30 abril 2010

Un gran regalo

El viernes llegué tarde a almorzar. Me había pasado la mañana entre trámites lateros, textos aburridos y repartiendo niños propios y ajenos cuando llegué a mi casa, pasadas las tres, a comerme mis tallarines con salsa en compañía de mis hijos. Pero antes de sentarme, un sobre gordo llamó mi atención. Ahí, sobre la cómoda de la entrada me esperaba un paquetito de Correos de Chile con mi nombre, y ante la mirada atónita de mis niños me dispuse a abrirlo de inmediato. No había encargado libros al extranjero (porque me estoy esperando para mi viaje a Baires) ni tampoco era mi cumpleaños, así que realmente no tenía idea de qué podía haber dentro de este sobre de cartón ni menos quién me lo había mandado. Y cuál no fue mi sorpresa al descubrir un par de libros antiguos y una tímida tarjetita de mi amigo C.A., gran gestor bibliotecario y promotor de la lectura en nuestro país. Y los libros que me enviaba no podían haber sido más para mí: una versión en inglés de Mrs Craddock de 1957 y gran hallazgo gran, The Introduction to modern English and American Literature, los dos de mi bien amado William Somerset Maugham, y que vienen a engrosar mi sección de libros del autor que, creo, debe ser de las más completas del país.
Y C.A. no sabe cuánto agradezco su regalo (ya lo llamaré para agradecérselo oralmente) porque Mrs. Craddock es uno de mis libros favoritos y Bertha mi antiheroína regalona (junto a Emma Bovary y Becky Sharp, por supuesto), y ansiaba leerlo en inglés (por sugerencia de Diego Lira y porque quizás por ahí vaya mi tesis de magíster). Y el otro, era un libro que desconocía, de 1943, y que, al parecer, no ha sido editado en español, y es una recopilación hecha por WSM de sus autores favoritos, donde -era que no- hay varios favoritos míos como Eudora Welty, Auden, Dorothy Parker, Virgina Woolf, Forster, Katherine Mansfield y WB Yates. Qué gran regalo, C.A., no sabe cuán feliz me puso. O quizás lo sabía y por eso pensó en mí cuando se encontró con estos volúmenes.
Como sea, este post va dirigido a usted, por ser tan buen amigo, detallista, dedicado y fiel. Y espero poder agradecerle este regalo personalmente lo antes posible. Eso sí al encuentro me acompañará mi marido -un hombre fuerte y muy celoso- que no vio con buenos ojos que un hombre apuesto y soltero como usted me mandara regalitos por correo (y en especial que uno de los libros fuera protagonizado por una mujer infiel), aunque quedó más tranquilo luego de que le expliqué que este era "un regalo literario". Un regalo literario maravilloso, que dejó la vara muy alta a quienes quieran sorprenderme para mi cumpleaños, y que ansío poder leer pronto, si es que los libros de teoría literaria me dejan un respiro. Muchas gracias, C., lo quiero mucho (desde antes del regalo) y espero con ansias verlo luego.
PD: De Mrs Craddock es la famosa frase que encabeza este blog. Ahora la tengo en inglés: "Better ten thousand times, in her opinion, was it to be Becky Sharp and a monster of wickedness than Amelia and a monster of stupidity".

En el Canadian Express

Desde que entré a la universidad ando con un fajo de fotocopias en el auto y un destacador amarillo en la cartera. Así, en cualquier minuto libre, me pongo a leer y subrayar como posesa los ensayos de Piaget, Bajtín, Gutiérrez Girardot y Bourdieu, que se han convertido en mis nuevos compañeros de café, y por quienes -por el momento- he debido abandonar a mis queridas amigas, las novelas, que esperan entre el velador y la repisa que me apiade de ellas y las tome de nuevo entre mis manos. Mi hijo mayor, de 12, preocupado por mi cambio de lecturas, me aconsejó una noche, antes de acostarse, que no dejara de leer novelas, "porque son tan entretenidas" y abandonara las fotocopias un rato. Y como buen lector que es me recomendó el libro que, fascinado, se había terminado hace unos días, El Asesinato en el Canadian Express, de un tal Eric Wilson.

