
Varna, 23 de diciembre.
Querida Becky:
Jonathan
"...prefiero ser Becky Sharp y un monstruo de la perversidad que ser Amelia y un monstruo de la estupidez". William Somerset Maugham
Varna, 23 de diciembre.
Querida Becky:
Jonathan
Halifax, 18 de diciembre de 2008.
Le escribo esta humilde nota, aprovechando la escasa luz diurna del invierno europeo. Me dirijo hacía Transilvania, en una carrera contra la oscuridad que me tiene deparado el destino, de la cual espero salir victorioso. Que ganas de llamarla Mina, Becky, y ver su fotografía en albúmina en mi reloj de bolsillo, suspirando por la posibilidad de un próximo encuentro, si este existe. Antes de partir, en Londres, tuve la posibilidad de leer su despedida de fin de año, con su familia, desde el mar. No hubiera querido comprometerla con una carta abierta, pero la posibilidad de mi muerte - y la noche eterna – no me ha dejado alternativa.
En caso de que no llegué a verla nuevamente, quiero agradecerle el maravilloso año que pasó. Jamás pensé encontrar un alma que soportara los acantilados agrestes de mi carácter, menos que me amara, siendo yo un simple abogado que comienza su carrera, sin tierras ni títulos. Descubrí, en nuestros encuentros secretos, las virtudes de la mujer que sólo es mía a ratos. No se de donde proviene su fortaleza, me imagino que deben ser sus ancestros celtas, pero la observe levantarse una y otra vez, con los talones desechos y blanca producto de su misteriosa enfermedad, para llevar a su familia hacia delante. Ahora que las beckitas regresan de Oxfordshire y el pequeño Jorge vuelve de Norwich deben de llenarla de orgullo las sendas notas de elogios de los directores de sus respectivos internados. A modo de anécdota; el otro día, luego de la clase de esgrima en el club, escuché a un grupo de importantes hombres de negocios comentar como, cada día, sus hijas se parecen más a usted, y que el futuro les deparará una vida con infinitos e interesantes pretendientes. Me reí secretamente, sabiendo que si se parecen a su madre, serán ellas las forjadoras de su destino, al margen de lo establecido, camino al paraíso que esta destinado a las mujeres independientes y soñadoras.
El tiempo es escaso, querida Becky, por lo que haya destinado parte de su amor a mi persona, me llena de orgullo y me compromete a un esfuerzo mayor para volver de este tortuoso viaje, que espero termine para siempre su extraña palidez y decaimiento.
Por siempre suyo,
Jonathan
P.D. Pienso que mi vida corre peligro en el viaje mismo, el otro día un grupo de supersticiosos gitanos, con extrañas inclinaciones literarias intentaron envenenarme, con un extraño químico que vertieron en mi copa de licor de guinda, que casi me hizo perder el conocimiento y la razón, quizás con oscuros propósitos, poniendo en riesgo la misión que hoy me tiene alejado de usted.
Voy saliendo al paseo del curso de mi niña en la punta del cerro, pero vuelvo, me cambio de ropa, me echo cremita en los pies adoloridos y parto al recital. Nos vemos, Madonna.
PD: Amor, ¿nos juntamos a las 5 en tu local de empanadas?
John Keats
No han sido días tranquilos para la familia de Becky Sharp. Papá Sharp ha estado con mucho trabajo y Becky ha debido multiplicarse para atender a sus hijos mientras la niñera está en el sur. Justo en medio de las pruebas globales –esas terribles pruebas que ponen en los colegios y que obligan a alumnos y madres aplicadas a pasarse varias horas estudiando- se han sucedido muchos eventos, como el nacimiento del primogénito del hermano de Becky y la participación de la familia Sharp en La Bienal de Antigüedades de Las Condes, lo que ha mantenido a Becky y a su familia en un agotador ritmo de vida que seguramente no parará hasta navidad.
Además Becky ha estado muy afanada con un nuevo tema de investigación (para el que debió encargar un par de libros a Buenos Aires) y que cree será un gran reportaje literario, y ha tenido que ir a dejar a sus hijos a más de 20 cumpleaños en el mes (y además comprar los regalos), sin contar las idas a buscar al colegio y los estudios de media tarde, donde por un lado ha debido ingeniárselas para hacer entender a su hijo mayor la multiplicación de fracciones y casi al mismo tiempo tomar un dictado en alemán a su hija segunda sin tener idea de lo que estaba preguntando.
