"...prefiero ser Becky Sharp y un monstruo de la perversidad que ser Amelia y un monstruo de la estupidez". William Somerset Maugham
30 junio 2008
28 junio 2008
Plaza Perú se queda sin sol

Aunque según mi vecina soy una "aparecida" en el barrio El Golf, lo cierto es que vivo en este sector hace más de 12 años. Doce años en los que me ha tocado ver cómo han botado casas y construido enormes edificios de lujo, cómo han transformado y eliminado plazas, cómo han adoquinado calles y también cómo, de a poco, la Municipalidad se ha encargado de dejar sin sol y con mucha sombra a los habitantes de este sector.
Porque como el barrio El Golf es el más caro de Santiago, quienes compran terrenos aquí buscan sacarles el mayor partido a su inversión y para eso construyen los edificios más altos del mercado, edificios que no dejan ver el paisaje y que se roban día tras día la tan necesaria luz solar.
Hoy al mediodía llevé a mis niños a la Plaza Perú -una plaza que hace unos años fue completamente remodelada cuando se hicieron los estacionamientos subterráneos- y casi me muero de frío cuando por años esa plaza ha sido el epicentro del calor y del sol. Claro, ahora frente a ella construyeron un enorme edificio -el Territoria 3000- que no deja pasar la luz solar y que dejó convertida a la Plaza Perú en un lugar frío, húmedo y oscuro, donde ya no se juntan los viejos a conversar ni los niños a jugar, y donde hoy al mediodía sólo estaban mis hijos y yo, además de un par de adolescentes medio carreteados.
Por años mis niños visitaron esta plaza entre abril y octubre porque el resto de los meses era muy calurosa, y en verano íbamos a la plaza grande que está frente a la Iglesia El Golf, que con sus largos árboles nos ayudaba a capear el calor. Ahora tienen dos plazas sombrías, ideales para los días calurosos, pero que durante el año son imposibles de resistir. Y la culpa de todo la tiene la Municipalidad de Las Condes, que cree que poniendo más juegos de plástico los niños van a ser más felices, cuando lo que todos buscan es un lugar agradable para estar, un lugar calentito para andar en bicicleta o patinar, un lugar para dejar al viejo abuelo tomando sol y a la guagua mirar desde su coche; un lugar que no era perfecto ni bonito, pero que servía para pasar una agradable mañana de plaza, y que ya nunca más volverá. Good Bye, Plaza Perú, que la sombra te acompañe. Y por favor, alcalde De la Maza, cuide más a sus vecinos y no los siga dejando sin áreas verdes ni sol, que por algo pagamos las contribuciones más altas del mercado.
Porque como el barrio El Golf es el más caro de Santiago, quienes compran terrenos aquí buscan sacarles el mayor partido a su inversión y para eso construyen los edificios más altos del mercado, edificios que no dejan ver el paisaje y que se roban día tras día la tan necesaria luz solar.
Hoy al mediodía llevé a mis niños a la Plaza Perú -una plaza que hace unos años fue completamente remodelada cuando se hicieron los estacionamientos subterráneos- y casi me muero de frío cuando por años esa plaza ha sido el epicentro del calor y del sol. Claro, ahora frente a ella construyeron un enorme edificio -el Territoria 3000- que no deja pasar la luz solar y que dejó convertida a la Plaza Perú en un lugar frío, húmedo y oscuro, donde ya no se juntan los viejos a conversar ni los niños a jugar, y donde hoy al mediodía sólo estaban mis hijos y yo, además de un par de adolescentes medio carreteados.
Por años mis niños visitaron esta plaza entre abril y octubre porque el resto de los meses era muy calurosa, y en verano íbamos a la plaza grande que está frente a la Iglesia El Golf, que con sus largos árboles nos ayudaba a capear el calor. Ahora tienen dos plazas sombrías, ideales para los días calurosos, pero que durante el año son imposibles de resistir. Y la culpa de todo la tiene la Municipalidad de Las Condes, que cree que poniendo más juegos de plástico los niños van a ser más felices, cuando lo que todos buscan es un lugar agradable para estar, un lugar calentito para andar en bicicleta o patinar, un lugar para dejar al viejo abuelo tomando sol y a la guagua mirar desde su coche; un lugar que no era perfecto ni bonito, pero que servía para pasar una agradable mañana de plaza, y que ya nunca más volverá. Good Bye, Plaza Perú, que la sombra te acompañe. Y por favor, alcalde De la Maza, cuide más a sus vecinos y no los siga dejando sin áreas verdes ni sol, que por algo pagamos las contribuciones más altas del mercado.