Y el librito forrado en plástico quedó sobre mi velador por varios días, y cada noche, antes de dormirme, lo miraba e incluso un par de veces lo tomé para leerlo, pero era tanto mi cansancio que me dormía antes de llegar a la segunda página. Y todas las mañanas mi hijo me preguntaba por el libro y yo veía su carita de decepción cuando le decía que no había podido leerlo. Hasta que el martes me di cuenta de lo egoísta que había sido. Yo, que vivo recomendándole libros, que lo hago leer a Poe y a Melville, que le muestro la diferencia entre un libro de tapas bestselleras y un clásico de la literatura, que le digo siempre y en todo momento lo feliz que me me pone verlo leer; yo, la misma que he ayudado a formarle un gusto y una opinión, que escucho cada uno de sus comentarios, ahora no me estaba dando cuenta que mi niño, a sus 12 años, me estaba recomendando un libro. Un libro que le había gustado, por supuesto, pero que además él creía que era un libro bueno y del que necesitaba saber mi opinión.

Y así fue como el miércoles en la mañana decidí dejar a Bajtín de lado y sumergirme en el famoso Canadian Express. Y me tomé en serio el trabajo, tomé apuntes, puse atención en cada una de las 160 páginas y cuando lo terminé -a eso de las 3- esperé a mi hijo con mi análisis literario ya terminado. Y debo reconocer que lo dejé sorprendido. ¿Cierto que era bueno, mamá?. Buenísmo, le contesté, aunque no dejé de comentarle que me parecía extraño que al niño detective se le hayan pasado varias pistas del asesinato. Pero esa es la gracia, mamá, me dijo con su voz ronquita, eso lo hace más real, porque es sólo un niño. Y ahí entendí que por más que se lea con atención un libro, cada uno -desde su experiencia- le va a dar una lectura distinta, personal y única a "su" libro. Y no es por mamá chocha, pero debo admitir que la lectura que hizo mi hijo fue bastante más acertada que la mía.

12 abril 2010


No he tenido tiempo para escribir. Ni para el blog, ni para el diario, ni para mí. Porque marzo fue una locura y mi sorpresiva entrada a la universidad también. Y además he estado en mil cosas distintas -desde comprar un vestido para el matrimonio de mi primo hasta estudiar (y tratar de entender) todo lo relacionado con el método literario y sus implicancias. Pero no quisiera dejarlos tan botados (sobre todo desde que sé que tengo nuevos seguidores) y voy a intentar retomar este espacio.

En especial porque sé que lo leen mis amigos R y V, fieles espadines que me han acompañado por varios años en nuestra aventura (y locura) de escribir, y a los que no he podido ver por estos días, y a quienes extraño profundamente (y sé que están ansiosos por escuchar mis aventuras universitarias).

Y también porque sé que me leen varias de mis amigas. No las puedo nombrar a todas, pero ustedes saben quienes son. Sólo quiero decirles que principalmente por sus comentarios sigo escribiendo esta Feria. Porque sé que de este blog sacan ideas de lecturas y también panoramas. Y sé que también las hago reír. O distraerse de sus problemas. Y estoy pensando principalmente en tres queridas amigas cuyos nombres empiezan con C.: la sensible CV, con la que puedo hablar todos los temas del mundo tomándonos una limonada en Luis Pasteur; la bella CG con quien comparto el gusto por los libros, por los quehaceres maternales y por tantos temas más, y la rubísima CF, entrañable amiga de "oficina", con quien suelo compartir un café y tantos secretos como preocupaciones. A todas ellas y a muchas más que me siguen, les dedico mis más sinceros agradecimientos.

El sábado una de mis primas chicas me confesó que también me leía. Y por ella (a quien admiro mucho, tanto por su belleza como por su inteligencia) y por todos esos amigos, primos o cercanos que me leen sin que yo lo sepa, es que también voy a seguir escribiendo. Porque parece que no no los aburro todavía. Y porque me tienen afecto. ¿O les provoco curiosidad? Como sea, la cosa es que me leen, y eso lo agradezco profundamente.

Me he pasado dando puros agradecimientos y no he dicho nada nuevo. Pero prometo retomar mis recomendaciones en un tiempo breve. La verdad es que no he salido mucho por estos días, salvo las idas a la universidad y a una que otra cafetería. Lo que sí hice fue visitar la exposición de Joseph Beuys en el MAVI y la muestra de Gonzalo Rojas en el piso de arriba, que está espectacular (parece que ya les había contado, ¿no?). Y descubrir, con agrado, que la carta de helados del Sebastián está triplicada y que no hay nada mejor que un helado de yogurt con blueberry después de almorzar unos maravillosos ravioles con funghi y camarón en el Rívoli y de visitar la Takk y la Ulises buscando el libro Dublinesca (aunque sin comprarlo). También quiero recomendar a Pepperone Café, una pizzería que se puso en Luis Pasteur y que tiene unas pizzas rústicas exquisitas (y una limonada con albahaca que es una delicia) y la exposición sobre el poeta Juan Luis Martínez, que me recomendó visitar mi amorcito, y a la que todavía no he podido ir. Y los chocolates de Damien Mercier, que son lo máximo, y que fueron, por lejos, los huevitos de chocolate más ricos que les llegaron a mis niños en esta Pascua de Resurrección.

