30 agosto 2009

Alicia en la conferencia de Richard Ford

El otro día vi a mi amiga Alicia en la conferencia que dio Richard Ford en la Casa Central de la UC. Estaba sentada con un hombre muy guapo -atrás, como para pasar inadvertidos- y se reían y conversaban divertidos, y siguieron riéndose mientras esperaban a que Richard Ford les firmara un libro. Ella llevaba Acción de Gracias, el joven guapo un bolsito lleno de papeles. Atrás un amigo de chaleco morado les mostraba sus tres libros: De Mujeres con Hombres, El Día de la Independencia y El Periodista Deportivo. Más allá Carla Guelfenbein mostraba Un trozo en mi corazón a sus amigos Pablo y Rafael.

Yo desde atrás miraba a Alicia, mujer casada, que sin disimulo coqueteaba con este joven guapo y a quien unos segundos después vi conversando con el mismísimo Ford. Y Ford le tomaba las manos y ella le hablaba en inglés, y Ford la miraba con sus ojos celestísimos y ella le agradecía la dedicatoria y los "warm wishes" con coquetería. Y el hombre guapo sólo acompañaba porque no sacó ningún libro del bolsito ni saludó a Ford, y de seguro la va a acompañar a McEwan y a Franzen y a todos los que vengan este año, mientras yo hacía mi fila sola.

Más tarde mientras esperaba mi micro a la salida de la UC Alicia pasó a mi lado y me saludó. "Voy apurada, mi marido me está esperando", me dijo y el joven guapo sonrió. Y mientras la veía alejarse camino a su auto, con su amante de la mano, un marido esperándola en casa y su libro dedicado tan cariñosamente por Richard Ford, sólo atiné a pensar: "Qué rabia, como odio a esta Alicia".

18 agosto 2009

Reflexiones en torno a un premio

El Premio Becky nació el año pasado a petición de un grupo de escritores y aspirantes que deseaban mostrar sus escritos en este blog y recibir la opinión afilada y certera de la bella Becky Sharp. También ansiaban recibir el importante premio: la "once" completa en la casa de Becky y su foto autografiada. Y como no suelo decir que no, acepté el desafío y conseguí un jurado de excelencia para que revisara los cientos de cuentos y escritos que llegaron y eligiera al ganador del Premio Becky 2008.
Este año nuevamente se me ha solicitado entregar el premio Becky, pero el trabajo excesivo y las miles de ocupaciones semanales me hacen dudar de mi propia capacidad de gestión. Pero como no puedo negarme a mis seguidores, decidí ponerlo a votación, para que sean ustedes quienes decidan si debe o no entregarse el premio Becky Sharp en su versión 2009.
Y no deja de sorprenderme la votación, porque está muy reñida y en ella han participado personas de todo el mundo y de todas las nacionalidades. Eso me emociona. Porque independiente de cual sea el resultado (que debido a mi nivel de trabajo prefiriría fuera "no"), no deja de ser bonito que personas tan diversas y con intereses tan distintos se tomen el tiempo de abrir este anónimo y humilde blog, y votar. Votar, como si fuera una elección presidencial, como si fuera una encuesta CEP, como si con ello nos jugáramos el destino del Universo. Realmente bello.
A todos los votantes, quiero agradecer su interés y les aseguro que respetaré el resultado -sea cual fuere- y el concurso sólo se realizará si gana la opción "sí".
Aprovecho la ocasión para pedir perdón por el abandono en que he tenido este blog, pero entre la escritura, mis muchas lecturas, el tema que estoy investigando y los consejos quincenales, no me ha quedado mucho tiempo libre. Pero ya volveré. Sólo espero parar un poco este ritmo que me ha tenido sumergida en el trabajo y con menos vida social.
También aprovecho de saludar a mis amigos escritores, a quienes hace tiempo no veo y con quienes tengo pendiente nuestra comida quincenal (tenemos que buscar un nuevo local porque el Olán se nos puso caro) y a quienes espero ver en lo de Ford. Y a mis amigas seguidoras de Becky, todas mujeres regias, delgadas e inteligentes (ustedes saben quiénes son). Y por supuesto a mis admiradores y amantes secretos, fieles y no tan fieles seguidores de este blog.
Nos vemos pronto.
PD: No me he olvidado del mini taller. Se realizará, nieve o truene, el viernes 29 de agosto. Tenemos tiempo para escribir.
PD2: Vayan al Museo de Bellas Artes, la exposición de los cuadros del convento de las Carmelitas está muy buena.
PD3: No me busquen en el Ona, cambié sus brownies por los que venden en La Chakra, donde además tienen el mejor pan integral del universo (100% orgánico), los productos JUST para el bienestar emocional, los tomates y lechugas de la huerta y las cremas Logona que usa Becky para mantener su cutis bello. Además queda al lado de mi casa y los socios del Yogashala pagamos un 10% menos.