25 junio 2008
Sobre las citas a ciegas
Una amiga se ofrece de celestina y le pide a su amigo que se describa en el papel. Gustos, preferencias, lecturas, todo lo que le interesaba debía incluirlo en el listado, así como las cosas que detestaba. Con ese listado ella se ofrecía a buscarle una cita entre sus amigas solteras. Y claro, mi amigo -encantado- aceptó y se describió.Pero cuando él me contaba esto y sus descripciones, me puse a pensar qué hubiera pasado si esa misma lista de preguntas me la hubieran hecho a mí, o peor ¿qué hubiera pasado si mi amado se hubiera descrito, antes de conocerlo, en un papel? De seguro, no nos habríamos querido conocer. Gustos Literarios: Anne Rice; Música: Hard Rock. Bastante incompatible con mi gusto por la música brasilera y Flaubert.
¿O si me hubiera dicho Isabel Allende, Coehlo o Herman Hesse? Ufff. Podría haberme perdido de conocer a un hombre encantador, y él a una mujer encantadora, aunque dada a la melancolía y a las novelas decimonónicas. Si hubiera visto una lista antes de enamorarme, no me habría enamorado del fracasado, del alcohólico, del mujeriego, del provocador. Ni del cumbianchero, del fanático de los libros de vampiros, o el pobretón. Quizás hubiera elegido al que leía a Henry James y a Proust, y podría haber sido una lata o un embaucador. O un tipo solitario, mudo o de carácter irritable.
Por eso, ojo, amigo mío, con lo que ponga en su lista y no se deprima si le llega una lectora de Vanidades y de Marcela Serrano, que escucha boleros y canta en el coro de un club. El amor llega de cualquier forma, y a veces lo menos pensado resulta ser lo mejor. Sólo relájese, sea usted mismo y páselo bien. Después me cuenta.
¿O si me hubiera dicho Isabel Allende, Coehlo o Herman Hesse? Ufff. Podría haberme perdido de conocer a un hombre encantador, y él a una mujer encantadora, aunque dada a la melancolía y a las novelas decimonónicas. Si hubiera visto una lista antes de enamorarme, no me habría enamorado del fracasado, del alcohólico, del mujeriego, del provocador. Ni del cumbianchero, del fanático de los libros de vampiros, o el pobretón. Quizás hubiera elegido al que leía a Henry James y a Proust, y podría haber sido una lata o un embaucador. O un tipo solitario, mudo o de carácter irritable.
Por eso, ojo, amigo mío, con lo que ponga en su lista y no se deprima si le llega una lectora de Vanidades y de Marcela Serrano, que escucha boleros y canta en el coro de un club. El amor llega de cualquier forma, y a veces lo menos pensado resulta ser lo mejor. Sólo relájese, sea usted mismo y páselo bien. Después me cuenta.
19 junio 2008
Chesil Beach
Estaba tan ansiosa por leer Chesil Beach que una vez que mi amiga C. me lo regaló, sentí miedo de que el libro me defraudara. Y la verdad es que no fue así, porque mis expectativas se cumplieron con creces.Tengo que decirlo: Chesil Beach es un libro magnífico, tan bueno como Sábado y Expiación, aunque a ratos uno crea que es menor. Habla de una pareja de jóvenes recién casados y de sus temores y ansiedades frente a la eventual iniciación sexual en una época donde hablar de sexo era un tema tabú. Todo transcurre en Inglaterra, en 1962, un año antes de la llamada revolución sexual, y McEwan narra con destreza y elegancia este ambiente reprimido y las vidas de estos jóvenes que, provenientes de distintas clases, tienen la ventura o desventura de conocerse y amarse en el sentido más puro de la palabra.
No quiero contar el desenlace, porque recomiendo su lectura, sólo quiero comentarles que no es un libro dulce ni bonito, más bien es triste, desolado y desesperanzador, como a veces suele ser el amor no correspondido, platónico o imposible de consumar. Pero es un libro que vale la pena tener y leer (aunque a algunos les de aversión el nombre de McEwan o los libros amarillos de Anagrama). Muy recomendable.
