
"...prefiero ser Becky Sharp y un monstruo de la perversidad que ser Amelia y un monstruo de la estupidez". William Somerset Maugham
01 agosto 2012
cuadragésimo tercer día de invierno

05 julio 2012
décimo sexto día de invierno
27 junio 2012
octavo día de invierno
Y están felices. En especial, felices de no haber sido Lilliffe. "Mamá, ¿cómo se te ocurre que yo iba a ser princesa?", me dice una. "Qué atroz ser Lilliffe, me muero del horror", me dice la menor. Mis hijas no sueñan con ser princesas. La verdad, ahora que lo pienso, nunca soñaron con ser algo así. Me acuerdo que cuando eran chicas les gustaba disfrazarse de animales, de futbolistas, incluso de power rangers. Y el disfraz de princesa -ese que yo les había comprado- permanecía colgado -impecable, ordenadito- en el clóset y sólo lo usaron medio obligadas en una y otra ocasión. Y no es que no les guste el protagonismo. Todo lo contrario. Sueñan con ser famosas: una famosa cantante, una; una famosa modelo, la menor. Y viajar por el mundo y ser azafatas o doctoras o profesoras de baile o periodistas. Y quizás casarse, pero siempre, siempre, vivir cerca de su mamá.
23 junio 2012
cuarto día de invierno
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| Marcha por la igualdad 2012 (foto de Fundación Iguales) |
29 marzo 2012
Un verano naranja y un otoño limón
30 abril 2010
En el Canadian Express

10 agosto 2009
Las lecturas de mis hijos

14 diciembre 2008
Holidays...Celebrate...
17 noviembre 2008
Los mil y un ajetreos de Becky
John Keats
No han sido días tranquilos para la familia de Becky Sharp. Papá Sharp ha estado con mucho trabajo y Becky ha debido multiplicarse para atender a sus hijos mientras la niñera está en el sur. Justo en medio de las pruebas globales –esas terribles pruebas que ponen en los colegios y que obligan a alumnos y madres aplicadas a pasarse varias horas estudiando- se han sucedido muchos eventos, como el nacimiento del primogénito del hermano de Becky y la participación de la familia Sharp en La Bienal de Antigüedades de Las Condes, lo que ha mantenido a Becky y a su familia en un agotador ritmo de vida que seguramente no parará hasta navidad.
Además Becky ha estado muy afanada con un nuevo tema de investigación (para el que debió encargar un par de libros a Buenos Aires) y que cree será un gran reportaje literario, y ha tenido que ir a dejar a sus hijos a más de 20 cumpleaños en el mes (y además comprar los regalos), sin contar las idas a buscar al colegio y los estudios de media tarde, donde por un lado ha debido ingeniárselas para hacer entender a su hijo mayor la multiplicación de fracciones y casi al mismo tiempo tomar un dictado en alemán a su hija segunda sin tener idea de lo que estaba preguntando.
Y en medio de esta intensa semana (donde el matrimonio Sharp vivió entre la luna de miel y el divorcio) nace el primogénito del hermano de Becky -del único hermano hombre, del regalón de mamá y papá- lo que fue como ver nacer a la reencarnación del príncipe heredero, y todos ahí, embobados, fueron testigos del gran suceso (incluidos los niños Sharp que lo tocaron y lo besaron hasta el hartazgo) y de Becky y Mr. Sharp que con los ojos llorosos se emocionaron al ver a este nuevo y precioso miembro de la familia Sharp.
Y al día siguiente, otro evento más: la bienal de antigüedades de Las Condes, donde el marido de Becky participó con un flamante (y controvertido) stand, muy conceptual y limpio, que gustó a laicos y entendidos , menos al hijo mayor de Becky que con lágrimas en los ojos debió confesar que “su papá la había embarrado”, y que no entendía por qué su padre había puesto un solo objeto si tenía tantas cosas lindas para exhibir. Becky, mientras se paseaba por los stands, también pensaba en que a esa hora en la Feria del Libro se estaba presentando el libro de cuentos de Marcelo Lillo -ése que tanto le había gustado-, pero que por su carácter de primera dama no podía ausentarse de la Bienal por muy aburrida que esta estuviera ni menos dejar a su familia sin su apoyo incondicional.
El sábado en la tarde, después de ir a dejar a sus hijos mayores a las casas de sus amigos, Becky se escapó con su hija menor a la Feria del Libro de Santiago que, como todos los años, la decepcionó. Libros de autoayuda y miles de libros infantiles, nada interesante para ella, fue lo que vio. Y aunque no pensaba gastar mucha plata igual terminó comprando una decena de libros para sus hijos lectores –incluso uno que venía con una cuerda de saltar- y que su hija menor empezó a leer en la misma cafetería de la feria mientras Becky observaba a Carolina Brethauer vestida de alta noche a las 7 de la tarde y que luego supo iba a presentar el libro “Sin tetas no hay Paraíso”. Plop.
Y desde la alta cafetería, Becky pudo ver a los escritores que venden en el Chile de hoy: a Guarello, que firmaba un libro sobre fútbol en Ediciones B, a Carla que muy bien sentadita en Planeta esperaba que alguien le hablara o le pasara un libro para firmar, a Rivera Letelier que sí firmaba varios libros, a Mackenna que desde Pehuén mostraba su libro de poesías, mientras Becky se preguntaba: ¿dónde están los escritores de verdad? Pero nadie le respondió. Y con 20 mil pesos menos en el bolsillo (que al parecer le penaron todo el fin de semana), salió de esta seudo feria literaria a buscar a su marido y a sus hijos y llevarlos a comer mariscos al barrio Brasil.
Pero tanto ajetreo le pasó la cuenta a la bella Becky, y al día siguiente ya no se podía los pies. Como todos estaban ávidos de panoramas y ella muy cansada para cocinar y pasear, decidió inventar un panorama que le permitiera descansar y comer, sin tener que gastar: un picnic en plena ciudad. Y partieron con manteles, copas y platos, su buena botella de Merlot, empanadas de pino calientes y helados Fragola en el cooler, a hacer un muy cool picnic en el Parque de las Esculturas. Y mientras los niños corrían por el lugar, se dio el tiempo de dormir una buena siesta bajo los árboles, a pata pelada, y con la boca pegote de tanto comer pie de limón y helado de frutos del bosque. Y ahí, rodeada de esculturas y niños, acompañada de su querido esposo, logró dejar atrás los ajetreos de la semana y olvidarse por un rato del trabajo, las tareas y los miles de quehaceres. Con el ánimo en las nubes, llegó a su casa en la tarde, descansada y feliz, y con fuerza para otra nueva semana de pruebas globales, dentistas, turnos e idas a dejar a cumpleaños.
25 agosto 2008
Y después, sale el sol
14 agosto 2008
De paseo a Pomaire