10 agosto 2009

Las lecturas de mis hijos

"La Historia del Osito Bosque" es el cuento favorito de mis hijos, aunque llevan años escuchándolo. Es la historia de un osito goloso y desobediente, que suele meterse en líos por no hacer caso a sus padres o seguir los malos pasos de su amigo Lagartijín. Es una historia simple, que comienza y termina con una pegajosa canción, pero que no ha dejado de entretenerlos en todos estos años porque es una historia divertida, que tiene aventura, acción, e incluso peligro, pero siempre un final feliz.
No traten de googlearla o buscarla en alguna librería, porque no la encontrarán. "La historia del osito bosque" fue inventada hace años por mí (en especial la canción), pero cuyo argumento fue creciendo muchísimo gracias a los aportes de mis hijos y de mi Jorge (que incluso durante un tiempo le dio un carácter medio violento a un par de personajes, para deleite de mis hijos) y hoy en día es una historia inmensa, preciosa y, principalmente, nuestra.
De todos los libros que les leí cuando eran chicos y de todos los que he comprado, creo -sin lugar a dudas- que el osito bosque sigue siendo el personaje literario favorito de mis hijos, más que Winnie, Peter Rabbit y los muchos Jerónimos, Papeluchos y Teos. Y creo que el amor que ellos sienten hoy por la lectura y en especial por las buenas historias se debe mucho a ese osito guatón y porfiado que con sus aventuras logró convertir el tiempo de acostarse en un minuto para las palabras, y en especial, para soñar y regalonear.
Ayer, me enojé con uno de mis hijos porque no ha terminado de leerse un libro para el colegio, a pesar de que le ha gustado mucho. Y a otro de mis niños debo suplicarle que no lea tanto, porque no dosifica y es capaz de quedarse hasta la 1 de la mañana por la ansiedad de terminar un libro. Quizás no debiera meterme tanto en las lecturas de mis niños, pero como buena lectora que soy me es imposible no vigilar sus hábitos, recomendarles libros, incentivar, proponer, conversar, discutir.
A mi hijo mayor, un ávido lector que me recuerda a mí de niña, ya no le leo los libros, pero no hay día que no me cuente cómo van las aventuras que está leyendo, sean de Gerónimo Stilton o de los terribles hermanos Darling, de ASTERIX o de algún libro de Roald Dahl. Ahora él me recomienda libros, me comenta, me instruye, tal como yo le hablo de los libros de Poe, Richard Ford o Paula Fox.