17 junio 2008
Becky en el Palacio Cousiño
El domingo Becky llevó a sus niños al Palacio Cousiño, la gran casa que tenía don Luis Cousiño y su señora Isidora Goyenechea en la calle Dieciocho, y que desde la década del 40 pertenece a la Municipalidad de Santiago. La casa es enorme y está decorada según los gustos afrancesados de sus dueños -ricos empresarios mineros- con mucho mármol, jarrones chinos, oro y enormes pinturas de Monvoisin que dejaron boquiabiertos a mis hijos y a mí sumergida en un estado de ensoñación.Un simpático guía nos llevó escaleras arriba y abajo, y nos mostró las piezas de los niños (tenían seis hijos), los dormitorios principales, el gran comedor y la sala de música, de baile y de té. A mi hijo mayor lo que más lo impresionó fueron los sillones "indiscretos" con tres asientos para que los novios no estuvieran nunca a solas y a una de mis hijas le encantó la escalera de mármol multicolor. A mí me gustó un mural que está a la subida de la escalera y que por un lado muestra un paisaje parisino y al frente un paisaje de Santiago (según el guía, las dos ciudades favoritas de la familia) y aunque no sé si habrá sido verdad, por un rato envidié esa vida de eternos lujos y viajes, y ese gusto por evitar a toda costa el invierno y sólo vivir entre la primavera y verano de Santiago y París.
15 junio 2008
11 junio 2008
Más regalos para Becky

Aunque ya pasó mi cumpleaños, sigo recibiendo más regalos. El lunes en el almuerzo de cumpleaños de mi amiga Maida (que fue en el muy recomendable restaurant Mestizo), me llegaron espumas de baño, cremas y hasta un precioso paraguas de las que no habían podido ir a mi celebración, y ayer en la tarde cobré mi "vale por una sesión de reflexología" que me había obsequiado mi amigo R., y que debo confesar fue un verdadero regalo para mi cuerpo, alma y pies.
Debo reconocer que soy bastante escéptica a la medicina alternativa y especialmente a los inescrupulosos que la promueven sin saber nada. Pero esta vez traté de no pensar mucho y me dejé transportar por los masajes que Noelle repartió por mis pies, y luego por mis brazos y por mi cabeza. Y el resultado fue maravilloso: mi cuerpo se oxigenó (o por lo menos así lo sentí), y mi energía se repartió por todos lados, liberándome de malas ondas, malas caras y malos ratos.
Al final, después de dos horas en la camilla, Noelle me hizo Reiki, y aunque no lloré como le sucede a algunos (soy demasiado contenida para eso), sí sentí un gran relajo y placer. Mi amigo R. que durante toda la sesión se quedó a mi lado -como escribiente florentino- corrigiendo pruebas y pruebas, dio fe de mi cara extasiada y sonrosada, y de mi aura de paz y tranquilidad. En fin, una experiencia medio mística, pero absolutamente recomendable, porque hoy amanecí renovada y feliz, relajada, liviana, hippie y sin dolor de oídos (y eso que después de la sesión fuimos a celebrar la no-muerte de mi amado a nuestro querido Olán y me acosté de madrugada).
Debo reconocer que soy bastante escéptica a la medicina alternativa y especialmente a los inescrupulosos que la promueven sin saber nada. Pero esta vez traté de no pensar mucho y me dejé transportar por los masajes que Noelle repartió por mis pies, y luego por mis brazos y por mi cabeza. Y el resultado fue maravilloso: mi cuerpo se oxigenó (o por lo menos así lo sentí), y mi energía se repartió por todos lados, liberándome de malas ondas, malas caras y malos ratos.
Al final, después de dos horas en la camilla, Noelle me hizo Reiki, y aunque no lloré como le sucede a algunos (soy demasiado contenida para eso), sí sentí un gran relajo y placer. Mi amigo R. que durante toda la sesión se quedó a mi lado -como escribiente florentino- corrigiendo pruebas y pruebas, dio fe de mi cara extasiada y sonrosada, y de mi aura de paz y tranquilidad. En fin, una experiencia medio mística, pero absolutamente recomendable, porque hoy amanecí renovada y feliz, relajada, liviana, hippie y sin dolor de oídos (y eso que después de la sesión fuimos a celebrar la no-muerte de mi amado a nuestro querido Olán y me acosté de madrugada).
Un mirada a la muerte
El lunes casi muere el gran amor de mi vida. Venía en la carretera desde Viña a Santiago cuando un camión que iba adelante le arrojó una pesadísima herramienta de fierro que entró como proyectil en el auto, y que por milagro, impactó en el asiento de atrás y no en su persona. Horas antes él había pasado a rezarle a la Virgen de Lo Vásquez -como hace siempre cuando va a Viña- y que creo, estoy segura, fue quien lo protegió.Y aunque no le pasó nada (sólo sufrió unos pequeños cortes en los brazos), su accidente me hace pensar en lo frágil que es la vida, el amor y la felicidad. Y en cómo un accidente tonto, involuntario, desgraciado puede arruinar la vida de toda una familia por siempre, sin vuelta atrás. Hace años un joven se pasó un signo PARE y causó la muerte de mi prima y de mi tía a la salida del Club de Polo. El joven estudiaba en mi colegio y aunque no lo odié en ese instante ni tampoco ahora, hasta el día de hoy siento un gran desprecio por su persona y por su familia, que nunca se sintió responsable por lo ocurrido.
