20 enero 2009

Comidas de verano


El viernes me comí una ensalada deliciosa en el Toro de Loreto y el sábado una parrillada muy buena en la Uruguaya de Ñuñoa con mis amiga Carmen y su novio Javier. El domingo mientras buscaba un portabicicletas en el Mall Sport, mi hija se golpeó la cabeza y terminó con seis puntos en la frente y un gran dolor. Para pasar la pena la llevé a almorzar al Apleebee de Vitacura, que es su lugar favorito y después a tomar un helado al Fragola de El Golf. En la noche fuimos a ver la niña gigante del Fura dels Baus, que nunca llegó, pero igual nos divertimos con el paseo y nos conformamos con el mini show. 
El lunes fui de nuevo al Toro y me comí otra ensalada y luego un helado de phisalis en el Sebastián. Y hoy después de pasarme toda la tarde tratando de terminar un puzzle de 1000 piezas que ilustra la pieza de Van Gogh fui al Jumbo a comprar comida, y sin quererlo terminé en el Sushihana con un Memo Roll.
 Y, aunque pensaba parar con esta seguidilla de restauranes, mañana me voy a pasar el día a la Quinta Región. Creo que no me perdonaría unos camarones de orilla en el San Marco y un helado en la Avenida Perú para capear el calor. El jueves, sin falta, retomo mi régimen, o sino el sábado en la playa me van a confundir con Bachelín o con Ballena Roll. Salud. Y nos vemos a vuelta de vacaciones.

PD: Ah, y a los que me han preguntado por el minitaller, les aviso que tal como estipulé en marzo, las clases se suspenden durante enero y febrero debido a ausencia de Becky Sharp. El siguiente taller se realizará en marzo, con alumnos nuevos y altas exigencias, así que aprovechen el verano para escribir, pensar y leer. Felices vacaciones a todos... mis amigos.

Y otra carta más...

Estimada señora Sharp:
 Le escribo desde Los Carpatos, para informarle que he encontrado al joven Harker, o lo que queda de él.   La verdad es que su estado de salud es bastante precario, esta delgado y pálido, su memoria, bastante frágil, y con la conciencia levemente  alterada.  A pesar de todo lo anterior, veo que su belleza esta intacta y ha sido atendido con delicadeza y afecto por las campesinas de las posadas locales.  Me he permitido revisar sus pertenencias y entre sus baúles he encontrado – aparte de estacas, notas de viajes, cruces y extraños brebajes -  un reloj de oro con una fotografía,  que supongo es la vuestra,   y una dirección que espero la encuentre a usted como  lectora en esta misiva.   

 

Durante años,  Harker asistió como oyente a mis cursos de medicina, en mi natal Holanda,  antes de que me destituyeran y tildaran de “brujo oscuro y supersticioso”.    Siempre fue un leal alumno y mejor camarada.  Por ello me siento obligado y comprometido en su recuperación -  si esta es posible -  y en que retorne a su hogar.  

 

Me he permitido escribir los cuidados específicos a los que deberá someterse y rogar para que usted  siga cuidadosamente mis instrucciones con el mayor esmero posible. Sólo así, con sacrificio y constancia, recuperaremos a este amigo tan querido y devoto amante.El éxito de esta terapia radica en la periodicidad  que usted pueda mantener. Como profesional abogaría por que fuese al menos “tres veces a la semana”.  Comience por sacarlo de su rutina diaria, escuche sus historias y recuerde que su memoria no esta bien del todo si repite cosas que ya le contó. Propóngale escuchar música,  procure que beba  vino blanco en abundancia, que junto con refrescarlo lo alejarán de los malos recuerdos de los últimos tiempos.  Sería altamente aconsejable que tomara  baños y masajes; tengo dudas respecto a su equilibrio, motivo por el cual

 

no es aconsejable que se bañe sólo, debe usted acompañarlo.   Al dormir es fundamental que no sienta roce alguno de ropa, sólo sábanas delgadas que no irriten su delicada piel y por supuesto estar atentos a cualquier requerimiento  que pueda tener.  Habrá usted de ser comprensiva y abierta a ciertas cosas que en un principio le parecerán extrañas o poco habituales en él, pero  las costumbres de las aldeanas – que cuidaron su cuerpo y sanaron sus heridas -   de estas tierras son algo salvajes.   Soy optimista por naturaleza, por lo que creo que con el fiel cumplimiento de estos cuidados, su amante debiera recuperarse en los próximos seis meses.

 

Lamento no poder viajar con Harker, hubiera sido un placer conocerla y haberle dado mis recomendaciones en persona, más nuevos enemigos me acechan e indispensable es que atienda con premura  mi inevitable duelo contra el mal.

 

Cordialmente suyo,

 

 

Profesor Abraham Van Helsing 

15 enero 2009

Enero a mil

Todavía no sé adónde voy a ir para las vacaciones, sólo sé que quiero un lugar con playa y tranquilidad. Como dicen mis niños y mi amado, "donde vayamos, si estamos juntos, lo pasaremos bien". Y de seguro, así será. Ellos parten con bicicletas y juegos de mesa (les encanta el Metropoli, y es genial ver la avaricia de mi hijo mayor versus el derroche de mi hija del medio), y yo con mi cargamento de libros y sombreros. 

