07 octubre 2009

De Carpas y Encarpados


Tiene razón mi amigo C.A., he estado hablando mucho de literatura y poco de la vida real. Mucho McEwan, mucho Darwin, mucho Ford, pero poco de los eventos que se han levantado por estos lares en el último tiempo. Me pide que hable de carpas y lanzamientos, y trataré de darle el gusto, dentro de mis humildes posibilidades.

Y como me pide más entretención que profundidad, me saltaré el lanzamiento de las cartas de Gabriela Mistral a Doris Dana. Muy denso, ¿no? Además no fui. Las chicas guapas no van a esos lugares, sólo gays y literateros. Aunque me hubiera gustado escuchar a Fernando Casas despotricando contra Quezada y gritando "Lesbiana era" a toda voz. Para la otra será.

Lo que sí no me perdí fue el lanzamiento de la novela de Simonetti. Aquí no había carpa, aunque sí full producción. El lugar: la sala principal de la galería Ready, ambientada con luces rojas y las esculturas de la Pilar Ovalle repartidas por doquier. Adelante, Pablo junto a sus presentadores: un serio, pero inteligente Héctor Soto a su derecha. Mientras a su izquierda una muy estirada e inexpresiva Claudia di Girólamo esperaba el momento para mostrar su voz. A mi lado un amigo me comentaba, preocupado, por la cara de muerta que lucía la actriz. Ni un músculo se le movía, ni siquiera una mueca le apareció en el rostro frente a los comentarios graciosos de Soto o los sonidos de olas que a ratos se colaban por el lugar. Realmente impresionante. Y yo que la había visto toda ajada unos días antes en una consulta de doctor. Y ahora lucía con la piel tirante, aunque sin movimiento, y siguió tirante cuando se levantó del asiento para "dramatizar" algunos párrafos elegidos de la Barrera del Pudor. El problema es que los párrafos eran muy largos y la actriz insistió en leerlos con esa leeeeentitud que sólo podemos aceptar en una lectura de Macbeth o la Yourcenar, pero no de una novela que antes de leer ya imaginamos es bastante más light. Pero ella insistía con su sonsonete de actriz formada en las tablas y se demoraba minuto y medio para decir "Esssstoy sooooola en Runnnngue" mientras el público miraba atónito y medio aburrido y envidiaba a los muchos que se quedaron fuera de la sala y que ya a esa hora acaparaban el vinito y los pancitos del lugar. Luego vendría una canción. Sí, una canción. Porque este lanzamiento tenía olas y soundtrack. Y el tema elegido fue La Enredadera, interpretado en vivo por el mismísimo Leo Quinteros. Un poco largo, pero divertido al fin. A la salida todo Santiago se saludaba y comentaba. Un linda mezcla de gente de Zapallar y Tunquén. De un lado, las Ninas, Kanas, Cotes; los Bustamantes, Santa Cruces, Mattes y Vial. De Tunquén: las Claudias, los Víctor Carrascos, los gays de negro, la Blanca Lewin. Y entre ellos la Carla Guelfenbein saludando de un lado para otro, como una madre orgullosa, algunos escritores (vi a Mena, Gumucio y Fontaine) y harta mujer guapa. Porque claro, este evento era para gente linda. Gente que quizás no lee, pero gente linda al fin.

Pocos días después la misma gente se volverá a topar en la inauguración de Casa Mater, a la que usted, mi amigo CA, de seguro asistió. Pero a mí no me dio la chala. La verdad de sólo ver las fotos, desistí. No estoy para "apuestas" decorativas de dudosa calidad. Usted sabe, querido Kano, que "la decoración soy yo", y estos diseñadores no me convencen mucho, menos pagar una entrada de 3 lucas por una feria de decoración.

Pero sí fui a Chaco. Qué mal nombre, por favor. Y la carpa, medio rasca para ser pagada por Saieh, ¿o no? Yo por lo menos casi me caigo como cinco veces. Y eso que estaba con la chala sin taco y sin alcohol. Había gente linda, partiendo por mi amiga Veri G que paseaba feliz con su familia. Y la Cata Pulido, cada día más guapa y natural. Contrastaba bastante con las galeristas, tan estiradas y operadas, qué terrible lo que el Botox y la cirugía plástica puede causar. Algunas casi irreconocibles. Aunque sus productos no estaban nada de mal. No lo mejor, pero salvaba. Un lindo Lira, un buen Barrios, algo chori por aquí y por allá. Tampoco nada espectacular que no se haya visto antes. En fin, por lo menos había harta gente, a diferencia de la Ferial del Libro de Vitacura, que me contaron fue un total fracaso.