Porque la vida, aunque no lo queramos creer, es injusta y azarosa. Algunos se salvan de un accidente inmenso, otros se mueren por un descuido o una estupidez. Y por mucho que nos protejamos, nos pongamos el cinturón de seguridad, manejemos con precaución, respetemos las leyes del tránsito, finalmente estamos a merced del destino, o de Dios, y sólo él decide hasta cuándo estaremos en este mundo. Sólo espero que a mi amor y a mis niños, a mis amigos y a mi familia, me los deje por muchos siglos más en esta tierra. Y que me permita mirar la muerte desde lejos, como en este cuadro de Caspar David Friedrich, y que, aunque a veces me acerque al abismo, me proteja de caer en él. Amén.
04 junio 2008
Josefine y Yo

"¿Qué significa eso? ¿Cultura para todos? Sé que lo dice con buena intención, pero no deja de ser una idea quijotesca digna del siglo XIX. De cada mil personas hay quizás dos o tres que escuchan un concierto por voluntad propia. Siempre ha sido así, y por mí puede seguir siéndolo. La cultura es un hecho minoritario. Las llamadas personas normales prefieren el jaleo y la diversión. Un poco de televisión, de vez en cuando una película de terror, una discoteca ensordecedora o, naturalmente, un partido de fútbol, que es lo que más les gusta. ¿Acaso le parece mal?"
(De Josefine y yo, el excelente libro de Hans Magnus Enzensberger, que me regaló mi adorable "proveedor" de literatura para el día de la madre).
02 junio 2008
Lista para invernar

Me encanta mi cumpleaños porque, como es a fines de mayo, gracias a los regalos quedo aperada para todo el invierno. Mis amigas con sus productos de belleza -para cara, cuerpo y pelo-, collares, bufandas y anillos me dejaron convertida en princesa invernal, cual protagonista de un cuadro de Jean Beraud, mientras mi amado con sus botas "made in Italy" me regaló una buena dosis de estilo y abrigo, tan necesarios en esta fría época del año.
En cuanto a lecturas, me obsequiaron con un esperado Chesil Beach, un clásico Frannie y Zooey y un libro gordo de la Agota Kristof, que junto a la sesión de reflexiología que me regaló mi querido amigo Random, a la cámara rosada que me entregó un antiguo amante, el precioso chaleco que me dio mi hermana y el inmenso chal que me regaló mi mamá, me dejaron lista para pasar un invierno relajada, abrigada y feliz. Gracias a todos por sus regalos, y por hacerme pasar un lindo día y una noche genial.
(Parece que, después de todo, no fue tan malo cumplir 34 años, ni tan mala la idea de publicar una lista de regalos en este blog).
01 junio 2008
Entre errores ortográficos y falsificaciones
Me escribe mi amiga Camila para preguntarme por el premio Becky Sharp, y le pregunto por qué no concursó. Me dice que escribe mal y que tiene pésima ortografía. Me pide un amigo que le redacte una carta porque teme equivocarse en la redacción y en los acentos, y me suplica que no me ría de su mala ortografía. Me recrimina mi hermana que le da vergüenza escribirme porque "no sabe escribir bien". A todos ellos les pregunto: ¿por qué me tienen miedo? Es cierto que no tolero los errores ortográficos, pero no exijo perfección ortográfica y gramatical a todas las personas, menos a mis amigos y familiares. Es más adoro cuando me llega un mensaje de texto que dice "te hecho de menos" o que mi hija me escriba "mamá presiosa y ermosa" o que una amiga me invite a "almorsar".Yo misma he cometido por descuido errores terribles (todavía me pena un "tranzar" en vez de transar) y he olvidado acentos y comas. Pero lo que sí me molesta y considero imperdonable es cuando un libro tiene faltas de ortografía o mala redacción, porque detrás de cada libro o impreso hay tiempo, edición, cuidado y revisión.
"Lo mismo que tú sientes cuando lees un libro con faltas de ortografía, me pasa a mí cuando voy a una exposición de pintura y distingo un cuadro falso", me recrimina mi querídisimo amigo J. mientras recorremos la muestra dedicada al pintor Camilo Mori en la Corporación Cultural de Las Condes. "Mira ese cuadro, Becky, ¿tú crees que lo puede haber hecho el maestro Mori?", me pregunta frente a un cuadro paliducho y desdibujado. Y aunque no soy una entendida debo reconocer que el cuadro me parece de una calidad inferior a los otros de la exposición.