Hace poco le conté de un libro que le había comprado cuando él era chico y al que tuve que cambiarle el final mientras se lo leía porque no me pareció apropiado para su edad. El se rió, pero me encontró la razón. Era un libro de Mark Twain -La Historia de un niño malo y de un niño bueno- en una edición preciosa, con dibujos maravillosos y que me salió bien caro, pero que no era para niños, aunque lo pareciera. Y no es primera vez que me encuentro con libros que en apariencia van dedicados a los niños, pero cuyos temas son para adultos con el criterio más que formado.
Hay uno de princesas olvidadas, bellamente dibujado por Rébecca Dautremer, que ciertamente no es para menores, a pesar de que suelen regalárselo a niñas de menos de 10. Y hay otro aún peor, "Las niñas son raras, pero huelen rico", que está en los principales mesones de las librerías y en las vitrinas, y que por error le compré a mi hija para las vacaciones de invierno, y que es el libro más ofensivo que he tenido en mis manos. Por suerte, mi hijo mayor lo hojeó antes que ella lo leyera y me advirtió de su contenido inescrupuloso y grosero (muy adornado con ilustraciones infantiles e inocentes) y juntos lo botamos a la basura.
Porque así como hay comida que les hace mal a los niños, hay lecturas que no son para ellos, a pesar de que estén ilustradas y coloreadas. Y como padres debemos estar atentos para distinguir y aconsejar.
Cuando mi hija de nueve años me preguntó -días después- por su precioso libro rosado, no dudé en responder que no era un libro para ella, ni para ninguna mujer, porque nos ofendía, nos hacía parecer seres inferiores, mentalmente incapaces y sin valores. Y, para mi sorpresa, ella entendió y fue la más feliz cuando supo que lo habíamos botado al basurero. "Para que ninguna otra niña lo lea", me dijo, "y para que nadie hable mal de las mujeres". Y aunque voy a tener que comprarle otro libro y hacer que me abran el plástico en la librería para revisar bien el contenido, doy gracias porque no alcanzó a leerlo. Y doy gracias por tener un hijo lector, que ya a sus 11 años, sabe distinguir qué libro es para su hermanita y qué libro no.

Jill


JILL
Philip Larkin
Lumen, Buenos Aires, 2008
338 páginas
$10.000

Muchos escritores comienzan su carrera garabateando versos para luego pasar a las novelas. Philip Larkin (1922-1985) hizo el camino inverso: publicó un par de novelas y trató de escribir una tercera, pero ante la imposibilidad de hacerlo decidió seguir con la poesía, convirtiéndose en uno de los más grandes poetas ingleses del siglo XX. Pero no por eso sus novelas deben ser olvidadas, especialmente la primera, Jill, que escribió a los 21 años de edad mientras estudiaba en Oxford, y que a pesar de la juventud del autor, dista bastante de ser una novela de primerizos.
Publicada originalmente en 1946, la novela volvió a ser publicada en 1964 –cuando el autor ya se había hecho un nombre como poeta- con un prólogo en el que Larkin definía su novela como “una historia sin ambiciones” y donde esperaba que el lector todavía disfrutara “de la indulgencia que tradicionalmente se le concede a las obras juveniles". Pero a pesar de las advertencias, Jill es una muy buena novela, y no sólo por ser escrita por un joven estudiante de 20 años.
Es una novela de ambiente, que nos muestra el mundo universitario de Oxford durante la Segunda Guerra Mundial, bajo la mirada de un estudiante pobre y extremadamente tímido que, tras ser becado en el colegio ingresa a un exclusivo college inglés, donde para su desventura debe compartir habitación con un joven rico y vividor, cuyas preocupaciones van por el lado de la juerga y el alcohol más que por el estudio. Y es en el encuentro con este antagonista y su tropa de amigos que John Kemp saca a relucir todos los matices de su personalidad: la envidia, la tristeza, la timidez y también sus ansias por destacar y ser aceptado dentro de este grupo de gorrones. Y es el encuentro con este antagonista unido al tedio de la universidad y las constantes amenazas de bombardeo, lo que lo llevan a inventarse una hermana, Jill, que tiene la misma cara de una niña que visita el college, y con quien termina obsesionándose hasta la fatalidad.
Jill retrata con crueldad y simpleza el mundo universitario de Oxford de 1940 (con sus escenas de trenes, cafeterías, dormitorios y pubs): el mismo que conoció Larkin mientras estudiaba ahí y donde forjó su férrea amistad con el entonces estudiante Kingsley Amis. Y aunque el autor aseguraba años después que “lo que pretendía en 1940, más que exagerar las diferencias sociales, era minimizarlas”, lo cierto es que la novela habla de las diferencias sociales, como también de los diferentes intereses de los jóvenes de esa edad, y de sus distintas maneras de evadirse en esos tiempos grises, fúnebres y adversos.