Y para terminar con los eventos encarpados, no puedo dejar de mencionar al gran cumpleaños de mi amigo RC. Esa sí que es carpa, Solcita Saieh. La mejor terraza de Providencia, con vista al Mapocho, toda encarpada para celebrar los 33 añitos de mi gran amigo y colega escritor. Y qué festín que nos tenía. Puro Santa Ema y empanaditas finas. Qué gente más guapa y regia, ya se quisiera el evento de Simonetti unos gays así, interesantes, bien vestidos, guapos, inteligentes y divertidos. Ya se quisiera Chaco un galerista como el que se paseaba por el lugar, tan guapo y alegre. Y tan inteligente. Ya se quisiera Casa Mater un decorador de ambientes como RC o OS, con sus nociones innatas de diseño y color. Ya se quisiera el evento de Gabriela y Doris una hembra como Becky Sharp, que con su blusita de gasa se paseaba feliz por entre los invitados. Ya se quisiera cualquiera un evento así, con todos los invitados felices y relajados, y con un cumpleañero espléndido, sin botox ni ácidos de por medio, rodeado por sus amigos y su amor, y por toda la gente que lo quiere.

Espero que le haya gustado mi resumen, ahora tengo que salir. En unos días más es Oktoberfest, así que ahí nos vemos otra vez: nuevo evento, nueva carpa, nueva realidad. Los quiero a todos (en especial a los que estuvieron en la carpa de Santa María este sábado entre las 10 y las 3).


28 septiembre 2009

La Barrera del Pudor

Ya apareció la tercera novela de Simonetti. ¿Quién será el primero en comentarla? ¿Algún voluntario para pasar la barrera? Yo, por mi parte, espero terminarla antes de dar mi opinión. Que es muy feo hablar de libros que no se han leído. Y más feo aún es hablar mal de libros que no se han leído.

23 septiembre 2009


Ando con lata de escribir, pero no puedo dejar de comentar: qué bueno que estuvo McEwan ayer. Ahora se nos viene Jonathan Franzen, a esperar...

21 septiembre 2009

Y nos faltó el volantín

Partimos estos días dieciocheros con un buen asado de fierritos. Arreglamos la parrilla y entre todos preparamos nuestros anticuchos de carne, cebolla y choricillo, acompañados por nuestra querida Santa Ema Reserva y nuestra radio con puras cuecas chilenas. Hasta bailamos La Consentida y las niñitas vestidas de huasitas arreglaron la terraza llenándola de banderitas. Más tarde, a las fondas oficiales, por supuesto al Parque O'Higgins. Pensar que no pisaba esas fondas desde el año 95, cuando disfrazada de conejito me paseaba medio entonada con mi amigo Lalo C. Ahora volví con marido y 3 niños, y debo confesar orgullosa que mis hijas heredaran el mismo gusto de su madre por la fiesta, el baile y el bullicio popular. Cómo corrían por la fonda de Zacarías y se empinaban para ver a nuestra presi Bachelet, que inauguraba las celebraciones en la fonda Iorana. Y bailaban y comían felices, y aplaudían a los bailarines de cueca y se sentían orgullosas de que el huaso elegante las haya invitado a bailar.
A la salida vieron a un curado durmiendo en el suelo y a otro que se nos acercó a saludar, para esconderse de los carabineros, pero que igual se lo llevaron detenido. "Esto es Chile, niños", les dije en tono educativo y ellos sonrieron con sus caras sucias y sus cintillos luminosos brillándoles sobre el pelo.
Al día siguiente compramos empanadas. Nada de ránkings, por favor, que las que aparecían en la revista Wikén en el número 1 no eran nada de buenas. Las mejores a mi juicio, las del Ambassador, una maravilla, masa exquisita, pino suave. Me comí 3, y tan feliz como siempre. Y después a dormir. Porque también habíamos comprado chicha. Niños, por mientras, vean Mary Poppins en el televisor.
Y el sábado, andar en bicicleta, que no todo en la vida es tomar, comer y dormir. Un paseo por las ciclovías de Providencia hasta el Parque Bustamante y luego un almuerzo de ¡¡¡fierritos!!! en el Lomit's cerca de Manuel Montt. Y el domingo terminamos con otro asadito, que la carne, el vino, la ensalada chilena y el choripán. Qué buen dieciocho pasamos, y eso que nos faltó tiempo para un segundo pie de cueca y para elevar el clásico volantín.