J. me sigue mostrando la diferencia entre un cuadro de Mori y uno que parece ser de él, y me habla del daño que se hace cuando un cuadro falso (en este caso eran tres) aparece en una exposición. Para el visitante común el cuadro falso será visto como un cuadro de mala calidad, pero para el entendido sólo hablará de una mala curatoría y una neglicencia imperdonable.
A mí los errores ortográficos y gramaticales sólo me dicen tres cosas: descuido, desidia y falta de respeto a los lectores. A él, una muestra de pintura que incluye copias y falsificaciones sólo le dice ignorancia, daño y maldad. Y así como yo rechazo y dejo de lado esos pobres libros con errores, a él esas exposiciones viciadas no le merecen ni cariño ni compasión, por muy buenos que sean algunos de los cuadros y por mucho que adore al pintor.
28 mayo 2008
Como Gretel sin Hansel
Por quinta vez en la semana mi vecina me alegó por los autos que se estacionan afuera de mi casa. Ya se había enojado con los del camión del Telemercados por estar a centímetros de su entrada, y se había molestado con el señor que me vino a arreglar el portón, con los maestros que están instalando los muebles de cocina y con el repartidor del Homecenter que vino a dejarme los tablones para el suelo. Pero la gota que rebasó el vaso fue cuando llegó el camión de Kitchen Center con la campana y el horno nuevos. Ahí la mujer colapsó, y se puso a gritar cosas, a sacar fotos, a amenazar con los carabineros, en fin, a hacer tanta alharaca -sólo porque el hombre se había estacionado afuera de mi portón- que no me quedó otra alternativa que ir a visitarla.Y como Gretel, aunque sin Hansel, me armé de valor y toqué la puerta de la bruja. La mujer me miraba por la ventana y se demoró varios minutos en atenderme el citófono. Cuando contestó me empezó a hablar de la seguridad, de las leyes municipales, de los antiguos vecinos, hasta de mi perro perdido, y yo sólo escuchaba sus alegatos, hasta que me tocó hablar. Ahí fue cuando dejé fluir toda la "buena onda" que encontré en mi alma, y como poseída por un espíritu medio hippie, medio reggae, le dije que éramos vecinas, que este planeta estaba mal por culpa de la violencia y del odio, y que yo, en la más New Age, la respetaba como vecina y esperaba lo mismo de ella. Le pregunté por su mala onda, por su fijación con mi casa, por su problema con los repartidores.
En un principio ella se defendió, me habló de lo mala persona que era la antigua propietaria, del problema con los estacionamientos y yo la escuché con paciencia. Y le dije que la entendía, pero que esperaba que nuestra relación fuera más civilizada y que no mojara a las personas que se estacionaban fuera de mi casa. Y accedió, y hasta me dijo que otro día me hacía pasar a su casa para invitarme un café. Quizás, como Gretel, esté cometiendo una imprudencia, pero le voy a dar una oportunidad a esta brujita, aunque ya de paso me advirtió que no iba a sacar la pintura naranja de "mi" poste y que la estética -que fue mi argumento- se la "pasaba por la raja".
Grandes Expectativas
Me gustaría celebrar mi cumpleaños en mi casa nueva. Invitar a mis amigas del colegio, a mis amigos de la universidad y del taller; a mis amigas de la vida, de la playa, del colegio de mis hijos. Pero tengo el caos en mi casa (todavía) y también en mi vida personal, por lo que va a tener que ser para el próximo año o para primavera. Por favor, tengan paciencia, y los invitaré a todos a mi nuevo hogar.Por el momento, sólo puedo aceptar invitaciones a comer o a almorzar. De mis amigas del colegio espero el tradicional almuerzo cumpleañero en algún lugar rico (el del año pasado en el Cocoa estuvo genial), de mis amigas de la vida espero un llamado o una visita flash, y de mis amigos del taller espero un pisco sour y un picante de camarones en nuestro lugar favorito y ojalá no terminar la noche en el Fabiano Rossi ni volver a preguntarle a la dueña del restaurant si leyó a Pearl S. Buck. De mis amantes no espero mucho, salvo de mi amante-real que espero me llene de besos y regalos, pague la cuenta y me prometa su amor y fidelidad por 34 años más. Y que me siga queriendo a pesar de las arrugas y una que otra cana, y que me siga diciendo que soy la flaca más linda de esta ciudad...