Y en medio de esta intensa semana (donde el matrimonio Sharp vivió entre la luna de miel y el divorcio) nace el primogénito del hermano de Becky -del único hermano hombre, del regalón de mamá y papá- lo que fue como ver nacer a la reencarnación del príncipe heredero, y todos ahí, embobados, fueron testigos del gran suceso (incluidos los niños Sharp que lo tocaron y lo besaron hasta el hartazgo) y de Becky y Mr. Sharp que con los ojos llorosos se emocionaron al ver a este nuevo y precioso miembro de la familia Sharp.
Y al día siguiente, otro evento más: la bienal de antigüedades de Las Condes, donde el marido de Becky participó con un flamante (y controvertido) stand, muy conceptual y limpio, que gustó a laicos y entendidos , menos al hijo mayor de Becky que con lágrimas en los ojos debió confesar que “su papá la había embarrado”, y que no entendía por qué su padre había puesto un solo objeto si tenía tantas cosas lindas para exhibir. Becky, mientras se paseaba por los stands, también pensaba en que a esa hora en la Feria del Libro se estaba presentando el libro de cuentos de Marcelo Lillo -ése que tanto le había gustado-, pero que por su carácter de primera dama no podía ausentarse de la Bienal por muy aburrida que esta estuviera ni menos dejar a su familia sin su apoyo incondicional.
El sábado en la tarde, después de ir a dejar a sus hijos mayores a las casas de sus amigos, Becky se escapó con su hija menor a la Feria del Libro de Santiago que, como todos los años, la decepcionó. Libros de autoayuda y miles de libros infantiles, nada interesante para ella, fue lo que vio. Y aunque no pensaba gastar mucha plata igual terminó comprando una decena de libros para sus hijos lectores –incluso uno que venía con una cuerda de saltar- y que su hija menor empezó a leer en la misma cafetería de la feria mientras Becky observaba a Carolina Brethauer vestida de alta noche a las 7 de la tarde y que luego supo iba a presentar el libro “Sin tetas no hay Paraíso”. Plop.
Y desde la alta cafetería, Becky pudo ver a los escritores que venden en el Chile de hoy: a Guarello, que firmaba un libro sobre fútbol en Ediciones B, a Carla que muy bien sentadita en Planeta esperaba que alguien le hablara o le pasara un libro para firmar, a Rivera Letelier que sí firmaba varios libros, a Mackenna que desde Pehuén mostraba su libro de poesías, mientras Becky se preguntaba: ¿dónde están los escritores de verdad? Pero nadie le respondió. Y con 20 mil pesos menos en el bolsillo (que al parecer le penaron todo el fin de semana), salió de esta seudo feria literaria a buscar a su marido y a sus hijos y llevarlos a comer mariscos al barrio Brasil.
Pero tanto ajetreo le pasó la cuenta a la bella Becky, y al día siguiente ya no se podía los pies. Como todos estaban ávidos de panoramas y ella muy cansada para cocinar y pasear, decidió inventar un panorama que le permitiera descansar y comer, sin tener que gastar: un picnic en plena ciudad. Y partieron con manteles, copas y platos, su buena botella de Merlot, empanadas de pino calientes y helados Fragola en el cooler, a hacer un muy cool picnic en el Parque de las Esculturas. Y mientras los niños corrían por el lugar, se dio el tiempo de dormir una buena siesta bajo los árboles, a pata pelada, y con la boca pegote de tanto comer pie de limón y helado de frutos del bosque. Y ahí, rodeada de esculturas y niños, acompañada de su querido esposo, logró dejar atrás los ajetreos de la semana y olvidarse por un rato del trabajo, las tareas y los miles de quehaceres. Con el ánimo en las nubes, llegó a su casa en la tarde, descansada y feliz, y con fuerza para otra nueva semana de pruebas globales, dentistas, turnos e idas a dejar a cumpleaños.