Al paso que voy con mi lectura de Acción de Gracias, creo que tendré que llevar el libro en febrero, porque no he avanzado de la página 300, y también llevo las Grandes Esperanzas que me regaló mi querido amigo V.V. (no sabes cuánto te agradezco tu regalo de pascua, el tuyo pronto te lo entregaré). Por suerte ya terminé de leer todo Richard Yates (los que me conocen saben que soy un tanto obsesiva), porque no es una lectura recomendable para las vacaciones en familia si sólo habla de fracasos, divorcios y frustración. 

Pero de seguro tendré que llevar todo lo que encuentre de Edgar Allan Poe (ahora me dio con Poe, qué le voy a hacer) que me parece un personaje adorable, tan melancólico y borracho, un ènfant terrible como los que me suelo prendar. En fin, con ese cargamento pienso partir luego de vacaciones, aunque estos días en Santiago, con sus tardes de piscina y sus noches calentitas, no me han dado de qué quejar. 

Porque me he pasado entre uno que otro almuerzo con amigos "entrañables" (recomiendo el Huerto que volvió en todo su esplendor) y una que otra tarde de películas (de las que uno sale cantando Chihuahua a todo pulmón), sin contar las tardes de piscina y hot dogs y las noches de vino blanco o pisco sour Catedral, con los que me he reconciliado con la idea de pasar enero en Santiago. Y eso que todavía no he podido ver nada de Santiago a Mil.



07 enero 2009

Días de Piscina

Una de las cosas que más me gusta del verano son las tardes de piscina. Trabajo en la mañana y tipo cuatro me arranco con mis niños a un club cercano y me paso la tarde echada en el pasto, leyendo Acción de Gracias y mirando de reojo que ninguno de mis cachorros se ahogue. Si me da calor, me baño y hago carreras de natación con mi hijo mayor (que todavía gano) y si estoy sociable, me instalo con alguna amiga que esté en las mismas para hablar de las típicas cosas del verano: adónde vamos a veranear, qué hacer con la celulitis o qué leer en las vacaciones. Una delicia. De verdad, es un relajo impagable. Leo, leo y leo, entremedio mando a los niños a comprar helados (para mí, Purafruta o Fruttare), me baño, tomo un poco de sol (con factor 50 para no ponerse "negra", que es tan feo), me estiro, me doy vuelta, me pongo de espaldas y medio dormida sueño que estoy en el paraíso. Qué rico. Los niños se juntan con amigos y lo pasan genial. Yo, a veces, también aprovecho de conversar. Y no son pocos los temas que se pueden abordar al borde de la piscina. Depende de con quién uno se encuentre. A veces me junto con antiguas compañeras de colegio y aprovechamos de ponernos al día; otras veces con mamás de amigos de mis hijos, donde uno parte de cero y hay que entrar a conocerse, y otras veces con amigas de la vida, a las que sólo veo en ocasiones tan especiales como en las tardes de piscina. A veces vuelvo a la casa con mi libro intacto de tanto conversar y otras veces con el libro casi acabado. Lo que sí, siempre vuelvo con mis niños cansados, con sus caritas rosadas, pero felices después de una tarde de piscina. Y yo, cada día un poco más doradita y relajada, con el pelo un poco aclarado y un leve olor a cloro en mi cuerpo. Verano, por favor, no te acabes.

Respuesta de Becky


Querido Jonathan, sus cartas no me han dejado indiferente. Usted sabe cuánto lo amo y lo respeto, y sería capaz de morir si alguna vez llego a causarle pena o dolor. 

Su obsesión con el innombrable es absurda, pues no es él el motivo de mis agobios ni menos usted. Si he de culpar a alguien creo que mis penas sólo se deben a la MALDAD, o debiera llamarla sólo con su inicial, M, que usted sabe ha causado mucho daño en nuestro amor y en nuestro hogar.

Pero confío en que las fuerzas del Bien nos acerquen cada día, y que podamos pasar unas lindas vacaciones juntos. Prometo mantenerme fiel durante el verano y no engañarlo con aspirantes a escritores ni con seguidores de Dickens. Por dos meses prometo ser sólo suya, así que vuelva de donde está que mi cama está vacía hace muchos días. 

Lo espera, lo extraña y lo ama,
Becky Sharp

06 enero 2009

La Última Carta

Querida Becky:

Mi fracaso ha sido absoluto.  Después de mi última carta, pude, mientras mi aliento me lo permitía, alcanzar al despreciable ser que pensé le ocasionaba su extraña afección. A orillas de un extraño pasadizo, con acantilados que terminaban en la arena, me encontré frente su malicienta figura.  Pensé en ahogar mi furia con una certera estaca que pusiera fin a su dolor Becky, mas el innombrable, como leyendo mi mente acertó un golpe fatal a mis intenciones.  Con elegantes vocablos, en una extraña lengua, me cedía su lugar en su mesa, en sus ojos, vi reflejada su imagen Becky, y resignándome ante la dolorosa elocuencia de la verdad, porque pude ver los suyos – los ojos -  como si estuviera usted presente, supe que el causante de sus dolores soy yo; que la estaca en mi mano no pondría término a sus penurias, sólo a mis miedos.  