25 mayo 2008
Diario de una Golondrina
El fin de semana me lo leí de un tirón y me entretuvo, pero no me conmovió en lo absoluto ni me creí la historia del asesino a sueldo despechado que termina enamorándose de una de sus víctimas. Como que me pareció simplón, ondero, superficial, y las constantes referencias a Radiohead, agotadoras.
Quizás estoy medio vieja (igual Nothomb es bastante mayor que yo) o exijo demasiado de la literatura, pero no me engancharon ni la historia ni su escritura. Para los que quieran leer una crítica favorable, está la que hizo Andrés Gómez Bravo para el blog de la Revista Paula.
De la Novicia Rebelde a la calle Rosal
Un queridísimo benefactor me regaló para la Pascua un televisor gigante, "un plasma" como le dicen mis niños, y como no me gusta ver televisión ni siquiera lo había inaugurado. Pero la lluvia del jueves y la llegada de "la alfombra peluda" me obligaron a dejar mis libros de lado para sucumbir a la tentadora idea de la película familiar, y en grupo partimos a arrendar películas para ver en nuestra nueva tele XL. Los arriendos no fueron nada de novedosos (mi hijo mayor nos obligó a ver una soporífica película de Asterix y mis hijas nuevamente me hicieron ver Encantada), mientras yo en un arranque retro-nerd, decidí arrendar La Novicia Rebelde, la película que más me hizo gozar en la niñez y que ahora ponía a disposición de mi descendencia. Debo reconocer que temí que la odiaran, que la encontraran anticuada, lenta o aburrida, que se cansaran de las canciones o que echaran de menos la magia o los efectos especiales, pero nada de eso sucedió, sino todo lo contrario. Acostados sobre la alfombra peluda, no despegaron la vista de la película en ningún momento y cuando ésta terminó me agradecieron de todo corazón mi anticuada historia de la novicia cantarina.
Y aunque la trama es bien naif y el amor entre el Barón von Trapp y la novicia es como de historieta, hay una parte de la película que me hizo pensar, y es cuando ella decide volver al convento para escapar de lo que temía, que era enamorarse. Hay gente que no habla para no errar, que no escribe por miedo al qué dirán, que no se enamora para no sufrir. Pero la vida no es perfecta y uno no puede pretender serlo, y es mejor lanzarse y caer, que nunca despegar de la plataforma.
Y como les gustó tanto la Novicia Rebelde, decidí que este domingo también los llevaría a un panorama de mi gusto. Nada de plaza o juegos infantiles, ni de Tip y Tap o Tiramizú. Y así fue como partimos el día tomando desayuno con croissants en el Emporio La Rosa y luego de caminar por el Parque Forestal, terminamos nuestro paseo en la maravillosa exposición de Enrique Zañartu en el Mac -una completísima muestra que incluye sus obras en grabado, dibujo y óleo- y que es un gran deleite para grandes y niños. Por lo menos los míos gozaron imaginando corazones, personajes e historias, y más gozaron después revisando el lindo catálogo de la exposición mientras comíamos unos ricos ñoquis con salsa pomodoro en el Squadritto de calle Rosal. Panorama redondo, ¿no?
21 mayo 2008
Lista de Regalos


Como falta poco para mi cumpleaños, y este blog lo leen algunos de mis queridos amigos, amantes y familiares, voy a aprovechar de publicar las cosas que me gustaría recibir durante ese día:
-De los libros, me gustaría que me regalaran Chesil Beach, Elegancia Prestada (Paula Fox), el de Marcelo Lillo, Medio Sol Amarillo (Chimamanda Ngozi Adichie) y los que crean pueden gustarme.
-También estoy necesitada de libretas, cremas, rouges, brillos y collares.
-De ropa: botas.
-De lujo: una o dos noches en un lujoso hotel (si es en Buenos Aires, mejor).
-Para la casa: de todo.
-De tecnología: una cámara de fotos (la mía la perdí en el zoo de Buenos Aires, entre la heladería y la casa del tigre blanco).
-$$$$$$$$, en especial ahora que me salió viaje a USA.
-Ocio, amor y paz, y que me devuelvan a mi perrito.
Por si acaso, también voy a publicar lo que por ningún motivo quiero recibir:
-Best-sellers y libros de auto-ayuda.
-Ropa que me quede chica.
-Un perro que reemplace a Peludito.
-Alguna visita desagradable.
-Una carta con faltas de ortografía.
-Una depiladora, tintura para las canas o un año de gimnasio.
-Y por supuesto no quiero recibir malas noticias, ni ver malas caras, ni que alguno de mis amigos se olvide de llamarme o pasarme a ver.