09 septiembre 2009

La semana pasada fue Richard Ford y ésta, Ian McEwan. Si sigo conociendo escritores, me voy a convertir en una grupie literaria. Lástima que no les he sacado fotos. Podría terminar tapizando las paredes de mi casa con retratos de Becky Sharp y sus escritores favoritos. En todo caso, el seminario sobre el legado intelectual de Darwin, que se realizó entre el lunes y el martes en CasaPiedra, estuvo de lujo. Y me encantó la charla de Helena Cronin y la de Nicholas Humphrey, y por supuesto la de McEwan, a quien fui a saludar al término del evento, abriéndome paso entre Pinker y Dennett -los grandes invitados científicos- para poder escuchar sus impresiones sobre Chile. Y todo gratis. Incluyendo las galletitas y el café. Un lujo por donde se le mire. Y un agrado escuchar ponencias claras, simples e inteligentes (deberían aprender todos los que se rebuscan por hablar en difícil).
En unos días más Ian McEwan vuelve de su viaje darwiniano por el canal del Beagle y será entrevistado por Gonzalo Garcés en la Católica. Creo que sería un desperdicio perderse un invitado así. Yo, por lo menos, ya tengo mis entradas.
PD: Habría que decirle a Rodrigo Jordán, eso sí, que tenga más cuidado cuando presente a alguien, porque "Sábado" no es la última novela de McEwan y decir que el libro trata de un neurocirujano del cerebro, suena tonto, porque todos los neurocirujanos son especialistas del cerebro. Señor Jordán: la última novela de McEwan fue Chesil Beach y tenga cuidado con Wikipedia.

02 septiembre 2009


No tengo mucho tiempo, por eso aprovecho este medio para dar los siguientes avisos:
1.- No habrá mini-taller esta semana. Las razones: Londres, París y Madrid.
2.- Gracias Diego por traerme las entradas para lo de McEwan. Iré de todas maneras. Y perdone por haberlo tratado mal.
3.- ¿Alguien irá a lo de Darwin? Estoy dudosa, como voy a ver a McEwan en la UC, no sé si será mucho verlo el martes también.
4.- No habrá concurso Becky, ganó el No con 10 votos contra 9. Me reí mucho con los votantes, hasta de provincia votaron para esta elección.
5.- ¿Quién me acompaña a lo de McEwan?
6.- ¿ Quién mató a Elisa?
7.- ¿Quién subió los precios en el Olán?
8.- ¿Quiénes son mis enemigos?
9.- ¿Quiénes siguen este blog?
10.- ¿Por qué hay gays que se casan con mujeres?
10.- Escriban (los que saben hacerlo) y guarden sus escritos para nuestro próximo mini- taller dieciochero, con empanadas y fierritos, y la infaltable chicha rosada.
Los quiero.

30 agosto 2009

Alicia en la conferencia de Richard Ford

El otro día vi a mi amiga Alicia en la conferencia que dio Richard Ford en la Casa Central de la UC. Estaba sentada con un hombre muy guapo -atrás, como para pasar inadvertidos- y se reían y conversaban divertidos, y siguieron riéndose mientras esperaban a que Richard Ford les firmara un libro. Ella llevaba Acción de Gracias, el joven guapo un bolsito lleno de papeles. Atrás un amigo de chaleco morado les mostraba sus tres libros: De Mujeres con Hombres, El Día de la Independencia y El Periodista Deportivo. Más allá Carla Guelfenbein mostraba Un trozo en mi corazón a sus amigos Pablo y Rafael.

Yo desde atrás miraba a Alicia, mujer casada, que sin disimulo coqueteaba con este joven guapo y a quien unos segundos después vi conversando con el mismísimo Ford. Y Ford le tomaba las manos y ella le hablaba en inglés, y Ford la miraba con sus ojos celestísimos y ella le agradecía la dedicatoria y los "warm wishes" con coquetería. Y el hombre guapo sólo acompañaba porque no sacó ningún libro del bolsito ni saludó a Ford, y de seguro la va a acompañar a McEwan y a Franzen y a todos los que vengan este año, mientras yo hacía mi fila sola.