04 agosto 2008
Aparece Peludito (pero no el verdadero)

26 julio 2008
El Fumador y Otros Relatos

18 julio 2008
Del Planetario a la Junta Nacional
Con algo de pena leí el otro día que un poeta, aburrido de la falta comentarios, había decidido cerrar su blog. Y el blog realmente era interesante. El mío, en tanto, no tiene nada de especial, pero así y todo recibe varias intervenciones (aunque algunas me sean del todo sorprendentes o incomprensibles). Por suerte, porque si no recibiera comentarios creo que también lo cerraría o de frentón lo cambiaría por un diario con portada rosa y papel en tonos pastel. 16 julio 2008
Wall-e
Debo confesar que siento una gran debilidad por el amor y por las historias románticas. Y cierto es que esta debilidad me ha traído grandes satisfacciones, pero también bastantes sufrimientos y decepciones en la vida (de los cuales no es necesario hablar). Esta debilidad es la que me hace adorar por sobre todo novelas románticas como Orgullo y Prejuicio o Expiación, así como las historias de desamor de la Señora Craddock o Madame Bovary. Y en formato cine, es finalmente el amor lo que busco cuando vuelvo a ver Moulin Rouge o La Edad de la Inocencia, Emma o El Paciente Inglés. Es por mi obsesión romántica que leo y escribo sintiéndome heroína literaria. Y es por ese gusto, heredado de no sé quién, que escribo cartas, poemas, diarios y libretas, sin motivo y sin afán. Entonces, si mis amigas con niños en edad escolar me preguntan cuál película infantil recomiendo para estas vacaciones de invierno, no dudo en contestar Wall-e, a pesar de que Kun Fu Panda es genial. Porque Wall-e es divertida, pedagógica, ecológica y anti-obesidad (razones de sobra para ser recomendable), pero además porque es muy romántica, y nos muestra que el amor disparejo puede resultar. Y como soy una romántica empedernida hasta el amor entre dos robots me hace emocionar, en especial cuando Eva lo trae de vuelta a la vida y lo obliga a recordarla. Y cuando él la besa y baila con ella por el espacio estelar.
28 junio 2008
Plaza Perú se queda sin sol