Lejos de aquel lugar, le escribo por vez última.  Su esfinge  de albúmina casi ha desaparecido de mi antiguo reloj.  Fui yo, quien lleno su corazón de cansancio y este bombeó, mi mal a todo su cuerpo.  Espero sepa perdonarme,

Suyo por última vez,

Jonathan. 

23 diciembre 2008

Otra carta más...

Varna, 23 de diciembre.

Querida Becky:

 El viaje hasta el momento ha sido infructuoso, creo que el maligno ser que persigo adivina cada uno de mis pasos, como si leyera la mente de alguien que lo advierte de mis deseos de poner fin a su vida  y con ello a las misteriosas afecciones que  a usted la aquejan.  El barco en que viaja, Czarina Catherine, no atracó en Varna, donde lo esperaba sino en  Galatz un puerto cercano y de difícil acceso.

Espero que al recibo de esta nota, se encuentre bien, y que a pesar de los múltiples esfuerzos que debe hacer usted, una madre ejemplar,  para que las beckytas y el joven Jorge gocen de las fiestas de navidades  sin saber de la fatiga física y mental que la afligen, pueda tener un minuto de paz.  

Pienso en usted a cada momento,  confundo el sueño con la vigilia, sólo su imagen me ata al mundo real. Mi mente no esta del todo sana, en muchos pasajes, durante la noche, este ser maligno puebla de imágenes lascivas mi cabeza, llenándola de hermosas mujeres  de todos las razas, que se ofrecen siniestramente ante mi casto cuerpo.   Más esto, no hace otra cosa que reforzar mis ganas, de estar con usted nuevamente y poder besar su mano perfumada de  fresca lavanda.  

Los inescrupulosos y lascivos gitanos, esbirros de la peor clase,  siguen su tarea de atormentarme e impedir mi misión. He sabido, de buena fuente, que dos importantes nobles extranjeros; el Duque de Portugal y Lord Dedalus, influyentes seguidores de lo oculto obedecen las ordenes del innombrable, quien les ha prometido la inmortalidad literaria homo erótica a uno y la virginal hija del Zar de Rusia al otro, si logran detenerme.  Querida Becky, no deje  que estos hombres, por poderosos y seductores que sean se acerquen a usted en mi ausencia. 

No tengo mas fuerzas para escribir, la vela se extingue y mi mano se rinde a la fatiga y al dolor del cuerpo.  Mi corazón, fortaleza inexpugnable de la cual usted es dueña sigue escribiendo que la ama mientras se cierran mis ojos que sueñan con un pronto reencuentro.

Siempre suyo,

Jonathan

18 diciembre 2008

Una carta en el correo de Becky...

Halifax, 18 de diciembre de 2008. 

 

 

Le escribo esta humilde nota, aprovechando la escasa luz diurna del invierno europeo.  Me dirijo hacía Transilvania, en una carrera contra la oscuridad que me tiene deparado el destino, de la cual espero salir victorioso.  Que ganas de llamarla Mina, Becky, y ver su fotografía en albúmina en mi reloj de bolsillo, suspirando por la posibilidad de un próximo encuentro,  si este existe.  Antes de partir, en Londres, tuve la posibilidad de leer su despedida de fin de año, con su familia,  desde el mar.   No hubiera querido comprometerla con una carta abierta, pero la posibilidad de mi muerte  - y la noche eterna – no me ha dejado alternativa. 

En caso de que no llegué a verla nuevamente, quiero agradecerle el maravilloso año que pasó.  Jamás pensé encontrar un alma que soportara los acantilados agrestes de mi carácter, menos que me amara, siendo yo un simple abogado que comienza su carrera, sin tierras ni títulos. Descubrí, en nuestros encuentros secretos, las virtudes de la mujer que sólo es mía a ratos.  No se de donde proviene su fortaleza, me imagino que deben ser sus ancestros celtas, pero la observe levantarse una y otra vez, con los talones desechos y blanca producto de su misteriosa enfermedad, para llevar a su familia hacia delante. Ahora que las beckitas regresan de  Oxfordshire y el pequeño Jorge vuelve de  Norwich deben de llenarla de orgullo las sendas notas de elogios de los directores de sus respectivos internados.  A modo de anécdota; el otro día, luego de la clase de esgrima en el club, escuché a un grupo de importantes hombres de negocios comentar como,  cada día,   sus hijas se parecen más a usted, y que el futuro les deparará una vida con  infinitos e interesantes  pretendientes.  Me reí secretamente, sabiendo que si  se parecen a su madre, serán ellas  las forjadoras de su destino, al margen de lo establecido, camino al paraíso que esta destinado a las mujeres independientes y soñadoras.