Reseña aparecida en Revista de Libros el 26 de julio de 2009.

22 julio 2009

Una noche perfecta

Después de correr toda la mañana, armar maletas mías y de mis niños, ordenar y limpiar y manejar por tres horas por la carretera oscura y mojada, logré llegar a Santiago (y reencontrarme con mi amado) para disfrutar del mejor recital de este año. Por meses esperé su llegada y por fin anoche pude verla en vivo y en directo. Cat Power (Chan Marshall) estuvo impecable, delicada, maravillosa. No por nada es considerada una de las mejores voces femeninas del momento y una de las mujeres más sensuales del planeta. Afuera del Caupolicán llovía a cántaros. Adentro, una audiencia cautiva escuchaba con atención. Yo, en una ubicación inmejorable y con mi gran amor de la mano. Después del recital nos fuimos al Normandie por una sopa de cebolla y una conversación relajada. Y para hacerlo más perfecto, ¡hasta se cortó la luz!, y en segundos las mesitas del bar se llenaron de velitas para hacer más perfecta la noche más romántica del invierno. Gracias Cat Power por la velada. Gracias amor, por ser como eres. Gracias Master Card por pagar las entradas.



07 julio 2009

Las Horas del Verano

Tengo un amigo que me adora -tanto que me dedicó un blog de alto contenido erótico- y con el que suelo salir de cuando en vez. Este sábado me tocó salir con él. Y lo pasamos genial. Un cafecito en el Ona -él tomó mate con azúcar- tipo siete de la tarde y luego compartimos un brownie y una linda caminata por el barrio Lastarria-Forestal. Pasamos por Berry y por el Bar Don Rodrigo, donde el guardia nos saludó con tanto cariño que le prometimos visita para este mes (pensar que todavía se acordaba de nuestros lunes literarios en el bar). Y para amenizar la tarde, entramos al Biógrafo a ver Las Horas del Verano, una película sencillamente espectacular. Habla de la familia y de la tradición, y de tantas otras cosas más, que vale la pena verla, de verdad. A mi amigo le encantó, a mí igual. Después nos fuimos a comer unos sushis al Kintaro, y comentamos la película y lo difícil que es mantener buenas relaciones en el entorno familiar. En la película lo resuelven bien. En el libro que me acabo de leer bastante mal. El libro se llama Los Hijos de la Viuda, de mi adorada Paula Fox, y habla sin tapujos de la difícil relación de una madre con su hija y de esta mujer con sus hermanos. El tema se ha escrito harto, pero Fox lo muestra de una manera natural, triste y despojada, que bien vale su lectura. Aunque no deja lecciones para seguir. Porque tanto en la literatura como en la vida, el tema de las relaciones familiares no es un tema fácil de resolver. Pongamos o no pongamos de nuestra parte.
Gracias amigo por el panorama (aunque personalmente ya se lo agradecí) y por ser tan bueno conmigo. La próxima invito yo.
Ah, y también gracias por llevarme el domingo a almorzar con mis niños al Morandé. Les encantó el restaurant y lo mejor fue encontrarnos con el mismísimo Comisario Rivas en el lugar (Alvaro Rudolphy). Por su mirada maléfica, estoy entrando a creer que es él quien secuestró a Elisa. Y mis niños lo creen también. Puede ser. Debiéramos preguntarle si lo vemos otra vez.

23 junio 2009

Aviso III

Por última vez quiero dejar esto en claro: soy una mujer felizmente casada y muy enamorada de mi marido. Así que a todos aquellos que día a día me escriben vía e-mail o celular, me mandan cartas al correo, espían mi casa, mi blog y facebook, inventan patrañas para separarme de mi amado, y definitivamente quieren tenerme o poseerme, a todos ellos quiero decirles que me dejen en paz. Y, por favor, no sigan torturando más a mi amado, que en este preciso momento está pasando por un tremendo dolor interior, y a quien mando un saludo a la distancia.
Amor: ya boté todos los peluches y cartas, y vacié la papelera. Te quiero.