Más tarde mientras esperaba mi micro a la salida de la UC Alicia pasó a mi lado y me saludó. "Voy apurada, mi marido me está esperando", me dijo y el joven guapo sonrió. Y mientras la veía alejarse camino a su auto, con su amante de la mano, un marido esperándola en casa y su libro dedicado tan cariñosamente por Richard Ford, sólo atiné a pensar: "Qué rabia, como odio a esta Alicia".

18 agosto 2009

Reflexiones en torno a un premio

El Premio Becky nació el año pasado a petición de un grupo de escritores y aspirantes que deseaban mostrar sus escritos en este blog y recibir la opinión afilada y certera de la bella Becky Sharp. También ansiaban recibir el importante premio: la "once" completa en la casa de Becky y su foto autografiada. Y como no suelo decir que no, acepté el desafío y conseguí un jurado de excelencia para que revisara los cientos de cuentos y escritos que llegaron y eligiera al ganador del Premio Becky 2008.
Este año nuevamente se me ha solicitado entregar el premio Becky, pero el trabajo excesivo y las miles de ocupaciones semanales me hacen dudar de mi propia capacidad de gestión. Pero como no puedo negarme a mis seguidores, decidí ponerlo a votación, para que sean ustedes quienes decidan si debe o no entregarse el premio Becky Sharp en su versión 2009.
Y no deja de sorprenderme la votación, porque está muy reñida y en ella han participado personas de todo el mundo y de todas las nacionalidades. Eso me emociona. Porque independiente de cual sea el resultado (que debido a mi nivel de trabajo prefiriría fuera "no"), no deja de ser bonito que personas tan diversas y con intereses tan distintos se tomen el tiempo de abrir este anónimo y humilde blog, y votar. Votar, como si fuera una elección presidencial, como si fuera una encuesta CEP, como si con ello nos jugáramos el destino del Universo. Realmente bello.
A todos los votantes, quiero agradecer su interés y les aseguro que respetaré el resultado -sea cual fuere- y el concurso sólo se realizará si gana la opción "sí".
Aprovecho la ocasión para pedir perdón por el abandono en que he tenido este blog, pero entre la escritura, mis muchas lecturas, el tema que estoy investigando y los consejos quincenales, no me ha quedado mucho tiempo libre. Pero ya volveré. Sólo espero parar un poco este ritmo que me ha tenido sumergida en el trabajo y con menos vida social.
También aprovecho de saludar a mis amigos escritores, a quienes hace tiempo no veo y con quienes tengo pendiente nuestra comida quincenal (tenemos que buscar un nuevo local porque el Olán se nos puso caro) y a quienes espero ver en lo de Ford. Y a mis amigas seguidoras de Becky, todas mujeres regias, delgadas e inteligentes (ustedes saben quiénes son). Y por supuesto a mis admiradores y amantes secretos, fieles y no tan fieles seguidores de este blog.
Nos vemos pronto.
PD: No me he olvidado del mini taller. Se realizará, nieve o truene, el viernes 29 de agosto. Tenemos tiempo para escribir.
PD2: Vayan al Museo de Bellas Artes, la exposición de los cuadros del convento de las Carmelitas está muy buena.
PD3: No me busquen en el Ona, cambié sus brownies por los que venden en La Chakra, donde además tienen el mejor pan integral del universo (100% orgánico), los productos JUST para el bienestar emocional, los tomates y lechugas de la huerta y las cremas Logona que usa Becky para mantener su cutis bello. Además queda al lado de mi casa y los socios del Yogashala pagamos un 10% menos.