 

El tiempo es escaso, querida Becky, por lo que haya destinado parte de su amor a mi persona, me llena de orgullo y me compromete a un esfuerzo mayor para  volver de este tortuoso viaje, que espero termine para siempre su extraña palidez y decaimiento.

 

 

Por siempre suyo,

 

Jonathan 

 

 

P.D.  Pienso que mi vida corre peligro en el viaje mismo, el otro día un  grupo de supersticiosos gitanos,   con extrañas inclinaciones literarias intentaron envenenarme,  con un extraño químico que vertieron en mi copa de licor de guinda, que casi me hizo perder el conocimiento y la razón, quizás con oscuros propósitos,  poniendo en riesgo la misión que hoy me tiene alejado de usted. 

16 diciembre 2008


Les escribo desde la playa para avisarles que por unos días estaré lejos del blog. Vuelvo con mis niños en enero. Un beso a todos, y feliz navidad. Nos vemos el 2009.

14 diciembre 2008

Holidays...Celebrate...

Después de pasarme todo el día en un paseo del curso de mi hija, crucé todo Santiago para llegar al recital de Madonna. Y como ya se ha dicho todo, sólo quiero agregar que para mí estuvo perfecto. Desde los 10 años quería verla. Desde la época de Material Girl, cuando yo me ponía la polera de encaje blanco, el pañuelo en el pelo y me dibujaba el lunar cerca del labio y junto a mi amiga Vero cantábamos Material Girl frente al espejo del baño de mi casa. No morí de anemia ni me fracturé los talones de tanto saltar, aunque debo reconocer que la caminata por las calles de Ñuñoa en busca de un taxi me dejaron los pies muy maltrechos. Pero valió la pena el sacrificio.

Después de encontrar un taxi, una comidita rápida en un local de Manuel Montt y a dormir unas horas que el jueves venía pesado. Ese día celebraba el cumpleaños de mi hija y como no había comprado nada, muy temprano debí partir a encargarme de todo. Y aunque corrí como loca, el resultado estuvo perfecto, porque el cumpleaños no pudo estar mejor y mi hijita lo pasó increíble. Parece que es cierto que cuando uno menos planifica, las cosas salen mejor. 

Y el viernes, luego de ordenar todo el desastre que había quedado en mi casa después del cumpleaños, partí a comprar los regalos de Pascua de mis seres queridos y en la noche me divertí de lo lindo con unos amigos mexicanos que conocí gracias a un famoso escritor. Lo más divertido es que estos mexicanos me llevaron a comer enchiladas y totopos al  Garibaldi, y me enseñaron unas palabras padrísimas que me hicieron recordar el libro 2666 y adorar de por vida la michelada con ají. Amigos: si están leyendo esto debo decirles que los adoro y espero visitarlos pronto en su país.

El sábado invité a mis niños a una piscina de club, donde se bañaron hasta quedar arrugados como pasas y yo aproveché de leer Desfile de Pascua y tomar algo de sol. En la noche salí con un amigo al que no veía hace años, y con quien me reí hasta caerme en el Toro de Loreto y luego camino a su lindo hogar.

Y hoy domingo, pasee por el Bicentenario, comí empanadas en La Punta, me bañé toda la tarde en la piscina, hice carreras de natación con mis niños y me terminé Desfile de Pascua. Y en la noche cerramos esta intensa semana comiendo en familia en el Sushihana de la Portada, después de pasear por el centro de Santiago, de tomarnos un buen helado en el Fragola y de conversar con una pandilla de Harley Davidson que orgullosos nos mostraron sus motos. Amo el verano y amo las vacaciones. Y no tener que levantar niños para ir al colegio hasta 3 meses más. Como diría Madonna: 

If we took a holiday
Took some time to celebrate
Just one day out of life
It would be, it would be so nice

Ahora sólo me falta comprar un par de regalitos más, terminar el trabajo que estoy haciendo y a descansar. Y celebrar. ¡Bienvenidas vacaciones de verano!

10 diciembre 2008

Madonna

Voy saliendo al paseo del curso de mi niña en la punta del cerro, pero vuelvo, me cambio de ropa, me echo cremita en los pies adoloridos y parto al recital. Nos vemos, Madonna.
PD: Amor, ¿nos juntamos a las 5 en tu local de empanadas?

08 diciembre 2008

Los mil y un ajetreos de Becky (parte II)

El fin de año ha estado muy ajetreado. Comidas de curso, paseos familiares, encuentros con amigos y miles de compromisos varios me están dejando extenuada. Literalmente extenuada. Sigo con mi dolor de talones post Disney (parece que me exigí demasiado), pero además me he sentido más debilucha que de costumbre por lo que me indicaron un alto de exámenes de sangre. Y el resultado fue anemia. O sea, quienes pensaban que mi look pálido y enfermizo era mera pose intelectual estaban equivocados. Tengo anemia, mucha anemia, y por eso ando cansada, pálida, débil y como dice mi amado "lindamente enferma". Pero a pesar de mi debilidad me he dado ánimo y no he dejado de cumplir con mis innumerables compromisos.