22 junio 2009

El Invierno Más Crudo

El frío que siento debe ser bastante menor que el que sintió Paula Fox durante su estadía en Europa en 1946 y que aparece claramente retratado en El Invierno Más Crudo, el primer libro que leí del embarque que me llegó de Buenos Aires. Porque aunque no estoy sumergida en el invierno "más duro de los últimos 20 años" ni sólo tengo un abrigo prestado para taparme, aún así estoy pasando el invierno más crudo de mi vida y ni siquiera los lindos guantes que me regaló Víctor ni el precioso chal que me dio Roque han logrado calentarme como lo hacía mi antigua calefacción.

Calefacción querida, que llenaba de calor cada rincón de esta gran casa, y que ahora, tras un accidente casero ha dejado de funcionar, y ha sumergido a mi familia en un estado de gran congelamiento, del que sólo podremos salir cuando ésta vuelva a funcionar. ¿Cuándo volverás a este hogar?

Mis niños llegan del colegio y se encuentran con una casa, pero no con un hogar. Es un lugar frío, donde sólo hacinándonos en una pieza logramos entrar en calor. En la noche cada uno con su guatero, como niños dickensianos logran llenar sus camitas con un poco de calor. Pero lo peor son las frías mañanas en este escritorio, donde con los dedos congelados apenas ha podido escribir. Algunos días, cual JK Rowling he partido al Starbucks en busca de café y calor y es ahí donde más he podido trabajar. Pero no es tan cómodo como mi mesita de cuero, donde están mis libros, mi impresora y la tranquilidad del hogar. Ni tan seguro (porque es bien sabido que los robos son muy altos en los cafés con internet).
Oh, calefacción querida, ¿cuándo volverás a mi hogar?

Me llama mi hermana para hablarme de la Toyotomi y una amiga me recomienda la estufa Kerona. Pero yo no quiero parafina, quiero mi calefacción central, que calienta baño, piezas y cocina, que me permite caminar descalza y usar mini camisas de dormir. ¿Dónde estás calefacción? Mientras espero su llegada forro a mis niños con chalecos y cuellos, compro guateros de mano, pies y cuerpo, tiro chales sobre las camas y me paseo con mis guantes y mi echarpe de artesanías Chile por toda la casa.

Oh, calefacción querida, vuelve pronto a este lugar.
Que tu ausencia ha enfriado mi casa, mi cama y mi corazón.
Ha congelado a mis niños, a mis amigos y mi razón.
Me ha vuelto fría, distante y tonta.
Cesante, aburrida y abúlica,
gélida, antipática y casta
como nieve virginal.

18 junio 2009

Aviso II


Noticia de último minuto: El mini taller de este viernes se realizará en la casa de Margarita. A la misma hora. Terrazas de Providencia inundadas. Favor traer las copias para los demás integrantes. No se recibirán textos por correo electrónico. Ni tampoco participantes sin escritos propios. Nos vemos.

17 junio 2009

Aviso


Viernes. 6 de la tarde. Mini taller en la las terrazas de Providencia. (Si llueve, se hará en el interior). Los espero. Lleven sus copias.

Ah, y feliz Bloomday a todos los seguidores de Joyce. Espero que tengan un lindo día (y contesten el quiz de The Guardian).

Y a los demás, que tengan una linda semana. Que no se enfermen. Ni pasen frío.



11 junio 2009

triste/feliz


El día anterior a mi cumpleaños amanecí medio triste. Pero al rato me llegó vía correo una encomienda que había encargado a Buenos Aires: El invierno más crudo, de Paula Fox, con parte de sus memorias juveniles y volví a sonreír.

Medio feliz salí de mi casa, pero sin darme cuenta choqué el auto con el portón y volví a ponerme triste. Además de malhumorada. Mientras intentaba arreglar el portón (que se había descarrilado) apareció mi abuela por la calle. Me traía unos chocolates, unas malvas y unas gomitas. Justo lo que necesitaba. Entonces volví a sentirme feliz.

