De partida fui sola, porque sentía que la película no merecía compañía, y no me equivoqué. Y para evitar hacer filas o tener que mamarme a gente engrupida con la serie, fui a la matiné y me senté en un rincón, rodeada de mujeres acompañadas por amigas que competían por ser las más parecidas a Carrie Bradshaw. "Todo el rato, quiero verla todo el rato", escuché decir a una joven a mi lado, y todavía no entiendo por qué.
Yo vi la serie y me entretuve. Nunca la encontré inteligente ni aguda, pero me refrescaba ver a estas amigas bien vestidas y obsesionadas con el amor. Pero la película se va al extremo, y todavía no entiendo como un crítico de cine como Rodrigo Guendelman (en realidad no creo que sea crítico de cine, pero igual), bueno como él pueda decir que "Sex and the city" tiene un guión inteligente y original, cuando de lo único que hablan sus protagonistas es de hombres, zapatos y departamentos y las frases de la periodista Carrie Bradshaw son destacadas como acertivas y geniales cuando sólo dicen cosas obvias, básicas y banales.
En fin, creo que películas como éstas sólo impresionan a los fashion victims o a los que creen que detrás de una marca se encuentra el estilo, la fama o el poder. A mí personalmente no me impresionan las carteras Louis Vuitton (de hecho tengo varias y no me gusta usarlas porque las encuentro ostentosas) ni tampoco me impresionan los zapatos de taco altísimo o los vestidos de Christian Lacroix. Creo que finalmente la gente que se llena de marcas, de anteojos con grandes logos brillantes, carteras con monogramas a la vista y camisetas con el nombre del diseñador, sólo buscan ocultar inseguridades materiales o vacíos sentimentales. Y por eso no es mucho lo que yo pueda tener en común con las chicas de "Sex and the city", salvo el gusto por los cosmopolitan y por pasear en la ciudad.
PS: Igual quienes vayan a verla, se van a entretener.