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04 agosto 2008

Aparece Peludito (pero no el verdadero)

Mis lectores se acordarán del triste momento que vivió Becky Sharp cuando en marzo desapareció su querido perrito West Highland White Terrier (ver "A Becky le roban su perro"). Bueno, desde marzo hasta la fecha no se ha sabido nada de él y sus hijos no han dejado de rezarle a San Francisco y varios santos más con la esperanza de recuperarlo. Por eso, cuando hace unos días la llamó un señor de La Dehesa asegurando que tenía a su perro, mantuvo la duda, pero en el fondo creyó que el milagro había llegado: que, por fin, había aparecido su Peludito. 

Y partió a buscarlo junto a sus hijos, y con dolor se cercioró que, aunque era casi idéntico a su Pelu, no era él. Ni siquiera los miraba. Pero los niños (en especial las Beckitas) de inmediato tomaron al perro en sus brazos y se lo llevaron al auto (cual ladronas de poca monta) y aunque Becky le aseguró al señor que éste no era su perro, él no tuvo problemas en pasárselo a la familia Sharp. Ya en el auto, lejos de la Dehesa, Becky les dijo a sus hijos que ése no era su perro, porque los niños no entendían por qué el perro no respondía al nombre de Pelu ni se acordaba de ellos. Para estar seguros, lo llevaron al veterinario en busca del famoso chip de identificación (Pelu tenía uno en su cuello), pero por más que lo revisaron este perro no tenía nada. Entonces, llegó el momento de decidir, ¿se quedaban con este seudo Pelu o le buscaban un dueño? 

Y por supuesto, los niños optaron por la adopción, y se quedaron con el lindo perrito, al que bautizaron como Simón, y que es un perro precioso y tierno, aunque todavía no mira cuando lo llaman (y ya han intentado con miles de nombres) y que seguramente tiene un dueño que lo busca tanto como ellos buscaron a Peludito. Pero ya es tarde para sacar a este perro de este hogar. Porque los niños desde el primer minuto sintieron que Simón era su perro, y aunque todavía esperan la vuelta de Pelu, sienten que el milagro llegó, y que los santos se acordaron de ellos (aunque el perro no sea el mismo, sólo "casi casi igual").

26 marzo 2008

A Becky le roban su perro

Becky está devastada. A los problemas que ha debido enfrentar por su cambio de casa, su enfermedad y la pérdida de su iguana, ahora se suma un nuevo dolor: le han robado a su perro. Sus niños no paran de llorar y ella pega carteles, lo llama, lo busca y reza a San Francisco de Asís para que lo haga aparecer. Pero nada, su querido perrito faldero, su West Highland blanco, precioso, cariñoso y un poco tontón, no está por ningún lado.
El principal sospechoso del robo es un joven de jockey que deambulaba en un triciclo frente a la casa de Becky como a las 5 y media de la tarde. Pero ni de él ni del perrito hay huellas.
Su única esperanza es que la persona que lo robó la llame al teléfono que aparece en la correa del perro. Por mientras sólo le queda esperar, y tratar de convencer a sus hijos que no todas las personas son malas en este mundo.