Con mis regalos en el auto, me dirigí a hacer unos trámites, y de nuevo me entristecí. Y me quedé triste por varios días.

Aunque a ratos volví a ser feliz, como cuando me junté con mis amigas del colegio a celebrar mi cumpleaños en el Sushihana y me llenaron de regalos maravillosos y cuentos sabrosos. O cuando mi hijita ganó el primer lugar en el campeonato de atletismo y yo sentí que todo el sacrificio (la levantada a las 6 de la mañana, cargar con los chales para el frío en el estadio y preparar café para no congelarme) había valido la pena. O cuando mi hombre, sabiendo cuánto me gusta leer, me trajo de regalo el último libro de la Siri Hustvedt -Elegía para un americano- y En el café de la juventud perdida, de Patrick Modiano. O cuando mis amigos me celebraron en el Olán con nuestros clásicos pisco sours catedrales. O cuando descubrí que un admirador secreto había creado un blog en mi honor -un blog bastante subido de tono, y por eso no puedo compartirlo- que me ha hecho muy feliz.

Pero a ratos vuelvo a estar triste. Y sin darme cuenta se me ensombrece la cara. Por el polerón que perdió mi hijo en el colegio, por el saludo que no recibí, por la amiga que no se acordó de llamarme, por el otoño y sus tristes hojas, por la maldad de la gente, por distanciarme de las personas que quiero, por perder el tiempo, y por no tener tiempo. Por todo. Y también por nada.

Sé de varios amigos que están igual. Como maníaco depresivos. Para algunos funcionan los ansiolíticos o los levantadores de ánimo. Yo nunca los he tomado ni tampoco he ido al siquiatra. Así que vivo mi tristeza a fondo, con llantos inesperados y penas profundas. Y luego exploto de alegría inmensa cuando estoy con mis hijos y mi amado, o me como un chocolate en el clóset o me avisan de un artículo que me van a publicar.


02 junio 2009

pura ficción
















él perdió su chaqueta y las llaves del auto

a ella le dijeron maraca y luego beata y mojigata

ella bailó calle 13 y the cure con sus amigas

lo besó en la pista de baile y le dijo que lo amaba

le prestó su rouge a una mina en el baño

y luego vio a la mina besando a dos hombres distintos

él casi se agarra por celos

ella empujó a su amiga cuando la llamó maraca

ella quería irse pero no tenía las llaves

y él quería quedarse y hacer un escándalo

ellos se amaban en la pista de baile

y también se celaban y a ratos se odiaban

la mina del baño le preguntó por su vestido

es viejo, le dijo

el de ella era arrendado

ella tomó tres vodkas para armarse de valor

él tomó cinco para hacerse el valiente

a ella los vodkas sólo la alegraron

a él lo pusieron furioso

celoso

celópata

morboso

y violento

a ella le cantaron feliz cumpleaños

con una vela en medio de unos pasteles

y él la abrazó cariñoso

y sus amigas la besaron a pesar de la gripe porcina

y la mina del baño casi la bota de puro borracha

con los labios pintados con el rouge que ella le había prestado

ella quería irse pero no tenía las llaves

las tenía la mina que la había llamado maraca

pero no encontró la chaqueta

ni tampoco la linda corbata

y ella se fue manejando y conversando con una amiga

mientras él dormía borracho en la parte de atrás

ya era de día

y había terminado su cumpleaños

mientras en la fiesta algunos seguían bailando


20 mayo 2009

Carta de S.


Estimada amiga Becky Sharp:

Al leer su último post veo que tomó en consideración mis humildes recomendaciones. Quiero contarle que sigo encamada, por suerte muy bien acompañada por Daniel Alarcón, Felipe Camiroaga y Mac.
Este par de días en cama me han hecho descubrir grandes cosas:

1.-La televisión chilena es pésima y el único matinal que salva es El Buenos Días a Todos, que tampoco es muy bueno, pero por último tiene a Camiroaga.
2.- No tolero los programas de farándula. Ni los Nachos, las Patas y los peluqueros rascas.
3.- Si tengo que elegir entre ver tele o leer, me quedo con leer.