-$$$$$$$$, en especial ahora que me salió viaje a USA.
-Ocio, amor y paz, y que me devuelvan a mi perrito.
Por si acaso, también voy a publicar lo que por ningún motivo quiero recibir:
-Best-sellers y libros de auto-ayuda.
-Ropa que me quede chica.
-Un perro que reemplace a Peludito.
-Alguna visita desagradable.
-Una carta con faltas de ortografía.
-Una depiladora, tintura para las canas o un año de gimnasio.
-Y por supuesto no quiero recibir malas noticias, ni ver malas caras, ni que alguno de mis amigos se olvide de llamarme o pasarme a ver.
La Bohème
Me gustaría morir de consunción.Porque todas las damas dirían:
"Mirad al pobre Byron, qué
interesante parece al morir".
Lord Byron
Debo confesar que desde hace años me ha atraído el tema de la tuberculosis como enfermedad. En el 2002 incluso publiqué un largo artículo sobre el ella, en el que hablaba de la relación que existió durante el siglo XIX entre la tuberculosis y la sensibilidad. Ahí hablé de Keats, Shelley, Chopin, Modigliani, Chekhov, Lawrence y de tantos otros artistas que sucumbieron de consunción y que con su aspecto enfermizo causaron fascinación entre la bohemia de la época. Ese mismo año me leí la Montaña Mágica y otros libros que hablaban del tema, como La Enfermedad y sus metáforas de Susan Sontag donde la autora asociaba la tuberculosis con la sensibilidad, la delicadeza, la tristeza y la impotencia, y al tuberculoso con "alguien consumido por el ardor". Pero el libro más célebre sobre este tema es, sin lugar a dudas, La Dama de las Camelias, que escribió Dumas hijo inspirado en la muerte de su cortesana, y que años más tarde fue inmortalizado por Verdi en La Traviata y Puccini en la Bohème.
Anoche, invitada por un generoso amigo, tuve el placer de ver por segunda vez la ópera la Bohème en el Teatro Municipal. El elenco internacional, de lujo, y la puesta en escena, preciosa. Mi amigo, que me sabe romántica y tuberculosa de alma, compró dos encantadoras entradas en palco, y desde lo alto pude observar el espectáculo operático y también el espectáculo de los asistentes, siempre tomada de la mano de mi adorable acompañante.
Y junto a él vibré con la muerte de Mimí y con la desgarradora súplica de Musetta; me reí en el entretiempo junto a una taza de café, y gocé con la escena en el café Momus y en la fría callejuela de París. Mimí, la joven cortesana que muere tras redimir sus culpas y conocer el amor, representa el ideal romántico de una época que ya pasó, pero que a mí me parece fascinante. Y para seguir con nuestra velada romántica y parisina, después de la ópera nos fuimos a tomar una sopa de cebollas y una copa de vino al Normandie, para terminar caminando bajo la lluvia hasta llegar medio mojados a mi afrancesado nuevo hogar. Au revoir, mon ami, ansiosa espero otra adorable invitación suya.
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16 mayo 2008
Diez mil razones para celebrar
Ayer en la tarde se realizó la premiación del premio Becky Sharp justo en el momento en que este blog llegaba a las diez mil visitas. Quizás para algunos esta cifra puede ser muy baja -de hecho mi amigo Rafael Bravo con su página www.reclamos.cl recibe 100.ooo al día-, pero para mí es una cifra altísima. Y que mejor manera de celebrar que la famosa "once completa" de Becky con los ganadores de su concurso literario, quienes además se reconocieron como grandes seguidores de la "Feria de las Vanidades" y de Becky Sharp.Para los curiosos debo contar que los ganadores del Premio Becky son dos hombres encantadores. Rubén Benveniste es el seudónimo con el que participó un gran escritor de nuestra ciudad, varias veces ganador de concursos literarios, y que por expresa petición de él voy a mantener en el anonimato. Sólo puedo decir que es un hombre simpático, buenmozo, divertido, culto y con un gran sentido del humor; un hombre capaz de pasar de Ana Karenina a un cómic, de la risa al llanto, de la clase magistral al baile, es decir un hombre muy versátil, como también puede verse en su escritura.
El otro ganador, el señor Sucarita Gluglu (seudónimo), también es un hombre encantador, pero más reservado. Gran lector de los clásicos (eso sí, parece que le gusta más Amelia Sedley que Becky Sharp), Sucarita es un hombre adorable, a ratos dulce a ratos ácido, lleno de opiniones lapidarias, pero geniales; gran admirador de Nabokov, Dickens y Joyce, debo confesar que Sucarita es una excelente compañía para todos los días de la semana, además de gran escritor de cuentos y ganador de varios concursos literarios.