Realicé el mini taller de noviembre (aunque no en mi casa, lo que no sé si me quita autoridad) y fue muy provechoso, porque todos los participantes llegaron con muy buenas obras inéditas. Después partimos donde nuestra amiga Celestina a celebrar con pisco sours catedrales y comida picantita y nos reímos de lo lindo en esta especie de cofradía literaria que espero no se disuelva nunca.

Y también participé de una linda obra social con un grupo de papás y niños del colegio de mi hijo, donde durante una mañana completa nos dedicamos a mejorar las dependencias de un hogar de menores en riesgo social, cada uno aportando con lo que pudiera, y donde planté pasto y ordené el sector de la piscina para que quedara precioso, mientras otros arreglaban las cercas de los animales, preparaban hot dogs, compartían con los niños, barrían y limpiaban este lindo lugar, al que por años ayudábamos con mercadería, pero que no conocíamos en persona.

Además fui a todos los paseos de curso y acarreé niñitas propias y ajenas como loca, preparé ensaladas y conversé con todo el mundo, amigas y no tanto, para ser una madre sociable. Llevé a eventos deportivos y cumpleaños, fui a premiaciones y convivencias, invité a mi casa a todos los amigos que mis hijos quisieron convidar y me preocupé de prepararles un rico almuerzo y té para cada ocasión.

Y también invité a mis amigos a la casa. Como este viernes que convidé a mis cinco queridos amigos a un asado prenavideño, con pebre y muchas ensaladas, choripán y lomo, y donde pasamos una noche muy entretenida al calor de las brasas (es una metáfora, porque la parrilla es eléctrica) y bajo las estrellas, y donde casualmente nos tocó celebrar el nuevo triunfo literario de uno de ellos, del pequeño Random, que de seguro va a dar que hablar.

Y el sábado, agotada después de haber trasnochado el jueves y el viernes, pasaron a la casa unos queridos amigos de toda la vida que venían llegando de Buenos Aires con mis esperados encargos de libros. Y entre sushi, vinito y vodka, conversaciones divinas y terrenales, no nos dimos cuenta que ya eran más de las tres de la mañana cuando se fueron rumbo a La Dehesa. Y aunque mis talones apenas podían avanzar hasta el segundo piso, me encantó haberlos recibido en mi casa esa noche. Así como me gustó recibir durante todo este año a mis amigos, a mis colegas y a todos los amigos de mis hijos. 

Ahora espero poder leer pronto los libros que trajo mi amiga V. y que sólo pude encontrar en una librería de viejos en Buenos Aires. Y poder terminar el tema que me tiene tan entusiasmada por estos días, y empezar a comprar los regalos de Pascua para mi familia. Por lo menos ya armamos el arbolito y decoramos la casa hasta dejarla convertida en un bazar. 

Sólo espero que mis talones resistan durante diciembre y que mi anemia no me deje tirada en medio de la calle. Y que mi amado no se canse de hacerme masajes todas las noches ni se aburra de verme tan pálida y debilucha. Nos vemos en unos días más. Ánimo, y espero no haberlos agotado.





01 diciembre 2008

Sobre la Teletón

Poderoso caballero es don dinero, nos hacían recitar de chicas en mi colegio. Porque el dinero da poder, fama, gloria, sensación de plenitud. También genera ambición, envidia, odiosidades. Farkas hace una donación millonaria para la Teletón, pero a algunos no les cae en gracia. Claro, nadie sabe a ciencia cierta cómo se hizo rico y sus rizos teñidos de rubio y su peinado pichanguero al parecer no caen bien en nuestra sociedad. ¿Viste cómo habla? ¿Viste su auto? Qué rotería. La clase media y alta chilena no tolera lo que ellos llaman “el mal gusto” y los nuevos ricos le parecen "sospechosos". A mí tampoco me cae en gracia, porque reconozco que soy medio quisquillosa. 

No me gusta su pinta, ni sus excesos, ni su obsesión por mostrar. No me gustan en él ni en nadie. Mis amigos saben que arrugo la nariz ante la chabacanería, el recargo, la siutiquería. Me desplomo si escucho la palabra cena o calza o me invitan a “servirme un completo” o “a tomar once” en vez de té. No lo digo con orgullo, pero no puedo evitarlo. Pero, si me preguntan por Farkas, no puedo desconocer al gran aporte que hizo a la Teletón (también el señor Nazar) al donar 1.000 millones de pesos de su bolsillo.  No sólo por ayudar a llegar a la meta, sino por dejar en evidencia la pobreza y tacañería de las empresas patrocinantes.

¿Cuál fue la donación de Ripley? ¿250.000.000? ¿Qué dio Falabella, Minera Los Pelambres, Líder, Homecenter? ¿150 a 200 millones? Eso es una vergüenza. Si uno sabe cuánto gastan cada mes en publicidad, en avisos, en catálogos, en comerciales con Valeria Mazza o Cecilia Bolocco. Uno sabe cuánto venden, cuáles son sus ganancias. Y 250 millones para ellos, ciertamente no es nada. Entonces pareciera ser que, para ellos, la Teletón  es sólo publicidad: la gente los ve, corre a comprarles, ellos donan frente a todos, y todos felices con la donación. Me gustaría ver un real aporte de las empresas, porque percibo que el 80% de lo recaudado viene de la gente común y corriente, de ricos y pobres, de los colegios, de los barrios y todas las personas que cada año se sensibilizan con esta causa y parten a donar lo que pueden. Me gustó ver al rubio de Farkas y al señor Nazar, pero más me gustaría ver un real aporte de las empresas patrocinantes y de los grandes empresarios de Chile.