10 agosto 2009

Las lecturas de mis hijos

"La Historia del Osito Bosque" es el cuento favorito de mis hijos, aunque llevan años escuchándolo. Es la historia de un osito goloso y desobediente, que suele meterse en líos por no hacer caso a sus padres o seguir los malos pasos de su amigo Lagartijín. Es una historia simple, que comienza y termina con una pegajosa canción, pero que no ha dejado de entretenerlos en todos estos años porque es una historia divertida, que tiene aventura, acción, e incluso peligro, pero siempre un final feliz.
No traten de googlearla o buscarla en alguna librería, porque no la encontrarán. "La historia del osito bosque" fue inventada hace años por mí (en especial la canción), pero cuyo argumento fue creciendo muchísimo gracias a los aportes de mis hijos y de mi Jorge (que incluso durante un tiempo le dio un carácter medio violento a un par de personajes, para deleite de mis hijos) y hoy en día es una historia inmensa, preciosa y, principalmente, nuestra.
De todos los libros que les leí cuando eran chicos y de todos los que he comprado, creo -sin lugar a dudas- que el osito bosque sigue siendo el personaje literario favorito de mis hijos, más que Winnie, Peter Rabbit y los muchos Jerónimos, Papeluchos y Teos. Y creo que el amor que ellos sienten hoy por la lectura y en especial por las buenas historias se debe mucho a ese osito guatón y porfiado que con sus aventuras logró convertir el tiempo de acostarse en un minuto para las palabras, y en especial, para soñar y regalonear.
Ayer, me enojé con uno de mis hijos porque no ha terminado de leerse un libro para el colegio, a pesar de que le ha gustado mucho. Y a otro de mis niños debo suplicarle que no lea tanto, porque no dosifica y es capaz de quedarse hasta la 1 de la mañana por la ansiedad de terminar un libro. Quizás no debiera meterme tanto en las lecturas de mis niños, pero como buena lectora que soy me es imposible no vigilar sus hábitos, recomendarles libros, incentivar, proponer, conversar, discutir.
A mi hijo mayor, un ávido lector que me recuerda a mí de niña, ya no le leo los libros, pero no hay día que no me cuente cómo van las aventuras que está leyendo, sean de Gerónimo Stilton o de los terribles hermanos Darling, de ASTERIX o de algún libro de Roald Dahl. Ahora él me recomienda libros, me comenta, me instruye, tal como yo le hablo de los libros de Poe, Richard Ford o Paula Fox.

Hace poco le conté de un libro que le había comprado cuando él era chico y al que tuve que cambiarle el final mientras se lo leía porque no me pareció apropiado para su edad. El se rió, pero me encontró la razón. Era un libro de Mark Twain -La Historia de un niño malo y de un niño bueno- en una edición preciosa, con dibujos maravillosos y que me salió bien caro, pero que no era para niños, aunque lo pareciera. Y no es primera vez que me encuentro con libros que en apariencia van dedicados a los niños, pero cuyos temas son para adultos con el criterio más que formado.
Hay uno de princesas olvidadas, bellamente dibujado por Rébecca Dautremer, que ciertamente no es para menores, a pesar de que suelen regalárselo a niñas de menos de 10. Y hay otro aún peor, "Las niñas son raras, pero huelen rico", que está en los principales mesones de las librerías y en las vitrinas, y que por error le compré a mi hija para las vacaciones de invierno, y que es el libro más ofensivo que he tenido en mis manos. Por suerte, mi hijo mayor lo hojeó antes que ella lo leyera y me advirtió de su contenido inescrupuloso y grosero (muy adornado con ilustraciones infantiles e inocentes) y juntos lo botamos a la basura.
Porque así como hay comida que les hace mal a los niños, hay lecturas que no son para ellos, a pesar de que estén ilustradas y coloreadas. Y como padres debemos estar atentos para distinguir y aconsejar.
Cuando mi hija de nueve años me preguntó -días después- por su precioso libro rosado, no dudé en responder que no era un libro para ella, ni para ninguna mujer, porque nos ofendía, nos hacía parecer seres inferiores, mentalmente incapaces y sin valores. Y, para mi sorpresa, ella entendió y fue la más feliz cuando supo que lo habíamos botado al basurero. "Para que ninguna otra niña lo lea", me dijo, "y para que nadie hable mal de las mujeres". Y aunque voy a tener que comprarle otro libro y hacer que me abran el plástico en la librería para revisar bien el contenido, doy gracias porque no alcanzó a leerlo. Y doy gracias por tener un hijo lector, que ya a sus 11 años, sabe distinguir qué libro es para su hermanita y qué libro no.