Ahora tengo que seguir que mis deberes, así que los dejo hasta otro día. Estoy releyendo a Lorrie Moore, y sigo fascinada con ella. Y cuando termine tengo un alto de cosas esperando ser leídas. Ahí les sigo contando,
gracias por seguirme
BS

PD: El jueves almuerzo contigo, CG, puede ser en el mismo lugar del otro día, que estaba delicioso.
PD2: A todas las que quieran donarme cuadraditos de lana, bienvenidas sean. De 20x20, please y bien tejiditos, que este año hay que juntar más frazadas que nunca.


31 marzo 2010

Entre copias y copias



Cuando salí de la Universidad prometí que nunca más en la vida volvería a leer y estudiar de una fotocopia. Nunca más llevaría libros de la biblioteca a esos sucuchos universitarios que se llenan de estudiantes impacientes y jóvenes fotocopiadores de distintos humores, con ese olor a tinta quemada impregnándolo todo y papeles y papelitos repartidos por todas partes -para indicar comienzos y finales, y también los precios y los nombres de todos los alumnos que necesitan una copia de Bachelard, Piaget o Bajtín-. Prometí que si algún día volvía a entrar a la Universidad me compraría los libros de lectura o me los conseguiría, pero no volvería a estudiar en un facsímil ya subrayado, al que por lo general siempre le falta un par de páginas y tiene borroneado los pasajes más importantes.

Pero aquí estoy, de nuevo en las pistas. Tratando de hacerme amiga del "amigo" fotocopiador, pidiendo copias de cuanto teórico existe, corcheteando páginas y leyendo entre las líneas borrosas y/o rayadas y cargando cientos de páginas de aquí para allá. Y no crean que no traté de conseguirme los libros. Traté, pero no están. O sólo están en la sección de la biblioteca que no presta a nadie. Salvo al fotocopiador.

Lo único bueno ha sido constatar que la inflación no ha llegado al mundo de la fotocopia universitaria y que el precio sigue en $15 por hoja, ¡el mismo precio que tenía hace 13 años cuando egresé! Y esta es sólo una de las pruebas que confirma una de mis primeras hipótesis: aquí realmente el tiempo no ha pasado.

22 marzo 2010

Ah, y odio la palabra DANTESCO... creo que todos quienes la han usado como sinónimo de tragedia o catástrofe durante este terremoto no tienen idea ni quién fue Dante.

El 27 de marzo a la 1 de la mañana llegamos de nuestras vacaciones en el sur. Dos horas después un terremoto de más de 8 grados nos sacó de nuestras camas y nos expuso nuevamente ante una de las mayores fuerzas de la naturaleza. Vino el corte de luz, las noticias en la radio, el maremoto en algunas zonas costeras, el dolor de quienes perdieron a sus seres queridos, sus casas, su vida. Y aunque fui una afortunada por no tener que lamentar ninguna desgracia personal, por unos días mi vida también pareció quedarse suspendida en la tragedia. Los días en Chiloé y Valdivia se sentían lejanos y hasta reír me parecía inapropiado frente a tanta desgracia circundante.

Pero de a poco la vida comienza a normalizarse. Los niños entran al colegio y aunque siguen las réplicas hay que ir a comprar cuadernos y camisas celestes. De a poco comienzan a aparecer los amigos y sus distintas versiones de ese fatídico amanecer de marzo. Tratamos de ayudar con comida, ropa, plata, para tantos damnificados. Rezamos, pedimos, agradecemos estar sanos. Llamamos a nuestros conocidos, nos acercamos a nuestras familias. Quisiera decirles a todos lo feliz que me siento de que todos ustedes estén bien. Que mi familia no haya sufrido, que la familia de mi amigo Pablo en Concepción no sufriera daño, que mis amigas estuvieran en lugares seguros, que los que estaban cerca del mar pudieran arrancar. Agradezco que todos ustedes hayan pasado el terremoto sin rasguño, pero ante tamaña tragedia a veces se hace difícil volver a la cotidianidad. Y reconozco que me ha costado volver a salir de noche y retomar mis cafés con las amigas. He tenido un par de almuerzos -eso sí- que me han hecho reír por un rato y también volver a recordar el verano y el cielo con nubes cambiantes de Chiloé. Pero también han sido muchas las invitaciones que he declinado.

