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02 octubre 2008

De Gira

Querido Random: Se te extraña mucho por estos lados, aunque presumo que en medio de tu importante gira literaria no has tenido ni tiempo para acordarte de mí. Te imagino firmando libros, hablando con tus lectores, sonriendo a todo el mundo, conversando de los temas que tanto te apasionan. Acá en Chile las cosas han estado de lo más bien. Mi vecina -¿te acuerdas de la loca, no?- al parecer estuvo internada durante un par de semanas, porque no se le vio ni la sombra, pero apenas llegó el lunes y ya descubrió una nueva manera de llamar la atención: poner el himno nacional a las 8 de la mañana a todo volumen con la radio apuntando hacia la ventana de mi pieza. Pero debo decirte que ya ni me importa, es más, me da pena. La pobre, desesperada porque ya no la miro ni la escucho, hoy día llegó a decir a todo pulmón que mi casa estaba embrujada. Todo porque, al parecer, le molestó que una revista de decoración haya pasado el día entero fotografiando mi linda morada, mientras su casa enrojecía de envidia (de hecho el color damasco de sus paredes ya casi está burdeo). Es triste ver ese espectáculo, porque como decía el chavo, "la envidia no es buena, mata el alma y la envenena", y la pobre se ve cada día más marchita mientras yo siento que mi casa, mi familia, y por qué no decirlo, yo misma, florecemos cada día más.

Ansío tu pronto regreso para que me cuentes los pormenores de tu gira. Quiero saber de McEwan, de Hollinghurst, de Kureishi, ¿es cierta la belleza de Zadie Smith? Porque yo sólo los conozco por las solapas de los libros, en tanto tú has podido codearte con ellos durante más de una semana. No quiero regalos ni poleras del tipo "I love NY", sólo que me traigas las noticias literarias más sabrosas de la gran capital. Acá de verdad se te ha extrañado mucho, hasta Stephen ha declarado que tu ausencia lo tiene mal. Y me imagino tu novia cómo debe estar de ansiosa por verte y tan deseosa de entregarte ese regalo de cumpleaños que no alcanzaste a recibir. Yo también te tengo un presente, algo humilde y poco costoso, porque las finanzas no han estado de lo mejor. De hecho, te escribo estas palabras desde un cyber café de Huérfanos, porque este mes no pude pagar internet. Pero creo que octubre se viene más auspicioso en lo económico y también en lo laboral. Ya tendremos tiempo para ponernos al día, pero regresa pronto que se te extraña una enormidad. y esperemos que para la próxima gira literaria te pueda acompañar alguno de nosotros (yo me conformaría con un décimo de tu gira, en especial con ese encuentro con Richard Ford). Un beso a la distancia, 
tu amiga,
Becky Sharp

24 septiembre 2008

El viaje de Becky a USA

Así como mis hijos llevaron a pasear las poleras de manga larga y los pantalones, yo llevé a pasear mi libro La Piedra Lunar durante mis recientes vacaciones a USA. Porque entre tanto parque de diversiones -saliendo a las 9 de la mañana y regresando a las 9 de la noche-, entre los altos grados de temperatura, la intensa humedad y el inquieto grupo que me acompañaba, apenas tuve tiempo de mirarme en el espejo cada mañana o sentarme a descansar al atardecer. Pero ya tendré tiempo de ponerme al día con la lectura, en cambio Disney no podía esperar.

El viaje estaba programado hace un tiempo, y era una invitación que no podía rechazar. Ir a Disney y Miami con todo pagado (con todo, hasta las compras) era una propuesta muy generosa, y claramente no la iba a dejar pasar. Y así fue como me embarqué con toda mi familia rumbo a la tierra de las oportunidades, con mis niños llenos de ilusiones y deseos, con pocas maletas y un libro que pretendía leer. La llegada a Orlando fue agotadora, después de un vuelo Santiago-Miami en clase económica, que para una mujer de piernas largas como las mías y un metro ochenta de altura, es un viaje tan extremo como ir a África o Nepal. Con la espalda adolorida y los pies hinchados llegué al hotel en Orlando, que era un verdadero oasis dentro de esta no muy linda ciudad. El lugar tenía animales paseando por el jardín (jirafas, cebras y flamencos, entre otros) y una inmensa piscina (muy gringa) que usamos cada noche después de nuestras intensas visitas a Magic y Animal Kingdom, Epcot, Tresure Island, Mgm y no sé cuántos lugares más. Las visitas a los parques fueron muy entretenidas y terminé subiéndome a cada montaña rusa del lugar (las cosas que uno hace por sus hijos, ¿no?), haciendo guerra de agua para paliar el calor, mojándome el pelo en chorros y piletas, gritando en cada subida y bajada de la Montaña Everest y comiéndome todas las barras de helado de frutilla que encontré en el camino.