En 1845 el escritor y naturalista norteamericano Henry David Thoreau abandonó su vida en la ciudad para vivir por dos años en una cabaña en el bosque de Walden, en Concord, Massachusetts. De su experiencia en el lugar escribió Walden, la vida en los bosques, un libro que ha inspirado por décadas a naturalistas y ecologistas, y que hoy ‑150 años después de su publicación- es estudiado en Harvard y en la Universidad de Boston como prueba para demostrar el problema del cambio climático.
Según señala el artículo que apareció en el New York Times esta semana (“Thoreau es descubierto como climatólogo”), las notas que usó el escritor para su libro ‑donde describía dónde y en qué época florecían las plantas en Concord, entre otras cosas- están siendo usadas por investigadores de estas universidades para entender los patrones de crecimiento de las plantas de la zona. Y las conclusiones han sido claras: las especies comunes han florecido este año siete días antes que en los tiempos de Thoreau, y, lo que es más grave aún, un 27% de las especies documentadas por el naturalista ‑entre las que están lirios, iris, orquídeas y mentas- han desaparecido de Concord y un 36% de ellas están presentes en tan pequeño número que se teme su pronta extinción.
Según Richard B. Primack, biólogo de la Universidad de Boston, de las 21 especies de orquídeas que Thoreau observó en Concord, “sólo se pudo encontrar siete”. Además las minuciosas notas de Thoreau han sido usadas para comprobar cómo ha variado el patrón de migración de los pájaros de la zona de Massachusetts a raíz del cambio climático y cómo este cambio ha repercutido en la población de insectos del lugar. Los científicos involucrados en esta investigación sólo tienen palabras de agradecimiento al trabajo realizado por Henry David Thoreau en sus notas escritas hace 150 años atrás, y destacan lo importante que es preservar y revisar los registros de nuestros antiguos naturalistas y de lo valioso que es el simple hecho de mirar el paisaje y escribir lo que se ve ahí. Como para tener en cuenta la sugerencia.
Amigos, siento tener abandonado este blog, pero he estado metida en mil y un quehaceres. Por mientras les dejo una hilarante entrevista que le hicieron al senador Fernando Flores hace un tiempo, y que me acaba de mandar mi amigo Diego Lira por e-mail. Nada personal, senador Flores, por favor no se vaya a enojar conmigo también.
Querida Becky:Le agradezco que por trece años me haya compartido con sus amantes yadmiradores ocasionales. Me hubiera gustado ser el único, pero prefieroluchar por usted día a día, conquistarla todo el tiempo, acordarme que nadaen la vida es gratuito, menos el amor. Y aunque a veces he sufrido por sucarácter rebelde y sus continuas infidelidades estas me han enseñado quetambién prefiero a Becky Sharp un monstruo de la perversidad que a Amelia unmonstruo de la estupidez.Siempre suyo,Su amante y admirador secreto..
Es sabido que cuando un tercero se entromete en una relación, las cosas no terminan bien. Lo hemos visto en las películas, en los libros y, por supuesto, en la vida real. El viernes llegaron al mini taller dos cuentos que hablaban de relaciones de a tres. El primero -escrito por Random- trataba de tres amigos que luego de tres años se juntan en un departamento (de número 0303) a mantener un trío (al parecer sexual), mientras el segundo cuento -escrito por el novato Diego Lira- narraba la historia de una pareja que vivía con un tercero -no presente- en el medio, como el vestigio de un pasado que se negaba a desaparecer. Y aunque los dos cuentos no terminaban en drama ni en dolor dejaban abierta la historia a un final que, de seguro, no terminaría bien.
Como la película Wings of the dove que vi esta tarde, después de un excelente almuerzo dominical. La historia, basada en la novela de Henry James, hablaba de una pareja de enamorados y de cómo un tercero llega a cambiar los planes de amor y felicidad que ellos tenían preparados. La historia, maravillosa, (Henry James es Henry James, nada que hacerle) y los personajes muy bien delineados en sus virtudes y defectos, en especial el papel de Helena Bonham Carter que hace de Kate Croy un personaje inolvidable. Una historia linda, triste e intensa, pero muy recomendable. (Se puede arrendar en Bazuca, subtitulada, o en Blockbuster sin traducción). Como para darle una vuelta de tuerca.