Debo contarle que, por suerte, antes de enfermarme me llegó un ejemplar del último libro de Daniel Alarcón -El Rey siempre está por encima del pueblo- que me ha entretenido bastante en estos puercos días de gripe. Y por suerte también no me he sentido tan decaída y he podido seguir trabajando en ese proyecto que alguna vez le comenté. Como hormiguita, usted sabe, calladita y ordenada.

Y también debo confesarle que he estado viendo ¿Dónde está Elisa? y hasta he soltado mis lagrimones. No sé, hay algo que me hace sentir empatía con Sigrid Alegría. Debe ser nuestro común rol de madre. O quizás la gripe, que me tiene medio atontada.

En fin, como sea he tratado de descansar y recuperarme, porque se me acercan muchos compromisos impostergables -reuniones, mitines políticos, cumpleaños, despedidas de soltera, campeonatos deportivos, una boda (me encanta esa palabra, es tan chula) y mi cumpleaños. Todos compromisos que requieren mi asistencia y mejor presencia, y que empiezan este fin de semana y no paran hasta fin de mes.

Si tiene tiempo y no teme enfermarse, puede visitar la exposición de Valenzuela Puelma en el Cultural de Las Condes, que está bastante buena, y donde de seguro no va a haber público extranjero. Por cautela puede hacerlo con mascarilla (esa misma que usó cuando se hizo el tratamiento de keratina con formol y que casi la mató de intoxicación, alergia y cáncer al cuero cabelludo) o enfundarse en un gran pañuelo ecuatoriano o paquistaní, para evitar todo tipo de contacto.
Le mando un beso grande,
y nos vemos cuando pase esta pandemia porcinesca.

Becky ante la Pandemia


1.- No invitaré a ningún amigo de mis hijos a la casa ni tampoco a sus padres.
2.- No besaré ni tocaré a ninguna persona que haya viajado fuera de Chile.
3.- No andaré en avión, taxi, bus o metro ni tampoco visitaré teatros, cines o centros comerciales.
4.- Visitaré museos (en especial el Bellas Artes) que tienen muy buena ventilación (por lo general los vidrios están rotos) y poca afluencia de público.
5.- Tampoco me juntaré con profesores, en especial profesores de colegio particular del sector oriente de Santiago, ni los recibiré en mi casa hasta pasada esta pandemia.
6.- Como medida de resguardo tampoco me veré con personas que trabajen en empresas con muchos empleados (sea Endesa, Coca-Cola, Chilectra, Gasco, etc.) por las altas posibilidades de tener a algún enfermo entre sus trabajadores.
7.- Tampoco recibiré en mi casa -menos en mi cama- a personas que por su trabajo mantengan contactos con extranjeros o se dediquen al comercio en sectores turísticos de Santiago como Alonso de Córdova y Nueva Costanera.
8.- Recibiré a personas que trabajen en bibliotecas, salvo aquellas que estén ligadas a algún centro comercial -dígase Biblioteca Viva- que suelen tener gran afluencia de público nacional e internacional.
9.- No visitaré a ningún amigo que esté enfermo ni entraré a alguna clínica u hospital, a menos que sea yo la infectada. En caso de que esto llegara a ocurrirme, pido que por favor no me discriminen y me vayan a visitar (con mascarilla y Tamiflu) y se abstengan de entregar fotos mías a la prensa.
Cariños a todos,
Becky Sharp

14 mayo 2009

A la pasada...

Perdonen el abandono, pero he estado en mil cosas. En todo caso no me he olvidado de nuestro mini taller de mayo para la próxima semana. Sigan escribiendo y nos vemos pronto. Yo sigo con mis trámites gubernamentales, papeleos varios y mi nuevo cargo de "asesora". En cualquier minuto me llaman para un cargo en el ministerio. Los quiero. No me olviden.

