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14 abril 2009


Estoy muy feliz...
porque pasamos un fin de semana espectacular en las playas de la cuarta región
porque mis cachorros son una delicia 
porque mi amado es además mi mejor amigo
y porque se viene el mini-taller
además porque no he parado de escribir
de trabajar, de amar y de dar gracias a Dios
por tener a los amigos que tengo
la linda familia que tengo
y todo lo demás 
Un beso a todos

24 noviembre 2008

Los excesos de Becky Sharp

Estos últimos días he andado como una pirinola: escribiendo y leyendo mucho, saliendo con amigos, comiendo, bailando, amando y por supuesto, bebiendo. Como que el fin de año y su ajetreo me han llevado a los excesos (cosa rara en mí, que soy tan medida), y los excesos me han llevado a relajarme y gozar en extremo. Ya habrá tiempo para ordenarme de nuevo. Y así, con nada de culpa, debo confesar que el miércoles me emborraché con champagne nacional en el Ciudadano (buen lugar, buenos precios, rica comida) junto a una pareja de novios apasionados y enamorados y a mi amante favorito (el rico empresario), que me condujo ebria a mi casa y por supuesto se quedó a dormir en mi cama. 

El jueves, después de correr todo el día, en los ajetreos propios de la madre moderna y abnegada, terminé la noche en una estupenda fiesta a la que me habían invitado hace un tiempo y donde se lanzaba el vodka Grey Goose Pear. No voy a entrar en detalle, sólo contar que bailé sin parar y que la música y los tragos de Dimitri estaban divinos. Lástima que no comí tanto y me embriagué un poco, lo que me obligó a pasar al Liguria a las 2 de la mañana donde, a pesar de que no quisieron venderme alcohol, pude comerme un reponedor pollo al pil pil que me ayudó a salir dignamente del recinto de la mano de mi nuevo amor poeta.

El viernes, más ordenada, fui a una comida casual y entretenida en la casa de unos amigos. Me acompañaba mi amigo Diego, con quien después pasé una noche muy romántica y sensual. Y el sábado, salí con otro amigo, uno pobretón pero apasionado, al que tuve que invitar al cine a ver La Otra Bolena, y aunque no nos gustó la película, no dejamos de pasarla bien toda la noche.

Y el domingo, salí con el martillero-galerista y padre de mis hijos, a ver la exposición de Diego Rivera y Frida Kahlo en el Centro Cultural Moneda. Una exposición muy mexicana para mi gusto europeo, donde claramente Frida es quien la lleva y Diego el que se subió al carro de la victoria. Pero, de todas maneras, es interesante de ver. Y para paliar el hambre dominical, almorzamos en Los Insaciables y tomamos helados bañados con chocolate en el Sebastián, para terminar saciados y felices tirados sobre la cama matrimonial, él durmiendo y yo leyendo cuentos norteamericanos. Puro exceso y felicidad.

17 noviembre 2008

Los mil y un ajetreos de Becky


“Ay, cuando la pasión es mansa y arrebatada a la vez”

John Keats

 

No han sido días tranquilos para la familia de Becky Sharp. Papá Sharp ha estado con mucho trabajo y Becky ha debido multiplicarse para atender a sus hijos mientras la niñera está en el sur. Justo en medio de las pruebas globales –esas terribles pruebas que ponen en los colegios y que obligan a alumnos y madres aplicadas a pasarse varias horas estudiando- se han sucedido muchos eventos, como el nacimiento del primogénito del hermano de Becky y la participación de la familia Sharp en La Bienal de Antigüedades de Las Condes, lo que ha mantenido a Becky y a su familia en un agotador ritmo de vida que seguramente no parará hasta navidad.

Además Becky ha estado muy afanada con un nuevo tema de investigación (para el que debió encargar un par de libros a Buenos Aires) y que cree será un gran reportaje literario, y ha tenido que ir a dejar a sus hijos a más de 20 cumpleaños en el mes (y además comprar los regalos), sin contar las idas a buscar al colegio y los estudios de media tarde, donde por un lado ha debido ingeniárselas para hacer entender a su hijo mayor la multiplicación de fracciones y casi al mismo tiempo tomar un dictado en alemán a su hija segunda sin tener idea de lo que estaba preguntando.