Como que por el momento mi cuerpo me pide quietud y mi mente, un respiro. Y aunque pensaba seguir este año con lo de siempre: mis artículos para el diario, mi mini taller de narrativa, mis horas de escritura y mis clases de yoga, algo hizo cambiar mis planes post terremoto y me impulsó a la universidad. Hoy entro al magíster de literatura en la Chile, sin conocer a nadie, tal como a los 17 entré a periodismo en la UC. Y me siento feliz por la decisión que tomé de volver a estudiar. Y me siento entusiasmada por volver a las lecturas, las clases, los ensayos, las tesis. Y volver a ser alumna, ahora que tengo 35 y tres niños grandes en plena vida escolar. Mi amado dice que esperé demasiado tiempo en cumplir mi sueño. Yo creo que este momento no podría ser mejor.

Espero poder seguir con el blog y con el mini taller, y también con los cafés a media mañana. También quiero escribir sobre el espectacular libro que leí de Lorrie Moore y sobre los fogosos efectos de las ostras de Caulín. Pero déjenme tomarme mi tiempo. Que todavía no miro las fotos del verano ni se me olvida el ruido que hizo la tierra al temblar.

19 marzo 2010


Perdonen, mis queridos lectores, por tenerlos tan abandonados, pero este comienzo de año ha sido de locos. Prometo ponerlos al día dentro de esta semana. Y con sabrosas novedades. Nos vemos.
B.S.

07 enero 2010


Tengo que escribir un tema, pero no ando muy motivada. Me pasaría enero paseando por Santiago y almorzando con amigos. Enero en la capital me encanta. Comprar libros, leer en la tarde en la piscina, ver a mis niños corriendo. Aunque me auto obligo a trabajar por las mañanas, y dejar escritos por lo menos dos artículos antes de irme de vacaciones, igual es una delicia estar en época de vacaciones y gozar de los lindos días de verano. Ayer almorcé con mi amiga V. de 2 a 5 (hasta nos apagaron las luces en el Huerto, para que nos fuéramos) y fue una delicia. La comida, tan rica, acompañada por esa limonada con menta que es exquisita y una conversación que extrañaba. Después caminamos hasta la Ulises, porque sigo en busca del libro de la Lorrie Moore. Les habían llegado unos ejemplares para la Pascua, pero los habían vendido. ¿A cuánto?, les pregunté. 25 mil. Por suerte, siempre está la web. Y sin tener que recurrir a España (que me sale más caro el envío), pude encontrar Al Pie de la Escalera a 20 dólares en mi librería argentina favorita. Aproveché de encargar el último de Auster, Invisible, que si Dios quiere llegará en su paquetito de cartón el lunes o martes de la próxima semana. :):):) No puedo más de la felicidad.
Mis niñitas están en sus Summer Activities y llegan en la tarde. Mi casa está preciosa, aunque tras la visita del viejo pascuero su linda fachada fue a medias tapada por una mesa de ping-ping. Pero es verano, y ha sido entretenido tener esa mesa y jugar con mis niños y mi maridito. Y hasta los abuelos han llegado atraídos por la nueva adquisición. Todavía no hemos organizado el itinerario de febrero, y a ratos cambiaría todo por estar echada en Buzios o en una playa tropical. Es que Sunny ama el sol, pese a su mala fama, y ama la arena, el mar y hasta el cochayuyo pegado en los pies. Ya veremos que nos depara el destino. Por mientras, miro el verano sentada al pie de mi escalera, mientras mis niños juegan ping-pong.

30 diciembre 2009

Fin de año

Perdón por tenerlos tan abandonados, pero este fin de año sí que ha sido de locos. El cumpleaños de mi niña y el de mis amigos V y C, más la pascua con mis amigas de colegio, las celebraciones escolares, las visitas de amigos que viven afuera, bautizos varios, asados y los preparativos navideños y cambios post-navideños me han dejado sin tiempo para nada. Ni siquiera tuve tiempo de hacer mi lista de libros para regalar ni de comentar el año que ya terminó. Pero en fin, lo importante es que sobreviví y que estoy lista para enfrentar un nuevo verano y un próximo 2010. Para estas vacaciones tengo pensado leer el último libro de Lorrie Moore (sí es que me llega) y varios chilenos que tengo pendientes, terminar a Amy Hempel y el último de la Siri Hustveqt. Además este año quiero leer Crimen y Castigo y seguir escribiendo (con o sin el mini taller), y seguir viendo a mis amigos en torno a un rico pisco sour catedral. Y quiero seguir haciendo este blog, aunque a veces se me haga cuesta arriba, porque a lugar donde voy me preguntan por él y por Becky Sharp. Y también quiero mejorar mi ping-ping y tomar sol, recorrer el sur de Chile y bañarme en el mar. Nos vemos el 2010. Los quiero a todos. Y que pasen un feliz Año Nuevo (yo el mío lo pasaré bailando). I gotta feeling que este año será muy bueno.

