

Y para terminar con los eventos encarpados, no puedo dejar de mencionar al gran cumpleaños de mi amigo RC. Esa sí que es carpa, Solcita Saieh. La mejor terraza de Providencia, con vista al Mapocho, toda encarpada para celebrar los 33 añitos de mi gran amigo y colega escritor. Y qué festín que nos tenía. Puro Santa Ema y empanaditas finas. Qué gente más guapa y regia, ya se quisiera el evento de Simonetti unos gays así, interesantes, bien vestidos, guapos, inteligentes y divertidos. Ya se quisiera Chaco un galerista como el que se paseaba por el lugar, tan guapo y alegre. Y tan inteligente. Ya se quisiera Casa Mater un decorador de ambientes como RC o OS, con sus nociones innatas de diseño y color. Ya se quisiera el evento de Gabriela y Doris una hembra como Becky Sharp, que con su blusita de gasa se paseaba feliz por entre los invitados. Ya se quisiera cualquiera un evento así, con todos los invitados felices y relajados, y con un cumpleañero espléndido, sin botox ni ácidos de por medio, rodeado por sus amigos y su amor, y por toda la gente que lo quiere.

Espero que le haya gustado mi resumen, ahora tengo que salir. En unos días más es Oktoberfest, así que ahí nos vemos otra vez: nuevo evento, nueva carpa, nueva realidad. Los quiero a todos (en especial a los que estuvieron en la carpa de Santa María este sábado entre las 10 y las 3).


11 junio 2009

triste/feliz


El día anterior a mi cumpleaños amanecí medio triste. Pero al rato me llegó vía correo una encomienda que había encargado a Buenos Aires: El invierno más crudo, de Paula Fox, con parte de sus memorias juveniles y volví a sonreír.

Medio feliz salí de mi casa, pero sin darme cuenta choqué el auto con el portón y volví a ponerme triste. Además de malhumorada. Mientras intentaba arreglar el portón (que se había descarrilado) apareció mi abuela por la calle. Me traía unos chocolates, unas malvas y unas gomitas. Justo lo que necesitaba. Entonces volví a sentirme feliz.

Con mis regalos en el auto, me dirigí a hacer unos trámites, y de nuevo me entristecí. Y me quedé triste por varios días.

Aunque a ratos volví a ser feliz, como cuando me junté con mis amigas del colegio a celebrar mi cumpleaños en el Sushihana y me llenaron de regalos maravillosos y cuentos sabrosos. O cuando mi hijita ganó el primer lugar en el campeonato de atletismo y yo sentí que todo el sacrificio (la levantada a las 6 de la mañana, cargar con los chales para el frío en el estadio y preparar café para no congelarme) había valido la pena. O cuando mi hombre, sabiendo cuánto me gusta leer, me trajo de regalo el último libro de la Siri Hustvedt -Elegía para un americano- y En el café de la juventud perdida, de Patrick Modiano. O cuando mis amigos me celebraron en el Olán con nuestros clásicos pisco sours catedrales. O cuando descubrí que un admirador secreto había creado un blog en mi honor -un blog bastante subido de tono, y por eso no puedo compartirlo- que me ha hecho muy feliz.

Pero a ratos vuelvo a estar triste. Y sin darme cuenta se me ensombrece la cara. Por el polerón que perdió mi hijo en el colegio, por el saludo que no recibí, por la amiga que no se acordó de llamarme, por el otoño y sus tristes hojas, por la maldad de la gente, por distanciarme de las personas que quiero, por perder el tiempo, y por no tener tiempo. Por todo. Y también por nada.

Sé de varios amigos que están igual. Como maníaco depresivos. Para algunos funcionan los ansiolíticos o los levantadores de ánimo. Yo nunca los he tomado ni tampoco he ido al siquiatra. Así que vivo mi tristeza a fondo, con llantos inesperados y penas profundas. Y luego exploto de alegría inmensa cuando estoy con mis hijos y mi amado, o me como un chocolate en el clóset o me avisan de un artículo que me van a publicar.


