
"...prefiero ser Becky Sharp y un monstruo de la perversidad que ser Amelia y un monstruo de la estupidez". William Somerset Maugham
29 julio 2008
Las Sorpresas de Facebook

27 julio 2008
Feliz Cumpleaños, Amor

26 julio 2008
El Fumador y Otros Relatos

21 julio 2008
Franny y Zooey

18 julio 2008
Del Planetario a la Junta Nacional

16 julio 2008
Wall-e

Es por mi obsesión romántica que leo y escribo sintiéndome heroína literaria. Y es por ese gusto, heredado de no sé quién, que escribo cartas, poemas, diarios y libretas, sin motivo y sin afán. Entonces, si mis amigas con niños en edad escolar me preguntan cuál película infantil recomiendo para estas vacaciones de invierno, no dudo en contestar Wall-e, a pesar de que Kun Fu Panda es genial. Porque Wall-e es divertida, pedagógica, ecológica y anti-obesidad (razones de sobra para ser recomendable), pero además porque es muy romántica, y nos muestra que el amor disparejo puede resultar. Y como soy una romántica empedernida hasta el amor entre dos robots me hace emocionar, en especial cuando Eva lo trae de vuelta a la vida y lo obliga a recordarla. Y cuando él la besa y baila con ella por el espacio estelar.
10 julio 2008
Mi deuda con Crimen y Castigo

La primera oportunidad me la dio hace como once años, cuando en un ramo de Estética me dieron a leer al gran maestro ruso y elegí Los Hermanos Karamásov, por sobre Crimen y Castigo, aunque compré ambos libros y dejé relegado al segundo para un momento que nunca llegó.
Y por años dejé guardado el libro en mi gran librero, y preferí leer a cientos de otros autores en vez de leerlo a él. Hasta que un día de octubre del año 2006 quedé entre los diez ganadores del concurso "Santiago en 100 palabras", y terminé obteniendo el segundo lugar con mi cuento "Normandie". Y no saben quién ganó el primer premio: el cuento "Dostoievski" que imaginaba a Fédor paseando por nuestra ciudad. Ese día me prometí leer, por fin, Crimen y Castigo, un libro que hace años tenía guardado en mi librero y más encima que había sido escrito por un autor que tanto me había deleitado con sus Hermanos Karamásov.
Pero por supuesto olvidé mi promesa y sucumbí ante Maugham, Thackeray, Zadie Smith, McEwan y tantos otros más. Eso fue hasta ayer, cuando mientras esperaba que me abrieran mi glándula por segunda vez (y al parecer última), entra el anestesista a hacerme las preguntas de rigor, y cuál no será mi sorpresa cuando descubro que junto a mi inmenso expediente médico, el doctor llevaba en su mano un ejemplar de Crimen y Castigo. Así de natural, como quien lleva un Ipod o un celular, él llevaba al quirófano su enorme edición de Crimen y Castigo. Y mientras me clavaba una aguja en mi brazo delgado, no dejé de preguntarme si no era un mensaje que me mandaban del más allá.
Si era así, ¿qué me estaban tratando de decir? Que hice algo mal y por eso enfermé mi glándula submaxilar. O tal vez que debería volver a concursar en un certamen literario y esta vez obtener el primer lugar. O simplemente, como me dijo mi amigo Víctor desde Grecia, que la literatura sólo era un asunto de vanidad y que hasta los libros eran usados para atraer miradas y llamar la atención. Quizás simplemente fue un llamado de Dostoiveski, que me daba una última oportunidad. Y como no quiero contradecirlo, apenas termine Franny y Zooey, buscaré entre las decenas de cajas mi ejemplar de Crimen y Castigo, aunque prometo no pasearme con él bajo el brazo (menos en tribunales, cárceles o salas de operación).
07 julio 2008
Nada con "Sex and the city"
De partida fui sola, porque sentía que la película no merecía compañía, y no me equivoqué. Y para evitar hacer filas o tener que mamarme a gente engrupida con la serie, fui a la matiné y me senté en un rincón, rodeada de mujeres acompañadas por amigas que competían por ser las más parecidas a Carrie Bradshaw. "Todo el rato, quiero verla todo el rato", escuché decir a una joven a mi lado, y todavía no entiendo por qué.
Yo vi la serie y me entretuve. Nunca la encontré inteligente ni aguda, pero me refrescaba ver a estas amigas bien vestidas y obsesionadas con el amor. Pero la película se va al extremo, y todavía no entiendo como un crítico de cine como Rodrigo Guendelman (en realidad no creo que sea crítico de cine, pero igual), bueno como él pueda decir que "Sex and the city" tiene un guión inteligente y original, cuando de lo único que hablan sus protagonistas es de hombres, zapatos y departamentos y las frases de la periodista Carrie Bradshaw son destacadas como acertivas y geniales cuando sólo dicen cosas obvias, básicas y banales.
En fin, creo que películas como éstas sólo impresionan a los fashion victims o a los que creen que detrás de una marca se encuentra el estilo, la fama o el poder. A mí personalmente no me impresionan las carteras Louis Vuitton (de hecho tengo varias y no me gusta usarlas porque las encuentro ostentosas) ni tampoco me impresionan los zapatos de taco altísimo o los vestidos de Christian Lacroix. Creo que finalmente la gente que se llena de marcas, de anteojos con grandes logos brillantes, carteras con monogramas a la vista y camisetas con el nombre del diseñador, sólo buscan ocultar inseguridades materiales o vacíos sentimentales. Y por eso no es mucho lo que yo pueda tener en común con las chicas de "Sex and the city", salvo el gusto por los cosmopolitan y por pasear en la ciudad.
PS: Igual quienes vayan a verla, se van a entretener.
04 julio 2008
Lo que se hereda...
Cristales Brillantinos
Cristales brillantinos no dejen de brillar
que al sol y la luna de envidia hacen llorar
con las estrellas los comparan, pues,
cuando enciendo una lámpara, tu brillo no se compara
Cristales brillantinos tan fuerte su poder
que al más triste y penoso de todos
pueden hacerlo el joven más alegre y bondadoso
¿te imaginas su poder porque al pensarlo te deja estupefacto?
Cristales brillantinos como faros son
guían a los que van al cielo y
sirven como faro a los enormes barcos
cristales brillantinos, ¿qué más pueden?