24 noviembre 2009

feliz

Estoy muy feliz porque soy una mujer enamorada
Porque el hombre que tengo a mi lado me ama, a pesar de todas mis caídas
Porque mi hija mayor hizo su Primera Comunión, acompañada de sus seres más queridos
Porque tengo una familia que se quiere
Porque, a pesar de las tristezas, también me he reído mucho

Y estoy feliz por todos los últimos eventos
Por los matrimonios de mis primas
Por todo lo que he bailado en estas últimas semanas
Por tener buenas amigas que no han dejado de preocuparse por mí y por la operación de mi niña
Por mis hermanos, a los que adoro
Por mis sobrinos que son como mis hijos
Por mis hijos y sus pequeños grandes triunfos
Por mis amigos, a los que quiero tanto
y por sus alegrías y sus avances

Y, a pesar de que las cosas muchas veces no salen como una las espera
estoy feliz porque tengo todo lo que necesito
tengo a mis afectos a mi lado
con su incondicionalidad y cariño infinitos
y tengo un trabajo que me gusta
que me permite estar siempre rodeada de libros
y tengo el amor de mi amado y mis niños
y no guardo rencor por nadie

Y estoy feliz por tantas cosas
que podría seguir escribiendo eternamente
Porque soy feliz por el día de sol, por el café compartido frente al colegio, por el sushi del amor,
por el sandwich que me voy a comer en la noche después de la premiación,
por los cuentos de Alice Munro que acabo de terminar, porque mi hija está de vuelta al colegio,
por el árbol gigante que veo desde mi cama y los cuatro gatitos que tuvo mi gata
Pero no quiero seguir lateando
y tengo que empezar un artículo nuevo
sólo quería poner por escrito este momento de alegría
para leerlo cuando que me sienta triste, abatida o infeliz
o si algún día, llego a sentirme menos querida que hoy...

09 noviembre 2009

El viernes cuando nos juntamos a celebrar, no teníamos nada por qué celebrar. No nos veíamos hacía tiempo y nuestro mini taller nos tenía desmotivados. Además la primavera había hecho estragos en algunos -llenándolos de melancolía- mientras otros habían sufrido la enfermedad de algún cercano o simplemente no se habían sentido felices. Yo había estado muy ocupada, preocupada, triste y también confusa. Pero había que sobreponerse a todo y juntarse. Aunque nuestro querido Olán también nos había defraudado con su alza de precios y había que buscar otro local bueno y barato donde comer y conversar. Y la sugerencia de V. no podría haber sido mejor: el Rishtedar, de calle Holanda. Muy buena comida india, a buen precio, y en un lugar más que relajado. Johnny, el mozo, un encanto, y con su acento ecuatoriano nos hizo pedir de todo un poco: camarones, cordero y mi favorito: el murgh mitha massala, pollo con crema de coco y masala, que estaba una delicia con el arroz y el naan como inmejorable compañía. Pero lo mejor fue volver a vernos, compartir nuestras tristezas y frustraciones, reírnos hasta que nos doliera la guata, compartir el vino y el erótico postre con forma de bolas, y por sobre todo unirnos en torno a esa extraña pipa de agua que nos prestó Vikram, el dueño, para que fumáramos tabaco con mango, haciéndonos compartir un par de boquillas con forma de serpiente y logrando que olvidáramos nuestros problemas por un momento y nos acercáramos más.
Y lo más increíble de todo es que, aunque no teníamos nada que celebrar, sin saberlo estábamos celebrando. Celebrábamos el tenernos como amigos incondicionales, y celebrábamos nuestros pequeños logros, nuestras pequeñas historias cotidianas. Y aunque no quisimos hablar del mini taller y de nuestra falta de motivación, sin saberlo también estábamos celebrando el primer éxito de nuestros encuentros literarios y un triunfo más de nuestro querido tallerista RC. Porque al día siguiente, cuando apareció el listado de ganadores del concurso de cuentos de la revista Paula, ahí estaba su cuento, el cuento El Pozo que él había escrito para nuestro mini taller, y su seudónimo que nos parecía un poco ridículo -Duke Portugal- ahora nos sonaba hasta encantador. Y como organizadora del taller no pude menos que llenarme de orgullo y felicidad. A todos nos había gustado su cuento, y ahora el jurado lo premiaba.
Quizás este es el impulso que necesitábamos para seguir escribiendo. Sentir que no estábamos tan perdidos. Y que tenemos excelentes escritores entre nuestras filas. Ahora todos festejamos y celebramos, con el recuerdo de la pipa de agua todavía en mis labios y con la felicidad de tener entre mis amigos a un ganador. Felicidades Rodrigo, que el mini taller esté contigo. Y a seguir escribiendo, tú y el resto, que todavía está pendiente el mini taller de este mes.