Jill


JILL
Philip Larkin
Lumen, Buenos Aires, 2008
338 páginas
$10.000

Muchos escritores comienzan su carrera garabateando versos para luego pasar a las novelas. Philip Larkin (1922-1985) hizo el camino inverso: publicó un par de novelas y trató de escribir una tercera, pero ante la imposibilidad de hacerlo decidió seguir con la poesía, convirtiéndose en uno de los más grandes poetas ingleses del siglo XX. Pero no por eso sus novelas deben ser olvidadas, especialmente la primera, Jill, que escribió a los 21 años de edad mientras estudiaba en Oxford, y que a pesar de la juventud del autor, dista bastante de ser una novela de primerizos.
Publicada originalmente en 1946, la novela volvió a ser publicada en 1964 –cuando el autor ya se había hecho un nombre como poeta- con un prólogo en el que Larkin definía su novela como “una historia sin ambiciones” y donde esperaba que el lector todavía disfrutara “de la indulgencia que tradicionalmente se le concede a las obras juveniles". Pero a pesar de las advertencias, Jill es una muy buena novela, y no sólo por ser escrita por un joven estudiante de 20 años.
Es una novela de ambiente, que nos muestra el mundo universitario de Oxford durante la Segunda Guerra Mundial, bajo la mirada de un estudiante pobre y extremadamente tímido que, tras ser becado en el colegio ingresa a un exclusivo college inglés, donde para su desventura debe compartir habitación con un joven rico y vividor, cuyas preocupaciones van por el lado de la juerga y el alcohol más que por el estudio. Y es en el encuentro con este antagonista y su tropa de amigos que John Kemp saca a relucir todos los matices de su personalidad: la envidia, la tristeza, la timidez y también sus ansias por destacar y ser aceptado dentro de este grupo de gorrones. Y es el encuentro con este antagonista unido al tedio de la universidad y las constantes amenazas de bombardeo, lo que lo llevan a inventarse una hermana, Jill, que tiene la misma cara de una niña que visita el college, y con quien termina obsesionándose hasta la fatalidad.
Jill retrata con crueldad y simpleza el mundo universitario de Oxford de 1940 (con sus escenas de trenes, cafeterías, dormitorios y pubs): el mismo que conoció Larkin mientras estudiaba ahí y donde forjó su férrea amistad con el entonces estudiante Kingsley Amis. Y aunque el autor aseguraba años después que “lo que pretendía en 1940, más que exagerar las diferencias sociales, era minimizarlas”, lo cierto es que la novela habla de las diferencias sociales, como también de los diferentes intereses de los jóvenes de esa edad, y de sus distintas maneras de evadirse en esos tiempos grises, fúnebres y adversos.


Reseña aparecida en Revista de Libros el 26 de julio de 2009.

22 julio 2009

Una noche perfecta

Después de correr toda la mañana, armar maletas mías y de mis niños, ordenar y limpiar y manejar por tres horas por la carretera oscura y mojada, logré llegar a Santiago (y reencontrarme con mi amado) para disfrutar del mejor recital de este año. Por meses esperé su llegada y por fin anoche pude verla en vivo y en directo. Cat Power (Chan Marshall) estuvo impecable, delicada, maravillosa. No por nada es considerada una de las mejores voces femeninas del momento y una de las mujeres más sensuales del planeta. Afuera del Caupolicán llovía a cántaros. Adentro, una audiencia cautiva escuchaba con atención. Yo, en una ubicación inmejorable y con mi gran amor de la mano. Después del recital nos fuimos al Normandie por una sopa de cebolla y una conversación relajada. Y para hacerlo más perfecto, ¡hasta se cortó la luz!, y en segundos las mesitas del bar se llenaron de velitas para hacer más perfecta la noche más romántica del invierno. Gracias Cat Power por la velada. Gracias amor, por ser como eres. Gracias Master Card por pagar las entradas.



07 julio 2009

Las Horas del Verano

Tengo un amigo que me adora -tanto que me dedicó un blog de alto contenido erótico- y con el que suelo salir de cuando en vez. Este sábado me tocó salir con él. Y lo pasamos genial. Un cafecito en el Ona -él tomó mate con azúcar- tipo siete de la tarde y luego compartimos un brownie y una linda caminata por el barrio Lastarria-Forestal. Pasamos por Berry y por el Bar Don Rodrigo, donde el guardia nos saludó con tanto cariño que le prometimos visita para este mes (pensar que todavía se acordaba de nuestros lunes literarios en el bar). Y para amenizar la tarde, entramos al Biógrafo a ver Las Horas del Verano, una película sencillamente espectacular. Habla de la familia y de la tradición, y de tantas otras cosas más, que vale la pena verla, de verdad. A mi amigo le encantó, a mí igual. Después nos fuimos a comer unos sushis al Kintaro, y comentamos la película y lo difícil que es mantener buenas relaciones en el entorno familiar. En la película lo resuelven bien. En el libro que me acabo de leer bastante mal. El libro se llama Los Hijos de la Viuda, de mi adorada Paula Fox, y habla sin tapujos de la difícil relación de una madre con su hija y de esta mujer con sus hermanos. El tema se ha escrito harto, pero Fox lo muestra de una manera natural, triste y despojada, que bien vale su lectura. Aunque no deja lecciones para seguir. Porque tanto en la literatura como en la vida, el tema de las relaciones familiares no es un tema fácil de resolver. Pongamos o no pongamos de nuestra parte.
Gracias amigo por el panorama (aunque personalmente ya se lo agradecí) y por ser tan bueno conmigo. La próxima invito yo.
Ah, y también gracias por llevarme el domingo a almorzar con mis niños al Morandé. Les encantó el restaurant y lo mejor fue encontrarnos con el mismísimo Comisario Rivas en el lugar (Alvaro Rudolphy). Por su mirada maléfica, estoy entrando a creer que es él quien secuestró a Elisa. Y mis niños lo creen también. Puede ser. Debiéramos preguntarle si lo vemos otra vez.