Porque como el barrio El Golf es el más caro de Santiago, quienes compran terrenos aquí buscan sacarles el mayor partido a su inversión y para eso construyen los edificios más altos del mercado, edificios que no dejan ver el paisaje y que se roban día tras día la tan necesaria luz solar.
Hoy al mediodía llevé a mis niños a la Plaza Perú -una plaza que hace unos años fue completamente remodelada cuando se hicieron los estacionamientos subterráneos- y casi me muero de frío cuando por años esa plaza ha sido el epicentro del calor y del sol. Claro, ahora frente a ella construyeron un enorme edificio -el Territoria 3000- que no deja pasar la luz solar y que dejó convertida a la Plaza Perú en un lugar frío, húmedo y oscuro, donde ya no se juntan los viejos a conversar ni los niños a jugar, y donde hoy al mediodía sólo estaban mis hijos y yo, además de un par de adolescentes medio carreteados.
Por años mis niños visitaron esta plaza entre abril y octubre porque el resto de los meses era muy calurosa, y en verano íbamos a la plaza grande que está frente a la Iglesia El Golf, que con sus largos árboles nos ayudaba a capear el calor. Ahora tienen dos plazas sombrías, ideales para los días calurosos, pero que durante el año son imposibles de resistir. Y la culpa de todo la tiene la Municipalidad de Las Condes, que cree que poniendo más juegos de plástico los niños van a ser más felices, cuando lo que todos buscan es un lugar agradable para estar, un lugar calentito para andar en bicicleta o patinar, un lugar para dejar al viejo abuelo tomando sol y a la guagua mirar desde su coche; un lugar que no era perfecto ni bonito, pero que servía para pasar una agradable mañana de plaza, y que ya nunca más volverá. Good Bye, Plaza Perú, que la sombra te acompañe. Y por favor, alcalde De la Maza, cuide más a sus vecinos y no los siga dejando sin áreas verdes ni sol, que por algo pagamos las contribuciones más altas del mercado.
17 junio 2008
Becky en el Palacio Cousiño
El domingo Becky llevó a sus niños al Palacio Cousiño, la gran casa que tenía don Luis Cousiño y su señora Isidora Goyenechea en la calle Dieciocho, y que desde la década del 40 pertenece a la Municipalidad de Santiago. La casa es enorme y está decorada según los gustos afrancesados de sus dueños -ricos empresarios mineros- con mucho mármol, jarrones chinos, oro y enormes pinturas de Monvoisin que dejaron boquiabiertos a mis hijos y a mí sumergida en un estado de ensoñación.Un simpático guía nos llevó escaleras arriba y abajo, y nos mostró las piezas de los niños (tenían seis hijos), los dormitorios principales, el gran comedor y la sala de música, de baile y de té. A mi hijo mayor lo que más lo impresionó fueron los sillones "indiscretos" con tres asientos para que los novios no estuvieran nunca a solas y a una de mis hijas le encantó la escalera de mármol multicolor. A mí me gustó un mural que está a la subida de la escalera y que por un lado muestra un paisaje parisino y al frente un paisaje de Santiago (según el guía, las dos ciudades favoritas de la familia) y aunque no sé si habrá sido verdad, por un rato envidié esa vida de eternos lujos y viajes, y ese gusto por evitar a toda costa el invierno y sólo vivir entre la primavera y verano de Santiago y París.
25 mayo 2008
De la Novicia Rebelde a la calle Rosal
Un queridísimo benefactor me regaló para la Pascua un televisor gigante, "un plasma" como le dicen mis niños, y como no me gusta ver televisión ni siquiera lo había inaugurado. Pero la lluvia del jueves y la llegada de "la alfombra peluda" me obligaron a dejar mis libros de lado para sucumbir a la tentadora idea de la película familiar, y en grupo partimos a arrendar películas para ver en nuestra nueva tele XL. Los arriendos no fueron nada de novedosos (mi hijo mayor nos obligó a ver una soporífica película de Asterix y mis hijas nuevamente me hicieron ver Encantada), mientras yo en un arranque retro-nerd, decidí arrendar La Novicia Rebelde, la película que más me hizo gozar en la niñez y que ahora ponía a disposición de mi descendencia. Debo reconocer que temí que la odiaran, que la encontraran anticuada, lenta o aburrida, que se cansaran de las canciones o que echaran de menos la magia o los efectos especiales, pero nada de eso sucedió, sino todo lo contrario. Acostados sobre la alfombra peluda, no despegaron la vista de la película en ningún momento y cuando ésta terminó me agradecieron de todo corazón mi anticuada historia de la novicia cantarina.