07 octubre 2009

De Carpas y Encarpados


Tiene razón mi amigo C.A., he estado hablando mucho de literatura y poco de la vida real. Mucho McEwan, mucho Darwin, mucho Ford, pero poco de los eventos que se han levantado por estos lares en el último tiempo. Me pide que hable de carpas y lanzamientos, y trataré de darle el gusto, dentro de mis humildes posibilidades.

Y como me pide más entretención que profundidad, me saltaré el lanzamiento de las cartas de Gabriela Mistral a Doris Dana. Muy denso, ¿no? Además no fui. Las chicas guapas no van a esos lugares, sólo gays y literateros. Aunque me hubiera gustado escuchar a Fernando Casas despotricando contra Quezada y gritando "Lesbiana era" a toda voz. Para la otra será.

Lo que sí no me perdí fue el lanzamiento de la novela de Simonetti. Aquí no había carpa, aunque sí full producción. El lugar: la sala principal de la galería Ready, ambientada con luces rojas y las esculturas de la Pilar Ovalle repartidas por doquier. Adelante, Pablo junto a sus presentadores: un serio, pero inteligente Héctor Soto a su derecha. Mientras a su izquierda una muy estirada e inexpresiva Claudia di Girólamo esperaba el momento para mostrar su voz. A mi lado un amigo me comentaba, preocupado, por la cara de muerta que lucía la actriz. Ni un músculo se le movía, ni siquiera una mueca le apareció en el rostro frente a los comentarios graciosos de Soto o los sonidos de olas que a ratos se colaban por el lugar. Realmente impresionante. Y yo que la había visto toda ajada unos días antes en una consulta de doctor. Y ahora lucía con la piel tirante, aunque sin movimiento, y siguió tirante cuando se levantó del asiento para "dramatizar" algunos párrafos elegidos de la Barrera del Pudor. El problema es que los párrafos eran muy largos y la actriz insistió en leerlos con esa leeeeentitud que sólo podemos aceptar en una lectura de Macbeth o la Yourcenar, pero no de una novela que antes de leer ya imaginamos es bastante más light. Pero ella insistía con su sonsonete de actriz formada en las tablas y se demoraba minuto y medio para decir "Esssstoy sooooola en Runnnngue" mientras el público miraba atónito y medio aburrido y envidiaba a los muchos que se quedaron fuera de la sala y que ya a esa hora acaparaban el vinito y los pancitos del lugar. Luego vendría una canción. Sí, una canción. Porque este lanzamiento tenía olas y soundtrack. Y el tema elegido fue La Enredadera, interpretado en vivo por el mismísimo Leo Quinteros. Un poco largo, pero divertido al fin. A la salida todo Santiago se saludaba y comentaba. Un linda mezcla de gente de Zapallar y Tunquén. De un lado, las Ninas, Kanas, Cotes; los Bustamantes, Santa Cruces, Mattes y Vial. De Tunquén: las Claudias, los Víctor Carrascos, los gays de negro, la Blanca Lewin. Y entre ellos la Carla Guelfenbein saludando de un lado para otro, como una madre orgullosa, algunos escritores (vi a Mena, Gumucio y Fontaine) y harta mujer guapa. Porque claro, este evento era para gente linda. Gente que quizás no lee, pero gente linda al fin.

Pocos días después la misma gente se volverá a topar en la inauguración de Casa Mater, a la que usted, mi amigo CA, de seguro asistió. Pero a mí no me dio la chala. La verdad de sólo ver las fotos, desistí. No estoy para "apuestas" decorativas de dudosa calidad. Usted sabe, querido Kano, que "la decoración soy yo", y estos diseñadores no me convencen mucho, menos pagar una entrada de 3 lucas por una feria de decoración.

Pero sí fui a Chaco. Qué mal nombre, por favor. Y la carpa, medio rasca para ser pagada por Saieh, ¿o no? Yo por lo menos casi me caigo como cinco veces. Y eso que estaba con la chala sin taco y sin alcohol. Había gente linda, partiendo por mi amiga Veri G que paseaba feliz con su familia. Y la Cata Pulido, cada día más guapa y natural. Contrastaba bastante con las galeristas, tan estiradas y operadas, qué terrible lo que el Botox y la cirugía plástica puede causar. Algunas casi irreconocibles. Aunque sus productos no estaban nada de mal. No lo mejor, pero salvaba. Un lindo Lira, un buen Barrios, algo chori por aquí y por allá. Tampoco nada espectacular que no se haya visto antes. En fin, por lo menos había harta gente, a diferencia de la Ferial del Libro de Vitacura, que me contaron fue un total fracaso.