17 abril 2009

La historia de una historia de una historia


A raíz de mi último post, me escribió una fiel lectora de La Feria de las Vanidades para felicitarme por mi estado de "mujer feliz". Ella, en cambio, había recién terminado con su novio. Decidimos juntarnos a almorzar en la Animal, y ahí, mientras comíamos nuestro quiche de pimentones, me contó los detalles de su ruptura -que claramente me los guardaré-, que son tan escabrosos y a la vez sabrosos que podrían convertirse fácilmente en un buen guión de cine o al menos en un cuento genial. O patético.
Mi amiga no estaba triste, pero tampoco feliz, y frente a lo que me contaba no fui capaz de opinar mucho ni tampoco ser de gran utilidad. Quizás algún día escriba su historia o la de muchas mujeres que han vivido desilusiones iguales. Quizás no. Quizás ella termine escribiendo sobre mí o sobre cualquier cosa más.
Un amigo mío, al que llamaré Steph suele utilizar en sus cuentos cosas que alguna vez le he contado. El nombre de mi nana, el sobrenombre que le puso mi hija a un queque o cualquier tontera similar, pero lo hace con tal encanto que me hace gozar con sus apropiaciones. Yo creo que al escribir aparecen muchas cosas de nuestro inconsciente, pero también las historias que nos llegan, los nombres que se nos pegan, el ritmo que nos contagia en ese momento, el estado de ánimo, alguna lectura o incluso una canción.
Hace unos años participé de un taller literario y me pasaba que mientras escuchaba algún cuento, se me empezaba a aparecer de inmediato la trama para una historia, nada que ver con la que estaban leyendo, pero que me daba el pie para inventar. El otro día, a la salida de mis clases de yoga, me encontré con una antigua compañera de taller y me contó que desde que había dejado las clases nunca más había vuelto a escribir. Me decía que después del taller solía tomarse un traguito con un compañero nuestro y que de las cosas que él le contaba ella sacaba ideas para futuros cuentos. Yo le dije que las ideas podían estar en cualquier lado, no sólo en el Bar Don Rodrigo o en el Catedral, y era cosa de andar con los oídos abiertos.
Quizás escriba la historia de mi amiga. O quizás se la cuente a Steph para que lo haga él. Quizás algún día mi amiga la lea. Y se ría de su historia, y se la lea a sus hijos, a sus nietos o a su futuro amor.

08 diciembre 2008

Los mil y un ajetreos de Becky (parte II)

El fin de año ha estado muy ajetreado. Comidas de curso, paseos familiares, encuentros con amigos y miles de compromisos varios me están dejando extenuada. Literalmente extenuada. Sigo con mi dolor de talones post Disney (parece que me exigí demasiado), pero además me he sentido más debilucha que de costumbre por lo que me indicaron un alto de exámenes de sangre. Y el resultado fue anemia. O sea, quienes pensaban que mi look pálido y enfermizo era mera pose intelectual estaban equivocados. Tengo anemia, mucha anemia, y por eso ando cansada, pálida, débil y como dice mi amado "lindamente enferma". Pero a pesar de mi debilidad me he dado ánimo y no he dejado de cumplir con mis innumerables compromisos.

Realicé el mini taller de noviembre (aunque no en mi casa, lo que no sé si me quita autoridad) y fue muy provechoso, porque todos los participantes llegaron con muy buenas obras inéditas. Después partimos donde nuestra amiga Celestina a celebrar con pisco sours catedrales y comida picantita y nos reímos de lo lindo en esta especie de cofradía literaria que espero no se disuelva nunca.

Y también participé de una linda obra social con un grupo de papás y niños del colegio de mi hijo, donde durante una mañana completa nos dedicamos a mejorar las dependencias de un hogar de menores en riesgo social, cada uno aportando con lo que pudiera, y donde planté pasto y ordené el sector de la piscina para que quedara precioso, mientras otros arreglaban las cercas de los animales, preparaban hot dogs, compartían con los niños, barrían y limpiaban este lindo lugar, al que por años ayudábamos con mercadería, pero que no conocíamos en persona.

Además fui a todos los paseos de curso y acarreé niñitas propias y ajenas como loca, preparé ensaladas y conversé con todo el mundo, amigas y no tanto, para ser una madre sociable. Llevé a eventos deportivos y cumpleaños, fui a premiaciones y convivencias, invité a mi casa a todos los amigos que mis hijos quisieron convidar y me preocupé de prepararles un rico almuerzo y té para cada ocasión.

Y también invité a mis amigos a la casa. Como este viernes que convidé a mis cinco queridos amigos a un asado prenavideño, con pebre y muchas ensaladas, choripán y lomo, y donde pasamos una noche muy entretenida al calor de las brasas (es una metáfora, porque la parrilla es eléctrica) y bajo las estrellas, y donde casualmente nos tocó celebrar el nuevo triunfo literario de uno de ellos, del pequeño Random, que de seguro va a dar que hablar.

Y el sábado, agotada después de haber trasnochado el jueves y el viernes, pasaron a la casa unos queridos amigos de toda la vida que venían llegando de Buenos Aires con mis esperados encargos de libros. Y entre sushi, vinito y vodka, conversaciones divinas y terrenales, no nos dimos cuenta que ya eran más de las tres de la mañana cuando se fueron rumbo a La Dehesa. Y aunque mis talones apenas podían avanzar hasta el segundo piso, me encantó haberlos recibido en mi casa esa noche. Así como me gustó recibir durante todo este año a mis amigos, a mis colegas y a todos los amigos de mis hijos. 