Y aunque la trama es bien naif y el amor entre el Barón von Trapp y la novicia es como de historieta, hay una parte de la película que me hizo pensar, y es cuando ella decide volver al convento para escapar de lo que temía, que era enamorarse. Hay gente que no habla para no errar, que no escribe por miedo al qué dirán, que no se enamora para no sufrir. Pero la vida no es perfecta y uno no puede pretender serlo, y es mejor lanzarse y caer, que nunca despegar de la plataforma.
Y como les gustó tanto la Novicia Rebelde, decidí que este domingo también los llevaría a un panorama de mi gusto. Nada de plaza o juegos infantiles, ni de Tip y Tap o Tiramizú. Y así fue como partimos el día tomando desayuno con croissants en el Emporio La Rosa y luego de caminar por el Parque Forestal, terminamos nuestro paseo en la maravillosa exposición de Enrique Zañartu en el Mac -una completísima muestra que incluye sus obras en grabado, dibujo y óleo- y que es un gran deleite para grandes y niños. Por lo menos los míos gozaron imaginando corazones, personajes e historias, y más gozaron después revisando el lindo catálogo de la exposición mientras comíamos unos ricos ñoquis con salsa pomodoro en el Squadritto de calle Rosal. Panorama redondo, ¿no?
30 abril 2008
Nada con las niñeras
Nunca he podido entender la manía de algunos chilenos de andar a todos lados con la niñera. Mujeres que van a la plaza con sus hijos y que instalan a una niñera en los juegos para que les cuiden a los niños mientras ellas hablan con sus amigas o familias enteras que viajan a Disney con "la nana" para que sea ella quien se suba al trencito con los niños o les saque la foto con el ratón Mickey. De verdad, no lo comprendo, y cada vez veo más y más.Y no estoy exagerando. Conozco gente que va al supermercado con la nana, para que les lleve el carro y les vea a los niños; he visto niñeras vestidas enteras de blanco cuidando a los niños en la playa, mientras su patrona toma sol más atrás; conozco "nanas" que conocen más hoteles "all inclusive" que nadie, e incluso sé de casos de niñeras que duermen con los niños hasta grandes, que los ayudan a hacer tareas y los llevan al doctor.
Yo también tengo nana. Es una mujer adorable que lleva más de 12 años en mi casa y que cocina y hace el aseo de mi hogar. Pero nunca me ha acompañado ni a la esquina ni ha llevado a mis hijos a algún lugar. Y aunque a veces me canse de llevar el carro en el supermercado o de correr entre las horas de los dentistas y las clases de atletismo o golf, no se me ocurriría mandar a mis hijos con ella, porque asumo que es mi obligación.
Quizás si hubiera tenido una niñera a mi lado mi hijo a los 2 años no se habría caído del resbalín mientras yo hablaba con mi amiga Vero en la plaza Las Lilas ni me habría vomitado mi Amalia en medio del Parque Arauco ni se me habrían perdido los tres en el Jumbo mientras compraba el pan. Pero de la caída de mi hijo sólo queda el recuerdo, el abrigo vomitado ya se lavó y los tres aprendieron que si se pierden deben ir donde el guardia y esperar que la mamá los vaya a buscar.
Debe ser más descansado bajar a la playa con alguien que te vea los niños mientras tomas sol o que te los cuide mientras llevas el carro en el supermercado, pero para mí no hay nada más delicioso que estar a solas con mis niños, que me conversen y me den besos, que me acompañen a hacer las compras (y aprendan, de paso, la diferencia entre una lechuga y una espinaca), y que a la salida, me acompañen a tomar un café a la cafetería y se llenen con galletas y pie de limón.