Y en medio de esta intensa semana (donde el matrimonio Sharp vivió entre la luna de miel y el divorcio) nace el primogénito del hermano de Becky -del único hermano hombre, del regalón de mamá y papá- lo que fue como ver nacer a la reencarnación del príncipe heredero, y todos ahí, embobados, fueron testigos del gran suceso (incluidos los niños Sharp que lo tocaron y lo besaron hasta el hartazgo) y de Becky y Mr. Sharp que con los ojos llorosos se emocionaron al ver a este nuevo y precioso miembro de la familia Sharp.

Y al día siguiente, otro evento más: la bienal de antigüedades de Las Condes, donde el marido de Becky participó con un flamante (y controvertido) stand, muy conceptual y limpio, que gustó a laicos y entendidos , menos al hijo mayor de Becky que con lágrimas en los ojos debió confesar que “su papá la había embarrado”, y que no entendía por qué su padre había puesto un solo objeto si tenía tantas cosas lindas para exhibir. Becky, mientras se paseaba por los stands, también pensaba en que a esa hora en la Feria del Libro se estaba presentando el libro de cuentos de Marcelo Lillo -ése que tanto le había gustado-, pero que por su carácter de primera dama no podía ausentarse de la Bienal por muy aburrida que esta estuviera ni menos dejar a su familia sin su apoyo incondicional.

El sábado en la tarde, después de ir a dejar a sus hijos mayores a las casas de sus amigos, Becky se escapó con su hija menor a la Feria del Libro de Santiago que, como todos los años, la decepcionó. Libros de autoayuda y miles de libros infantiles, nada interesante para ella, fue lo que vio. Y aunque no pensaba gastar mucha plata igual terminó comprando una decena de libros para sus hijos lectores –incluso uno que venía con una cuerda de saltar- y que su hija menor empezó a leer en la misma cafetería de la feria mientras Becky observaba a Carolina Brethauer vestida de alta noche a las 7 de la tarde y que luego supo iba a presentar el libro “Sin tetas no hay Paraíso”. Plop.

Y desde la alta cafetería, Becky pudo ver a los escritores que venden en el Chile de hoy: a Guarello, que firmaba un libro sobre fútbol en Ediciones B, a Carla que muy bien sentadita en Planeta esperaba que alguien le hablara o le pasara un libro para firmar, a Rivera Letelier que sí firmaba varios libros, a Mackenna que desde Pehuén mostraba su libro de poesías, mientras Becky se preguntaba: ¿dónde están los escritores de verdad? Pero nadie le respondió. Y con 20 mil pesos menos en el bolsillo (que al parecer le penaron todo el fin de semana), salió de esta seudo feria literaria a buscar a su marido y a sus hijos y llevarlos a comer mariscos al barrio Brasil.

Pero tanto ajetreo le pasó la cuenta a la bella Becky, y al día siguiente ya no se podía los pies. Como todos estaban ávidos de panoramas y ella muy cansada para cocinar y pasear, decidió inventar un panorama que le permitiera descansar y comer, sin tener que gastar: un picnic en plena ciudad. Y partieron con manteles, copas y platos, su buena botella de Merlot, empanadas de pino calientes y helados Fragola en el cooler, a hacer un muy cool picnic en el Parque de las Esculturas. Y mientras los niños corrían por el lugar, se dio el tiempo de dormir una buena siesta bajo los árboles, a pata pelada, y con la boca pegote de tanto comer pie de limón y helado de frutos del bosque. Y ahí, rodeada de esculturas y niños, acompañada de su querido esposo, logró dejar atrás los ajetreos de la semana y olvidarse por un rato del trabajo, las tareas y los miles de quehaceres. Con el ánimo en las nubes, llegó a su casa en la tarde, descansada y feliz, y con fuerza para otra nueva semana de pruebas globales, dentistas, turnos e idas a dejar a cumpleaños.