24 noviembre 2008

Los excesos de Becky Sharp

Estos últimos días he andado como una pirinola: escribiendo y leyendo mucho, saliendo con amigos, comiendo, bailando, amando y por supuesto, bebiendo. Como que el fin de año y su ajetreo me han llevado a los excesos (cosa rara en mí, que soy tan medida), y los excesos me han llevado a relajarme y gozar en extremo. Ya habrá tiempo para ordenarme de nuevo. Y así, con nada de culpa, debo confesar que el miércoles me emborraché con champagne nacional en el Ciudadano (buen lugar, buenos precios, rica comida) junto a una pareja de novios apasionados y enamorados y a mi amante favorito (el rico empresario), que me condujo ebria a mi casa y por supuesto se quedó a dormir en mi cama. 

El jueves, después de correr todo el día, en los ajetreos propios de la madre moderna y abnegada, terminé la noche en una estupenda fiesta a la que me habían invitado hace un tiempo y donde se lanzaba el vodka Grey Goose Pear. No voy a entrar en detalle, sólo contar que bailé sin parar y que la música y los tragos de Dimitri estaban divinos. Lástima que no comí tanto y me embriagué un poco, lo que me obligó a pasar al Liguria a las 2 de la mañana donde, a pesar de que no quisieron venderme alcohol, pude comerme un reponedor pollo al pil pil que me ayudó a salir dignamente del recinto de la mano de mi nuevo amor poeta.

El viernes, más ordenada, fui a una comida casual y entretenida en la casa de unos amigos. Me acompañaba mi amigo Diego, con quien después pasé una noche muy romántica y sensual. Y el sábado, salí con otro amigo, uno pobretón pero apasionado, al que tuve que invitar al cine a ver La Otra Bolena, y aunque no nos gustó la película, no dejamos de pasarla bien toda la noche.

Y el domingo, salí con el martillero-galerista y padre de mis hijos, a ver la exposición de Diego Rivera y Frida Kahlo en el Centro Cultural Moneda. Una exposición muy mexicana para mi gusto europeo, donde claramente Frida es quien la lleva y Diego el que se subió al carro de la victoria. Pero, de todas maneras, es interesante de ver. Y para paliar el hambre dominical, almorzamos en Los Insaciables y tomamos helados bañados con chocolate en el Sebastián, para terminar saciados y felices tirados sobre la cama matrimonial, él durmiendo y yo leyendo cuentos norteamericanos. Puro exceso y felicidad.

17 noviembre 2008

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Todas las explicaciones del post anterior son para justificarme por no haber realizado el mini taller de noviembre. Pero, a pesar de mis mil y un quehaceres, me debo a mis compañeros y he decidido fijar nuestra próxima cita para el martes 25 de noviembre en lugar y hora a definir. Los espero a todos con nuevos trabajos. ¡A escribir!

Los mil y un ajetreos de Becky


“Ay, cuando la pasión es mansa y arrebatada a la vez”

John Keats

 

No han sido días tranquilos para la familia de Becky Sharp. Papá Sharp ha estado con mucho trabajo y Becky ha debido multiplicarse para atender a sus hijos mientras la niñera está en el sur. Justo en medio de las pruebas globales –esas terribles pruebas que ponen en los colegios y que obligan a alumnos y madres aplicadas a pasarse varias horas estudiando- se han sucedido muchos eventos, como el nacimiento del primogénito del hermano de Becky y la participación de la familia Sharp en La Bienal de Antigüedades de Las Condes, lo que ha mantenido a Becky y a su familia en un agotador ritmo de vida que seguramente no parará hasta navidad.

Además Becky ha estado muy afanada con un nuevo tema de investigación (para el que debió encargar un par de libros a Buenos Aires) y que cree será un gran reportaje literario, y ha tenido que ir a dejar a sus hijos a más de 20 cumpleaños en el mes (y además comprar los regalos), sin contar las idas a buscar al colegio y los estudios de media tarde, donde por un lado ha debido ingeniárselas para hacer entender a su hijo mayor la multiplicación de fracciones y casi al mismo tiempo tomar un dictado en alemán a su hija segunda sin tener idea de lo que estaba preguntando.

Y en medio de esta intensa semana (donde el matrimonio Sharp vivió entre la luna de miel y el divorcio) nace el primogénito del hermano de Becky -del único hermano hombre, del regalón de mamá y papá- lo que fue como ver nacer a la reencarnación del príncipe heredero, y todos ahí, embobados, fueron testigos del gran suceso (incluidos los niños Sharp que lo tocaron y lo besaron hasta el hartazgo) y de Becky y Mr. Sharp que con los ojos llorosos se emocionaron al ver a este nuevo y precioso miembro de la familia Sharp.

