20 enero 2008

Todos los caminos llevan a un libro

Ahora que terminé Howards End debo buscar otro libro para leer. Por lo general elijo libros por alguna razón especial más que por recomendaciones de terceros. Por ejemplo, a Howards End llegué por Sobre la belleza de Zadie Smith, y a Zadie la sigo desde sus primeros libros.

A veces busco los libros que recomiendan mis autores favoritos. Otras veces por un tema que me interesa en ese momento preciso. Me acuerdo que hace algunos años mientras buscaba libros sobre el licor de absinthe, encontré un libro de Maria Edgeworth llamado El Absentista y lo compré pensando que se refería al tema. Y aunque resultó que no tenía ninguna relación con esa bebida, el libro me gustó mucho y en otro viaje a Buenos Aires compré otro libro de esa misma colección -La Señora Craddock- que me llevó a conocer a Somerset Maugham y de ahí a casi todos sus libros.

A veces busco clásicos que no he leído y así ponerme al día. Otras veces me lanzo por meses con los libros de Anagrama y me leo los Auster, McEwan, Kureishi e Ishiguro de un tirón. Si un dickensiano me regala Vida y obra de Martin Chuzzlewit me lo leo con deleite y obligación, porque confío en el criterio del experto. Y si alguien me dice que parezco Becky Sharp, desempolvo mi vieja edición de la Feria de las Vanidades y leo las mil páginas para comprobar si es verdad.

Hay ocasiones en las que cedo ante las críticas literarias de La Tercera o de Revista de Libros. Y también soy obediente a las recomendaciones de un buen librero (si no fuera por Sergio Parra me habría demorado en conocer a Richard Yates o a Paula Fox). También presto oído a lo que leen mis jóvenes amigos lectores y los ratones de biblioteca. Y también me paseo por los libros según los temas que me apasionen en ese momento, que puede ser India o China, viajes, amor, vida en los suburbios o novelas victorianas de una vieja colección.

Ahora tengo varias opciones en mente: leerme otro libro de Bolaño o encargar el segundo libro de la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie que al parecer es mejor que La Flor Púrpura, que me gustó tanto. O leerme algo de Julian Barnes ahora que viene a Chile o ponerme al día con Mellado que según me han dicho es muy bueno. O intentar con La Carretera de Cormac McCarthy o terminar de una vez En busca del tiempo perdido o La Guerra y la Paz.

3 comentarios:

Sucarita dijo...

A mi también me pasa eso de tener diferentes criterios para elegir un libro. Algunos son bastante arbitrarios y me temo algo frívolos. Por ejemplo: elegir aquel con la tapa dura de diseño más lindo y las hojas blancas como el marfil,con esos marcadores de hojas de tela incorporados y ojalá dos. Algunos dicen que no hay libros feos, sino libros buenos o malos. Puede ser, pero un libro malo puede redimirse aunque sea en parte con una cubierta que esté a la altura que no pudo alcanzar el autor.

Jorge dijo...

Becky:

Me hizo falta un mes para comentar sobre este post. Estoy por terminar "Los detectives salvajes" de Bolaño y la verdad es que he dilatado el último capitulo porque no quiero terminar de leerlo. Llegué al libro porque mi amante lo tenía en el velador y yo no tenía que leer. Recuerdo que hace dos años en el sur de Argentina, mientras ella terminaba 2666, en la playa, junto a mi, con su cabeza apoyada en mi estómago me dijo porque no volvíamos temprano a nuestra pieza. Todavía recuerdo esa tarde de excelente sexo, con las ventanas abiertas mirando el Nahuel Huapi.. desde entonces le tengo un secreto y especial cariño a Bolaño. No sábes lo bien que me lo he pasado Becky con mi hurto de su escritor, el cual siempre me comentaba lo bueno que era y lo mucho que me gustaría. Trato de no leer los autores que ella me recomienda, no sé todavía si es por pura rebeldía o si lo hago por pudor, casi infantil, de no querer que descubran por que lugares he andado y quizás que cosas he estado soñando o pensando. Este libro tuvo ese gustito especial, el de haberme adelantado a ella, de robarle esta aventura para mi. Junto a Arturo Belano y Ulises Lima he pasado el verano, pienso que de haber estado en el DF de los setenta yo tambiém los hubiera seguido, habría partido a Sonora a buscar a la enigmática Cesárea Tinajero, me hubiera enredado en reuniones trasnochadas de los real viceralistas y hubiera atacado a Octavio Paz . Sin duda me hubiera enamorado de María Font........

Tengo entonces que recomendarte un camino más para un libro....el robo del velador de tu amante, quizás tu también te sorprendas.

Un beso,

Jorge

SRM dijo...

Jorge: Yo también he robado libros de velador y ahora que me hablas de "Los Detectives Salvajes" caigo en la cuenta de que también me han robado a mí. Hace años, cuando murió mi abuelo y mi abuela se cambió de casa, aproveché el desorden y me robé varios clásicos de esos que habla Sucarita -esos con tapas bonitas y marcador de género- que hasta el día de hoy nadie ha echado de menos.
Lo importante es arrimarse a un buen velador (en tu caso deduzco que tu amante es una gran lectora), porque he tenido amantes con muy mal gusto literario a los que nada he podido robarles. Por suerte mi amante de ahora tiene un velador surtido de buenas cosas (Houllebeqc, Bolaño y Amis), no como el que tuve hace un par de años que no salía de la Anne Rice.