 

 

14 agosto 2008

De paseo a Pomaire

El domingo -día del niño- mi mamá tuvo la genial idea de invitarnos a almorzar a Pomaire. "Les va a encantar a los niños", fue su argumento para convencer a hijas, yernos y marido, y llevarnos para allá. Claro, a los nietos no fue necesario convencer de nada, porque ya con la sola idea de salir de paseo estaban felices. Y llegamos a  almorzar -con mucha hambre, hay que reconocerlo- a este pueblito cada día más turístico y que ya casi nada conserva de sus encantos originales. Porque aunque nuestra idea era comprar una que otra fuente de greda o unos pocillos para el pastel de choclo, lo cierto es que casi todos los cacharros que encontramos estaban pintados con colores chillones y los típicos chanchitos y platos color tierra habían sido reemplazados por Winnies The Pooh y Barneys de greda esmaltada. Pero así y todo compramos algunas cosas, porque cómo íbamos a negarnos si nuestros hijos y sobrinos querían hondas, emboques y culebras, y estaban fascinados con estas veredas atestadas de cachureos multicolores y de hombres y mujeres vestidos como huasos. Si hasta una chupalla tuve que comprarle a mi hijo mayor, que aunque tiene pasta de poeta, sueña con ser un futuro hombre de campo. 

Y por supuesto a la hora de almuerzo (en un restaurant tan malo que prefiero ni nombrarlo), escuchamos cueca y nos reímos al ver bailar a los niños. Quizás con media garrafa de chicha en el cuerpo me habría reído más, pero como estaba con mis padres debí abstenerme de las bebidas alcohólicas. Pero, a pesar de la comida y del desilusionante paseo, lo pasamos muy bien, y para nuestros niños fue como ir a Disney, aunque para mi papá haya sido como ir al Far West, pero sin caballo, sin comida y sin ropa. Una experiencia divertida, que sólo recomiendo a los que tengan un gran sentido del humor.


21 marzo 2008

Semana Santa

Por primera vez en años me quedé en Santiago para Semana Santa. Y es raro no estar en la playa para estas fechas, no comerme mi pescadito con vista al mar, no planear con mi hermana la escondida de los huevitos de pascua, no bajar a la playa en busca de los últimos rayos de sol del verano.
Pero mi doctor y su "reposo relativo" me hicieron quedarme en Santiago, que por lo demás está bastante agradable, y planear un fin de semana "reposado" junto a mi familia. En la mañana ordenamos la casa con calma y partimos a andar en bicicleta por las ciclovías de Pocuro, Bilbao y Manuel Montt, y fuimos testigos de un tremendo despliegue policial, con balacera incluida. Al parecer unos ladrones, que habían robado en un departamento en Lota, en su huida chocaron contra otro auto y se fugaron por entre las casas. Patrullas de policía y carabineros con pistolas hicieron una verdadera redada en la cuadra, mientras nosotros mirábamos desde la vereda del frente, petrificados. Finalmente encontraron a uno de los ladrones, y nosotros seguimos nuestro paseo.
Almorzamos en Providencia y volvimos a la casa, agotados. En la tarde los niños se bañaron en la piscina y yo leí y dormí. Mientras les preparaba la comida, me acordé que aún no he comprado los huevos de pascua para el domingo. No sé cómo voy a hacerlo para comprarlos mañana en el Jumbo sin que se den cuenta. Esto de andar con los niños colgando como llaveros, también tiene sus inconvenientes.
Ahora que ya se han dormido pienso en la redada de la mañana, y me acuerdo de mi iguana. Nosotros también la buscamos por toda la cuadra. Pero su piel camuflada se mimetizaba con las plantas del jardín, mientras que el ladrón con su polera amarilla y sus bermudas grises, destacaba entre los árboles. "No sabía que los ladrones se vestían como humanos", me dijo mi hija del medio, cuando bajábamos por Manuel Montt. "Yo pensaba que usaban ropa negra y la cara tapada". Yo sólo le contesté que "hay ladrones de todo tipo, incluso de cuello y corbata", y ella me miró sin entenderme y siguió pedaleando a mi lado.

PS: Acabo de leer en el diario que el prófugo era el famoso ladrón Carlos "Joya", el mismo que había robado el Banco Bice en el 2004. Ver la noticia aquí.