Y al día siguiente, otro evento más: la bienal de antigüedades de Las Condes, donde el marido de Becky participó con un flamante (y controvertido) stand, muy conceptual y limpio, que gustó a laicos y entendidos , menos al hijo mayor de Becky que con lágrimas en los ojos debió confesar que “su papá la había embarrado”, y que no entendía por qué su padre había puesto un solo objeto si tenía tantas cosas lindas para exhibir. Becky, mientras se paseaba por los stands, también pensaba en que a esa hora en la Feria del Libro se estaba presentando el libro de cuentos de Marcelo Lillo -ése que tanto le había gustado-, pero que por su carácter de primera dama no podía ausentarse de la Bienal por muy aburrida que esta estuviera ni menos dejar a su familia sin su apoyo incondicional.

El sábado en la tarde, después de ir a dejar a sus hijos mayores a las casas de sus amigos, Becky se escapó con su hija menor a la Feria del Libro de Santiago que, como todos los años, la decepcionó. Libros de autoayuda y miles de libros infantiles, nada interesante para ella, fue lo que vio. Y aunque no pensaba gastar mucha plata igual terminó comprando una decena de libros para sus hijos lectores –incluso uno que venía con una cuerda de saltar- y que su hija menor empezó a leer en la misma cafetería de la feria mientras Becky observaba a Carolina Brethauer vestida de alta noche a las 7 de la tarde y que luego supo iba a presentar el libro “Sin tetas no hay Paraíso”. Plop.

Y desde la alta cafetería, Becky pudo ver a los escritores que venden en el Chile de hoy: a Guarello, que firmaba un libro sobre fútbol en Ediciones B, a Carla que muy bien sentadita en Planeta esperaba que alguien le hablara o le pasara un libro para firmar, a Rivera Letelier que sí firmaba varios libros, a Mackenna que desde Pehuén mostraba su libro de poesías, mientras Becky se preguntaba: ¿dónde están los escritores de verdad? Pero nadie le respondió. Y con 20 mil pesos menos en el bolsillo (que al parecer le penaron todo el fin de semana), salió de esta seudo feria literaria a buscar a su marido y a sus hijos y llevarlos a comer mariscos al barrio Brasil.

Pero tanto ajetreo le pasó la cuenta a la bella Becky, y al día siguiente ya no se podía los pies. Como todos estaban ávidos de panoramas y ella muy cansada para cocinar y pasear, decidió inventar un panorama que le permitiera descansar y comer, sin tener que gastar: un picnic en plena ciudad. Y partieron con manteles, copas y platos, su buena botella de Merlot, empanadas de pino calientes y helados Fragola en el cooler, a hacer un muy cool picnic en el Parque de las Esculturas. Y mientras los niños corrían por el lugar, se dio el tiempo de dormir una buena siesta bajo los árboles, a pata pelada, y con la boca pegote de tanto comer pie de limón y helado de frutos del bosque. Y ahí, rodeada de esculturas y niños, acompañada de su querido esposo, logró dejar atrás los ajetreos de la semana y olvidarse por un rato del trabajo, las tareas y los miles de quehaceres. Con el ánimo en las nubes, llegó a su casa en la tarde, descansada y feliz, y con fuerza para otra nueva semana de pruebas globales, dentistas, turnos e idas a dejar a cumpleaños.

 

 

10 noviembre 2008

Carta de Diego Lira

Me acaba de llegar esta carta de mi amigo Diego Lira. La publico mientras pienso cuál libro recomendarle. ¿Alguien tiene una sugerencia para este atribulado hombre? Espero sus respuestas.
Acá va la carta:








Querida Becky:

De alguna manera, trato de explicarme ciertos comportamientos tan extraños
que uno comete, incluso, con las personas que más quiere. Como uno puede
“asustar” y “espantar” a quienes creen conocerte mejor, para terminar solo,
preso de una tristeza real, pero evitable.  La novela de   Robert Louis
Stevenson “ Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde”  (1886)  relata la
historia de un abogado londinense, Utterson, que narra la relación del
violento Hyde con el respetable Dr. Jekyll, conexión que pretende,
exitosamente, abarcar la dualidad de la naturaleza humana, buena y mala,
pero que fracasa en dividir la moralidad de ambos personajes ante los mismos
hechos. Finalmente no existe un moralidad distinta entre estos personajes y
la obra nos da cuenta de un único estadio con matices, a veces muy grandes,
de una individualidad errante y forzada, no de la existencia de dos
distintas. 

En muchas novelas, en especial la contemporánea, me llama la atención de
cómo los personajes pueden ser tan erráticos. Como hombres y mujeres, sin
importar la edad de estos, se dirigen a acantilados inexistentes creados por
ellos con el fin de terminar con lo convencional, para los autores,  en sus
vidas; el amor, la familia, el trabajo.   Esclavos de su carácter, unos más
que otros,  se empecinan en destruir todo aquello que les es preciado.  Este
arrojo, mezclado con un lenguaje directo,  en lo personal, me ha seducido
los últimos años de mi vida.    Sin importar la calidad de la novela, esta
sed de terminar una carrera que se sabe corrida me ha provocado hilarantes
momentos y una filiación extraña a  estos nuevos autores.

