Sin saber cómo me convertí en best-seller. Todo partió hace unos meses cuando me llamaron para editar un libro (no diré cuál, pero digamos que está en la categoría autoayuda/esotérico), un trabajo que hice con sangre, sudor y lágrimas, y que rápidamente se convirtió en un libro súperventas, de esos que se muestran en las vidrieras de las librerías y cuyo autor aparece en un póster de tamaño gigante. 

Sin saber cómo mi libro comenzó a aparecer en los rankings de los "más vendidos", junto al último libro de la Isabel Allende y la Razón de los Amantes, arriba del Misterio de las Tanias y cerca de un libro sobre las pataletas infantiles. Y miro el ranking cada semana, y todavía sigue ahí -mi librito amoroso- un poco más arriba o más abajo, pero siempre dentro de los 10 más vendidos. 

¿Es meritorio estar en ese "cuadro de honor"? Con seguridad respondo que no. Escribir un best-seller no es difícil y convertir un libro en súperventas es sólo cosa de marketing. Y no lo digo sólo por el libro que escribí (o "edité") sino por casi todos los que aparecen en la lista. ¿No es raro que no aparezca ningún libro "de calidad"?, ¿por qué no está McCarthy, DeLillo, Zambra o Zadie Smith? El tema da para mucho, y aunque algunos traten de reivindicar a los best-sellers aduciendo la premisa de que un libro no puede ser malo si lo leen millones, yo creo lo contrario: un libro malo sí puede venderse como pan caliente (de hecho, así pasa), porque el mundo está lleno de malos lectores o de personas que compran libros livianos para leer sobre la toalla de playa durante las vacaciones. Y ojo, que lo dice una best-seller.