03 mayo 2009

La Flor Púrpura

Esta impresionante novela marcó el debut literario de Chimamanda Ngozi Adichie (1977), la nigeriana que el 2007 obtuvo el prestigioso premio Orange por su segunda novela Medio Sol Amarillo y que a sus 30 años y sólo dos novelas publicadas no ha parado de recibir condecoraciones y buenas críticas.

Narrada por su protagonista, una tímida niña de quince años de nombre Kambili Achike, La Flor Púrpura (en inglés, Purple Hibuscus) cuenta la historia de una familia acomodada de Enugu, que bajo un manto de perfección esconde los constantes abusos de un padre tirano y fanático religioso, quien no duda en castigar a su esposa y a sus hijos ante cualquier cosa que él considere un error.

“Todo empezó a desmoronarse en casa cuando mi hermano, Jaja, no fue a comulgar y Padre lanzó su pesado misal al aire y rompió las figuritas de las estanterías”, comienza el relato de Kambili, quien en un principio parece no entender lo que sucede en su casa: se niega a escuchar los ruidos que vienen de la habitación de sus padres, se niega a creer que su padre haya golpeado a su madre hasta causarle un aborto; en fin, no quiere entender que “Padre” (como ella lo llama), un hombre tan venerado en su comunidad, un ejemplar defensor de los derechos humanos y activo participante de la Iglesia Católica sea en realidad un sádico.

Y mientras avanza el relato de Kambili, el lector va enterándose de la violencia y crueldad del progenitor, de la sumisión enfermiza de la madre, de los castigos que recibe el hermano mayor, Jaja, y de los dolores de Kambili, quien muda y obediente, sólo calla. Pero todo empieza a cambiar cuando los niños son invitados a pasar unos días en Nsukka, en la casa de su liberal tía paterna, -una madre viuda con tres hijos y serias dificultades económicas- y los hermanos descubren el hibisco de flor púrpura que da nombre al libro, se reencuentran con su abuelo (a quien el padre consideraba un pagano) y comienzan a cuestionar la autoridad de su progenitor. En casa de la tía, relata Kambili, “ya ni siquiera recordaba que hubo un día en que deseé no volver a abrir los ojos, había olvidado aquel dolor intenso en todo el cuerpo”, y esa ansia de tranquilidad es lo que precipita el desenlace final.

La novela, ambientada durante uno de los períodos dictatoriales de Nigeria (posiblemente el de 1993), nos hace partícipes de la violencia de un país y de un hogar, y nos muestra a este padre con dos caras tan disímiles: por un lado, un héroe para la sociedad y enemigo de la dictadura, y por otro lado, un tirano, un hombre tan fuertemente atraído por el mundo de los blancos –por el capitalismo y el fanatismo religioso- que reniega de su propio origen igbo. Narrada con realismo e inocencia, la novela tiene pasajes desoladores, y tristes -tan amargos como el utazi que las mujeres echaban al caldo-, sólo alivianados con la refrescante irrupción del joven sacerdote Amadi y la lenguaraz prima Amaka, y las infaltables horas de almuerzo y comida, cuando los niños se distraían comiendo arroz con ñame y haciendo bolitas de fufú para echar a la sopa.


22 abril 2009

Un punteo


-He estado con mil cosas y no he tenido tiempo para nada.
-No quiero que mi amigo S. deje de escribir.
-Ni que abandone el mini taller.
-Tengo que contarle de la charla que di sobre Edgar Allan Poe. Si hubiera estado ahí, se habría sentido orgulloso de mí. Y feliz del interés que despertó el escritor entre los asistentes. (Parte de lo que hablé aparece en este artículo que publiqué en el Artes y Letras)
-Tengo que ir a ver a mi amiga C. que tuvo a su tercer hijo hombre.
-Y también contarle de mi nuevo trabajo.
-Otro trabajo sin paga, pero importante.
-Y hablarle de lo que estoy escribiendo.
-O mejor no contar nada hasta más adelante.
-Y seguir trabajando como hormiguita.
-En silencio.
-Y seguir escribiendo.
-Libre.
-Prometo volver a la Feria uno de estos días.