Si busco con sinceridad,  mi verdadero yo, por lo menos el que me gustaría
ser, se ve  más cerca de la poesía, de las “nouvelles” silenciosas y
etéreas, del amor, de la familia.


Espero que su conocimiento profundo de la literatura me ayude, y pueda
recomendarme un libro donde encontrar cobijo, un momento de calma para
volver a encantarme con   lo simple, sin la estridencia que desesperadamente
invade mi corazón de cuando en vez.

Agradecido de su tiempo y comprensión,


Diego Lira 

04 noviembre 2008

De menos a más

No sé si es por mi tozudez o mi tacañería, pero soy incapaz de dejar un libro a medias o de abandonarlo después de leer las primeras páginas. Claro, por lo general trato de llevar a mis manos libros de buena calidad literaria o de algún autor que merece mi respeto, y cuando de frentón me ha tocado leer un libro malo, igual llego hasta el final para ver si la cosa se compone o por último para despotricar contra el autor y el libro con conocimiento de causa.

Hace un mes -más o menos- comencé a leer con entusiasmo la Piedra Lunar de Wilkie Collins por varias razones que no vale la pena mencionar y debo confesar que me costó avanzar en su lectura, no porque el libro no fuera interesante (de hecho es un libro espléndido) sino porque los tiempos del libro son tan distintos de los agitados tiempos actuales que a ratos sentía que el libro estaba en cámara lenta y yo me sentía cada minuto más apremiada por saber quién había robado la famosa piedra lunar. Pero después de leer las primeras 300 páginas, el libro empieza a agarrar vuelo y las últimas 250 son un deleite de descripciones donde el efecto del opio (del protagonista y al parecer también del autor del libro) se deja sentir a lo largo de todo el relato, que combina personajes ingleses con hindúes de dudosa reputación, todo mezclado con una historia de amor, otra de arribismo y una última de misticismo, que hacen impredecible el desenlace último de la novela. Realmente una joya, y el estilo, único, porque mezcla cartas con relatos de los distintos protagonistas, donde cada uno agrega nuevas piezas a este puzzle detectivesco. Genial.

Y así como pasé con la Piedra Lunar de menos a más, mi nueva lectura El Desierto de los Tártaros también ha ido cautivándome de a poco. Escrita por Dino Buzzati en 1940, la historia es de una melancolía suprema, donde cada capítulo le va agregando nuevas tristezas y desesperanzas al protagonista, el teniente Drogo, en medio de espacios atemporales, inciertos y llenos de silencios. Digna de leerse. Y más corta que la Piedra Lunar. A ver si la encuentran en medio de todos los best-sellers y libros de autoayuda que al parecer están inundando la Feria del Libro de Santiago por estos días. 

02 noviembre 2008

Henry David Thoreau y el Cambio Climático


En 1845 el escritor y naturalista norteamericano Henry David Thoreau abandonó su vida en la ciudad para vivir por dos años en una cabaña en el bosque de Walden, en Concord, Massachusetts. De su experiencia en el lugar escribió Walden, la vida en los bosques, un libro que ha inspirado por décadas a naturalistas y ecologistas, y que hoy ‑150 años después de su publicación- es estudiado en Harvard y en la Universidad de Boston como prueba para demostrar el problema del cambio climático. 

Según señala el artículo que apareció en el New York Times esta semana (“Thoreau es descubierto como climatólogo”), las notas que usó el escritor para su libro ‑donde describía dónde y en qué época florecían las plantas en Concord, entre otras cosas- están siendo usadas por investigadores de estas universidades para entender los patrones de crecimiento de las plantas de la zona. Y las conclusiones han sido claras: las especies comunes han florecido este año siete días antes que en los tiempos de Thoreau, y, lo que es más grave aún, un 27% de las especies documentadas por el naturalista ‑entre las que están lirios, iris, orquídeas y mentas- han desaparecido de Concord y un 36% de ellas están presentes en tan pequeño número que se teme su pronta extinción.

 Según Richard B. Primack, biólogo de la Universidad de Boston, de las 21 especies de orquídeas que Thoreau observó en Concord, “sólo se pudo encontrar siete”. Además las minuciosas notas de Thoreau han sido usadas para comprobar cómo ha variado el patrón de migración de los pájaros de la zona de Massachusetts a raíz del cambio climático y cómo este cambio ha repercutido en la población de insectos del lugar. Los científicos involucrados en esta investigación sólo tienen palabras de agradecimiento al trabajo realizado por Henry David Thoreau en sus notas escritas hace 150 años atrás, y destacan lo importante que es preservar y revisar los registros de nuestros antiguos naturalistas y de lo valioso que es el simple hecho de mirar el paisaje y escribir lo que se ve ahí. Como para tener en cuenta la sugerencia.