Y para terminar con los eventos encarpados, no puedo dejar de mencionar al gran cumpleaños de mi amigo RC. Esa sí que es carpa, Solcita Saieh. La mejor terraza de Providencia, con vista al Mapocho, toda encarpada para celebrar los 33 añitos de mi gran amigo y colega escritor. Y qué festín que nos tenía. Puro Santa Ema y empanaditas finas. Qué gente más guapa y regia, ya se quisiera el evento de Simonetti unos gays así, interesantes, bien vestidos, guapos, inteligentes y divertidos. Ya se quisiera Chaco un galerista como el que se paseaba por el lugar, tan guapo y alegre. Y tan inteligente. Ya se quisiera Casa Mater un decorador de ambientes como RC o OS, con sus nociones innatas de diseño y color. Ya se quisiera el evento de Gabriela y Doris una hembra como Becky Sharp, que con su blusita de gasa se paseaba feliz por entre los invitados. Ya se quisiera cualquiera un evento así, con todos los invitados felices y relajados, y con un cumpleañero espléndido, sin botox ni ácidos de por medio, rodeado por sus amigos y su amor, y por toda la gente que lo quiere.

Espero que le haya gustado mi resumen, ahora tengo que salir. En unos días más es Oktoberfest, así que ahí nos vemos otra vez: nuevo evento, nueva carpa, nueva realidad. Los quiero a todos (en especial a los que estuvieron en la carpa de Santa María este sábado entre las 10 y las 3).


28 septiembre 2009

La Barrera del Pudor

Ya apareció la tercera novela de Simonetti. ¿Quién será el primero en comentarla? ¿Algún voluntario para pasar la barrera? Yo, por mi parte, espero terminarla antes de dar mi opinión. Que es muy feo hablar de libros que no se han leído. Y más feo aún es hablar mal de libros que no se han leído.

23 septiembre 2009


Ando con lata de escribir, pero no puedo dejar de comentar: qué bueno que estuvo McEwan ayer. Ahora se nos viene Jonathan Franzen, a esperar...

21 septiembre 2009

Y nos faltó el volantín

Partimos estos días dieciocheros con un buen asado de fierritos. Arreglamos la parrilla y entre todos preparamos nuestros anticuchos de carne, cebolla y choricillo, acompañados por nuestra querida Santa Ema Reserva y nuestra radio con puras cuecas chilenas. Hasta bailamos La Consentida y las niñitas vestidas de huasitas arreglaron la terraza llenándola de banderitas. Más tarde, a las fondas oficiales, por supuesto al Parque O'Higgins. Pensar que no pisaba esas fondas desde el año 95, cuando disfrazada de conejito me paseaba medio entonada con mi amigo Lalo C. Ahora volví con marido y 3 niños, y debo confesar orgullosa que mis hijas heredaran el mismo gusto de su madre por la fiesta, el baile y el bullicio popular. Cómo corrían por la fonda de Zacarías y se empinaban para ver a nuestra presi Bachelet, que inauguraba las celebraciones en la fonda Iorana. Y bailaban y comían felices, y aplaudían a los bailarines de cueca y se sentían orgullosas de que el huaso elegante las haya invitado a bailar.
A la salida vieron a un curado durmiendo en el suelo y a otro que se nos acercó a saludar, para esconderse de los carabineros, pero que igual se lo llevaron detenido. "Esto es Chile, niños", les dije en tono educativo y ellos sonrieron con sus caras sucias y sus cintillos luminosos brillándoles sobre el pelo.
Al día siguiente compramos empanadas. Nada de ránkings, por favor, que las que aparecían en la revista Wikén en el número 1 no eran nada de buenas. Las mejores a mi juicio, las del Ambassador, una maravilla, masa exquisita, pino suave. Me comí 3, y tan feliz como siempre. Y después a dormir. Porque también habíamos comprado chicha. Niños, por mientras, vean Mary Poppins en el televisor.
Y el sábado, andar en bicicleta, que no todo en la vida es tomar, comer y dormir. Un paseo por las ciclovías de Providencia hasta el Parque Bustamante y luego un almuerzo de ¡¡¡fierritos!!! en el Lomit's cerca de Manuel Montt. Y el domingo terminamos con otro asadito, que la carne, el vino, la ensalada chilena y el choripán. Qué buen dieciocho pasamos, y eso que nos faltó tiempo para un segundo pie de cueca y para elevar el clásico volantín.