23 junio 2009

Aviso III

Por última vez quiero dejar esto en claro: soy una mujer felizmente casada y muy enamorada de mi marido. Así que a todos aquellos que día a día me escriben vía e-mail o celular, me mandan cartas al correo, espían mi casa, mi blog y facebook, inventan patrañas para separarme de mi amado, y definitivamente quieren tenerme o poseerme, a todos ellos quiero decirles que me dejen en paz. Y, por favor, no sigan torturando más a mi amado, que en este preciso momento está pasando por un tremendo dolor interior, y a quien mando un saludo a la distancia.
Amor: ya boté todos los peluches y cartas, y vacié la papelera. Te quiero.


22 junio 2009

El Invierno Más Crudo

El frío que siento debe ser bastante menor que el que sintió Paula Fox durante su estadía en Europa en 1946 y que aparece claramente retratado en El Invierno Más Crudo, el primer libro que leí del embarque que me llegó de Buenos Aires. Porque aunque no estoy sumergida en el invierno "más duro de los últimos 20 años" ni sólo tengo un abrigo prestado para taparme, aún así estoy pasando el invierno más crudo de mi vida y ni siquiera los lindos guantes que me regaló Víctor ni el precioso chal que me dio Roque han logrado calentarme como lo hacía mi antigua calefacción.

Calefacción querida, que llenaba de calor cada rincón de esta gran casa, y que ahora, tras un accidente casero ha dejado de funcionar, y ha sumergido a mi familia en un estado de gran congelamiento, del que sólo podremos salir cuando ésta vuelva a funcionar. ¿Cuándo volverás a este hogar?

Mis niños llegan del colegio y se encuentran con una casa, pero no con un hogar. Es un lugar frío, donde sólo hacinándonos en una pieza logramos entrar en calor. En la noche cada uno con su guatero, como niños dickensianos logran llenar sus camitas con un poco de calor. Pero lo peor son las frías mañanas en este escritorio, donde con los dedos congelados apenas ha podido escribir. Algunos días, cual JK Rowling he partido al Starbucks en busca de café y calor y es ahí donde más he podido trabajar. Pero no es tan cómodo como mi mesita de cuero, donde están mis libros, mi impresora y la tranquilidad del hogar. Ni tan seguro (porque es bien sabido que los robos son muy altos en los cafés con internet).
Oh, calefacción querida, ¿cuándo volverás a mi hogar?

Me llama mi hermana para hablarme de la Toyotomi y una amiga me recomienda la estufa Kerona. Pero yo no quiero parafina, quiero mi calefacción central, que calienta baño, piezas y cocina, que me permite caminar descalza y usar mini camisas de dormir. ¿Dónde estás calefacción? Mientras espero su llegada forro a mis niños con chalecos y cuellos, compro guateros de mano, pies y cuerpo, tiro chales sobre las camas y me paseo con mis guantes y mi echarpe de artesanías Chile por toda la casa.

Oh, calefacción querida, vuelve pronto a este lugar.
Que tu ausencia ha enfriado mi casa, mi cama y mi corazón.
Ha congelado a mis niños, a mis amigos y mi razón.
Me ha vuelto fría, distante y tonta.
Cesante, aburrida y abúlica,
gélida, antipática y casta
como nieve virginal.

18 junio 2009

Aviso II


Noticia de último minuto: El mini taller de este viernes se realizará en la casa de Margarita. A la misma hora. Terrazas de Providencia inundadas. Favor traer las copias para los demás integrantes. No se recibirán textos por correo electrónico. Ni tampoco participantes sin escritos propios. Nos vemos.