Y aunque es un cliché es cierto que en Disney uno vuelve a sentirse niño por un momento, y cada lugar está pensado en que los menores lo pasen bien. El único problema con esto es que la comida sólo está dedicada al gusto supuestamente infantil y es muy dicícil encontrar cosas sanas o ricas para comer. Por lo menos a mí, que soy enemiga de la grasa y la fritura, me fue imposible comer dentro de Orlando (no sólo en los parques temáticos, sino en todo Orlando) porque en esta ciudad hasta las ensaladas las llenan de aderezos grasosos, ajo y mayonesa que como una gruesa capa de lava inunda y perturba hasta a la más inocente lechuga. Lo mismo me ocurrió cada día a la hora del desayuno donde, en un inmenso buffet, lleno de carnes, tocino,, huevos y miles de tipos de queques, muffins y croissants, era imposible encontrar un yogurt descremado, una leche sin grasa o un pan integral. Por suerte siempre había fruta y café, o si no mi hambre hubiera sido descomunal. 

Y después se quejan en Estados Unidos del problema que tienen con la obesidad, si toda la comida la preparan con grasa, extra mantequilla, extra hamburguesa y luego te pasan los postres bañados en salsa, crema y chocolates por alrededor. Orlando, una ciudad definitivamente fat-friendly, les ofrece a sus visitantes comida chatarra por doquier y libre acceso a los gordos para que se paseen en sus motos eléctricas por todas partes. Así uno puede verlos todo el rato paseando por el lobby del hotel, en el ascensor o haciendo la fila para la montaña rusa más empinada, con sus motos eléctricas y su hot dog en la mano, expediendo olor a aderezo gringo, y con sus caras nada felices mirando al más allá. No quiero que me tilden de gordofóbica, pero ciertamente no es un espectáculo digno de ver cada día ni tampoco una linda imagen para nuestros hijos, que horrorizados, vieron en carne propia los riesgos que se esconden tras las papas fritas, las hamburguesas y el tocino quemado.

En Miami el panorama gastronómico y visual ciertamente mejoró. Con mis pies cansados y agotada de los parques de entretenciones y de tanta montaña rusa, esos días en la ciudad de Julio Iglesias fueron un verdadero bálsamo reponedor. Y aunque debería haber hecho compras (ahora me arrepiento de haber comprado "casi nada"), mi cuerpo pedía sol y tranquilidad, así que esos días en el hotel The Palms los dediqué a bañarme en el mar (delicioso, no como nuestro gélido Pacífico), a dormir bajo mi gran sombrero de paja negro y a comer cocktails de camarones y tomar Piña Colada. Mis niños también agradecieron este relax post Disney y se encantaron con este mar tibio donde podían bañarse por horas y donde no corrían el riesgo de ahogarse o morir de congelación.

La única salida de noche que hice en Miami (con niños no es muy fácil salir a carretear, o si no recuerden el caso Maddie) fue a un asado dieciochero en la casa de un famoso animador. Y como mi curiosidad era tan grande no pude rehusarme a ir a pleno Indian Creek Island (donde viven las estrellas en Miami) a compartir con la familia de don Francisco y un reducido grupo de chilenos que viven allá. De la farándula nacional debo contar que estaba Petaccia con su novia Fernanda Hansen y toda la familia Kreutzberger, aunque yo me dediqué a conversar toda la noche con un par de simpáticas judías -una cubana y una peruana- cultísimas y divertidas, con las que hablé hasta por los codos, y que me dieron los mejores datos de cremas, ácidos glicólicos y cosmetólogos top (que tendré que visitar en mi siguiente viaje a Miami), y que con sus inmensos solitarios de brillante, me hicieron recordar mi libro, La Piedra Lunar, que esperaba al fondo de la maleta entre las compras de Urban, XXI y Gap.


02 enero 2008

Si Becky gana el viaje a Nueva York...

¿con quién debería ir?
  1. Con su amante (y así terminar con la clandestinidad).
  2. Con Ámbar (la mulata del Fabiano Rossi que le enseñó a bailar en la barra y otras cosas más).
  3. Con su enemiga secreta (y aprovechar el viaje para limar asperezas).
  4. Con algún familiar.
  5. Con su perrito faldero.
  6. Con alguna amiga ricachona (para que le pague las comidas).
  7. Con algún amigo pobretón.
  8. Con nadie (y que aproveche el viaje para meditar).