Ahora espero poder leer pronto los libros que trajo mi amiga V. y que sólo pude encontrar en una librería de viejos en Buenos Aires. Y poder terminar el tema que me tiene tan entusiasmada por estos días, y empezar a comprar los regalos de Pascua para mi familia. Por lo menos ya armamos el arbolito y decoramos la casa hasta dejarla convertida en un bazar. 

Sólo espero que mis talones resistan durante diciembre y que mi anemia no me deje tirada en medio de la calle. Y que mi amado no se canse de hacerme masajes todas las noches ni se aburra de verme tan pálida y debilucha. Nos vemos en unos días más. Ánimo, y espero no haberlos agotado.





04 agosto 2008

Indulgencia Literaria

En mi colegio no se cansaban de repetirnos que si se comulgaba el primer viernes de cada mes, durante nueve meses seguidos, uno se ganaba la "indulgencia plenaria", que era como el mayor pituto para entrar al cielo una vez muertos. Y como yo no quería quedar fuera del cielo, durante mis años escolares comulgué cada primer viernes de mes en la capillita de mi colegio, y por supuesto, me gané la indulgencia plenaria (por lo menos de mis pecados adolescentes).

Ahora que ya conseguí la indulgencia plenaria (todavía puedo conseguir más, lo sé), voy por la indulgencia literaria, y espero el perdón de los lectores si no les gusta lo que escribo. Para eso creé junto a dos queridos amigos un mini-taller de narrativa, que funcionará los primeros viernes de cada mes en un lugar tranquilo de Santiago donde se hablará de literatura, escritura y del estilo narrativo de cada participante. La primera sesión ya se realizó el viernes 1 en el Café Magdalena y la siguiente será el viernes 5 de septiembre en un lugar a definir, y aunque con esto estamos lejos de ganarnos el cielo, sí podemos llegar a otro premio, sea material, espiritual o simplemente recreacional. 

Por el momento sólo quiero agradecer a los participantes del primer viernes sus importantes comentarios y felicitarlos por sus excelentes narraciones. Los espero en un mes más en un lugar a acordar, así que a escribir, revisar y corregir, que tienen que traer algo nuevo para leer ese día. Suerte.

18 julio 2008

Del Planetario a la Junta Nacional

Con algo de pena leí el otro día que un poeta, aburrido de la falta comentarios, había decidido cerrar su blog. Y el blog realmente era interesante. El mío, en tanto, no tiene nada de especial, pero así y todo recibe varias intervenciones (aunque algunas me sean del todo sorprendentes o incomprensibles). Por suerte, porque si no recibiera comentarios creo que también lo cerraría o de frentón lo cambiaría por un diario con portada rosa y papel en tonos pastel.

Y esto de los comentarios me hace pensar que mi vida también es muy parecida a este blog. Vivo mis días intensamente, con sus altos y bajos, pero cada cierto tiempo -casi diariamente- me llegan los llamados de mis amigos que me hacen salir de mi realidad. Ayer, por ejemplo, me llama mi amiga C. para que salgamos a pasear con nuestros niños (que siguen eternamente de vacaciones). Como ya los hemos llevado a patinar, al cine, a la nieve y a comprar libros, sólo nos falta llevarlos al espacio. Y eso fue lo que hicimos: una visita al Planetario de la Usach. Debo reconocer que el panorama me encantó, porque adoro todo lo relacionado con los astros y planetas, y a los siete niños les fascinó (en especial los cereales Estrellitas que regalaban en la entrada y la total oscuridad del lugar).

Después se vivieron todos a mi casa, a tomar té y seguir jugando, y prometo que con esto ya no les hago más panoramas hasta septiembre o más. Porque ya no me queda plata y estoy cansada de comer pop-corn y galletas a cualquier hora (y ya casi no me cierra mi bluyín regalón), y sólo quiero volver a sentirme adulta y estar echada leyendo en un rincón.

Por suerte en la tarde recibo la llamada de mi amigo Random para que nos juntemos a comer en el Junta Nacional, un restaurant nuevo que se abrió en Bustamante, con comida chilena bien rica y bien presentada, y con unos pisco sour de miel y jengibre ideales para cualquier ocasión. 
A nuestra cita llegó mi amante de turno, Víctor (que volvió de Grecia) y un amigo recién llegado de Shanghai, y ahí rodeada de hombres guapos me olvidé de los quehaceres domésticos, de la música de Chiquititas y de las peleas infantiles, y me comencé a relajar.

Ahora preparo maletas para irme con mis niños a la playa. Ya les advertí que se acabó la plata, así que nada de monitos de cerámica ni comidas en restaurant. Ahora sólo baldes en la arena y unos pocos cuchuflís, y nada de molestar a la madre abnegada que quiere terminar Franny y Zooey y encontrar el capítulo perdido de la novela que nunca terminará.

A la vuelta nos vemos, y sigan posteando con regularidad. Que no hay nada más triste que un blog sin comentarios, un celular sin llamadas, una noche sin estrellas y una vida sin amistad. Un beso a todos.