17 junio 2009

Aviso


Viernes. 6 de la tarde. Mini taller en la las terrazas de Providencia. (Si llueve, se hará en el interior). Los espero. Lleven sus copias.

Ah, y feliz Bloomday a todos los seguidores de Joyce. Espero que tengan un lindo día (y contesten el quiz de The Guardian).

Y a los demás, que tengan una linda semana. Que no se enfermen. Ni pasen frío.



11 junio 2009

triste/feliz


El día anterior a mi cumpleaños amanecí medio triste. Pero al rato me llegó vía correo una encomienda que había encargado a Buenos Aires: El invierno más crudo, de Paula Fox, con parte de sus memorias juveniles y volví a sonreír.

Medio feliz salí de mi casa, pero sin darme cuenta choqué el auto con el portón y volví a ponerme triste. Además de malhumorada. Mientras intentaba arreglar el portón (que se había descarrilado) apareció mi abuela por la calle. Me traía unos chocolates, unas malvas y unas gomitas. Justo lo que necesitaba. Entonces volví a sentirme feliz.

Con mis regalos en el auto, me dirigí a hacer unos trámites, y de nuevo me entristecí. Y me quedé triste por varios días.

Aunque a ratos volví a ser feliz, como cuando me junté con mis amigas del colegio a celebrar mi cumpleaños en el Sushihana y me llenaron de regalos maravillosos y cuentos sabrosos. O cuando mi hijita ganó el primer lugar en el campeonato de atletismo y yo sentí que todo el sacrificio (la levantada a las 6 de la mañana, cargar con los chales para el frío en el estadio y preparar café para no congelarme) había valido la pena. O cuando mi hombre, sabiendo cuánto me gusta leer, me trajo de regalo el último libro de la Siri Hustvedt -Elegía para un americano- y En el café de la juventud perdida, de Patrick Modiano. O cuando mis amigos me celebraron en el Olán con nuestros clásicos pisco sours catedrales. O cuando descubrí que un admirador secreto había creado un blog en mi honor -un blog bastante subido de tono, y por eso no puedo compartirlo- que me ha hecho muy feliz.

Pero a ratos vuelvo a estar triste. Y sin darme cuenta se me ensombrece la cara. Por el polerón que perdió mi hijo en el colegio, por el saludo que no recibí, por la amiga que no se acordó de llamarme, por el otoño y sus tristes hojas, por la maldad de la gente, por distanciarme de las personas que quiero, por perder el tiempo, y por no tener tiempo. Por todo. Y también por nada.

Sé de varios amigos que están igual. Como maníaco depresivos. Para algunos funcionan los ansiolíticos o los levantadores de ánimo. Yo nunca los he tomado ni tampoco he ido al siquiatra. Así que vivo mi tristeza a fondo, con llantos inesperados y penas profundas. Y luego exploto de alegría inmensa cuando estoy con mis hijos y mi amado, o me como un chocolate en el clóset o me avisan de un artículo que me van a publicar.


02 junio 2009

pura ficción
















él perdió su chaqueta y las llaves del auto

a ella le dijeron maraca y luego beata y mojigata

ella bailó calle 13 y the cure con sus amigas

lo besó en la pista de baile y le dijo que lo amaba

le prestó su rouge a una mina en el baño

y luego vio a la mina besando a dos hombres distintos

él casi se agarra por celos

ella empujó a su amiga cuando la llamó maraca

ella quería irse pero no tenía las llaves

y él quería quedarse y hacer un escándalo

ellos se amaban en la pista de baile

y también se celaban y a ratos se odiaban

la mina del baño le preguntó por su vestido

es viejo, le dijo

el de ella era arrendado

ella tomó tres vodkas para armarse de valor

él tomó cinco para hacerse el valiente

a ella los vodkas sólo la alegraron

a él lo pusieron furioso

celoso

celópata

morboso

y violento

a ella le cantaron feliz cumpleaños

con una vela en medio de unos pasteles

y él la abrazó cariñoso

y sus amigas la besaron a pesar de la gripe porcina

y la mina del baño casi la bota de puro borracha

con los labios pintados con el rouge que ella le había prestado

ella quería irse pero no tenía las llaves

las tenía la mina que la había llamado maraca

pero no encontró la chaqueta

ni tampoco la linda corbata

y ella se fue manejando y conversando con una amiga

mientras él dormía borracho en la parte de atrás

ya era de día

y había terminado su cumpleaños

mientras en la fiesta algunos seguían bailando