09 septiembre 2009

La semana pasada fue Richard Ford y ésta, Ian McEwan. Si sigo conociendo escritores, me voy a convertir en una grupie literaria. Lástima que no les he sacado fotos. Podría terminar tapizando las paredes de mi casa con retratos de Becky Sharp y sus escritores favoritos. En todo caso, el seminario sobre el legado intelectual de Darwin, que se realizó entre el lunes y el martes en CasaPiedra, estuvo de lujo. Y me encantó la charla de Helena Cronin y la de Nicholas Humphrey, y por supuesto la de McEwan, a quien fui a saludar al término del evento, abriéndome paso entre Pinker y Dennett -los grandes invitados científicos- para poder escuchar sus impresiones sobre Chile. Y todo gratis. Incluyendo las galletitas y el café. Un lujo por donde se le mire. Y un agrado escuchar ponencias claras, simples e inteligentes (deberían aprender todos los que se rebuscan por hablar en difícil).
En unos días más Ian McEwan vuelve de su viaje darwiniano por el canal del Beagle y será entrevistado por Gonzalo Garcés en la Católica. Creo que sería un desperdicio perderse un invitado así. Yo, por lo menos, ya tengo mis entradas.
PD: Habría que decirle a Rodrigo Jordán, eso sí, que tenga más cuidado cuando presente a alguien, porque "Sábado" no es la última novela de McEwan y decir que el libro trata de un neurocirujano del cerebro, suena tonto, porque todos los neurocirujanos son especialistas del cerebro. Señor Jordán: la última novela de McEwan fue Chesil Beach y tenga cuidado con Wikipedia.

02 septiembre 2009


No tengo mucho tiempo, por eso aprovecho este medio para dar los siguientes avisos:
1.- No habrá mini-taller esta semana. Las razones: Londres, París y Madrid.
2.- Gracias Diego por traerme las entradas para lo de McEwan. Iré de todas maneras. Y perdone por haberlo tratado mal.
3.- ¿Alguien irá a lo de Darwin? Estoy dudosa, como voy a ver a McEwan en la UC, no sé si será mucho verlo el martes también.
4.- No habrá concurso Becky, ganó el No con 10 votos contra 9. Me reí mucho con los votantes, hasta de provincia votaron para esta elección.
5.- ¿Quién me acompaña a lo de McEwan?
6.- ¿ Quién mató a Elisa?
7.- ¿Quién subió los precios en el Olán?
8.- ¿Quiénes son mis enemigos?
9.- ¿Quiénes siguen este blog?
10.- ¿Por qué hay gays que se casan con mujeres?
10.- Escriban (los que saben hacerlo) y guarden sus escritos para nuestro próximo mini- taller dieciochero, con empanadas y fierritos, y la infaltable chicha rosada.
Los quiero.

30 agosto 2009

Alicia en la conferencia de Richard Ford

El otro día vi a mi amiga Alicia en la conferencia que dio Richard Ford en la Casa Central de la UC. Estaba sentada con un hombre muy guapo -atrás, como para pasar inadvertidos- y se reían y conversaban divertidos, y siguieron riéndose mientras esperaban a que Richard Ford les firmara un libro. Ella llevaba Acción de Gracias, el joven guapo un bolsito lleno de papeles. Atrás un amigo de chaleco morado les mostraba sus tres libros: De Mujeres con Hombres, El Día de la Independencia y El Periodista Deportivo. Más allá Carla Guelfenbein mostraba Un trozo en mi corazón a sus amigos Pablo y Rafael.

Yo desde atrás miraba a Alicia, mujer casada, que sin disimulo coqueteaba con este joven guapo y a quien unos segundos después vi conversando con el mismísimo Ford. Y Ford le tomaba las manos y ella le hablaba en inglés, y Ford la miraba con sus ojos celestísimos y ella le agradecía la dedicatoria y los "warm wishes" con coquetería. Y el hombre guapo sólo acompañaba porque no sacó ningún libro del bolsito ni saludó a Ford, y de seguro la va a acompañar a McEwan y a Franzen y a todos los que vengan este año, mientras yo hacía mi fila sola.

Más tarde mientras esperaba mi micro a la salida de la UC Alicia pasó a mi lado y me saludó. "Voy apurada, mi marido me está esperando", me dijo y el joven guapo sonrió. Y mientras la veía alejarse camino a su auto, con su amante de la mano, un marido esperándola en casa y su libro dedicado tan cariñosamente por Richard Ford, sólo atiné a pensar: "Qué rabia, como odio a esta Alicia".