Dos personajes bastante distintos, pero que compartían la ansiedad por conocer a Becky Sharp y un voraz apetito. Porque no sé si habían almorzado, pero estos escritores dejaron claro que así como devoran libros devoran pasteles. Y Becky -junto a las pequeñas Beckitas- se lució como anfitriona y cocinera y atiborró a los ganadores de pie de limón, galletas, pancitos, queque y bolitas de nuez, y los ganadores no pararon de comer y reír durante toda la tarde, mientras Becky, feliz, sentía que había ganado a dos nuevos amigos.
La tarde se pasó volando (lindo cliché literario) y ya era de noche cuando Becky despidió a sus premiados amigos en la puerta de su casa. Por suerte la vecina no estaba mirando por la ventana ni los concursantes se habían estacionado cerca de su portón (de hecho, andaban a pie), y Becky pudo besar con tranquilidad a Rubén y Sucarita, no sin antes dejarlos enternamente invitados a pasar por su casa cuando tuvieran ganas de verla, de comer o simplemente de conversar. ¡Felicidades a los ganadores! Y ya se viene luego el próximo concurso Becky Sharp.
15 mayo 2008
Uff, qué vecina
El día que llegué a esta casa, la antigua dueña me advirtió de un sólo problema: la vecina. No me contó que el calentador de agua estaba fallando ni me hizo ver de las filtraciones de las cañerías ni menos me explicó por qué se había llevado las duchas y el horno de la cocina, pero sí me llenó de detalles sabrosos sobre la mujer que vive en la casa del lado, y que según ella era una loca. Que regaba a las 6 de la mañana apenas vestida, que llamaba a los carabineros si te estacionabas a un centímetro de su portón, que era una provocadora con los hombres, que su hija era drogadicta, además de un sinfín de reclamos, que me entraron por una oreja y me salieron por la otra.Y como no soy prejuiciosa (menos con las personas locas), decidí que me iba a ser amiga de mi vecina y que con mi buena onda iba a lograr muchas más cosas que haciéndole la guerra (de hecho pensaba que iba a poder convencerla para que pintara su casa de color blanco y borrara todo vestigio naranjo de mi vista). Mal que mal tenía mi experiencia como vecina-amiga después de vivir 12 años en un edificio en el que nadie se hablaba con nadie, pero donde a mí me tenían de amiga y confidente, me invitaban a tomar té, a conversar, incluso hasta a un asado en Melipilla fui con mis niños, y donde era tal mi nivel de amistad con los vecinos (cuyas edades fluctuaban entre los 50 y los 70 años) que hasta el día de hoy sigo en contacto con ellos.
Entonces con mi mejor voluntad acepté que el día de la mudanza mi nueva vecina, la señora P., mojara a los del camión porque se habían estacionado cerca de su portón. Y acepté que acosara a mis visitas si se les ocurría estacionar en mi vereda, que les sacara fotos a los autos de mis familiares cuando, según ella, estaban mal estacionados, que pusiera música árabe a todo volumen cuando un soldador vino a instalarme el portón nuevo. La ignoré y la ignoré, y cada vez que me tocaba el timbre para alegarme cualquier estupidez, la recibí con una sonrisa.
Pero realmente fue inútil y debo admitir que la mujer no sólo es loca sino además una hostigadora. Ahora me quiere cortar las ramas de mis árboles porque a ella le dan alergia, quiere que estemos en constante silencio o si no ella revienta el barrio con música árabe, quiere que le tengamos terror, que le digamos a nuestros amigos que no pueden estacionar cerca de ella, y que más encima le barramos sus hojas (porque las tira todas para mi lado de la vereda).
Y yo tenía mis mejores intenciones y hacía vista gorda con sus gritos a medianoche, con sus ruidos sospechosos, con su música, con su hija con cara de ladrona (y que puede hasta haberme robado a mi perrito). Pero ya no, señora Pelu C., ya no más. Quizás los antiguos propietarios de esta casa se dieron por vencidos en esta batalla, pero a mí no me la va a ganar, y por lo pronto me estoy asesorando para que me devuelva el pomo gris de mi fachada y que ella con excelente buen gusto dejó mitad gris y mitad naranjo, porque seguramente pensó que le correspondía. No señora, no le corresponde: el pomo es mío, mi fachada es mía, mis árboles son míos, y mi tranquilidad también. Si no quiso aceptar mi amistad y buena onda, ahora aténgase a las consecuencias y no espere una sonrisa de mi parte, ni menos una palabra dulce de mis hijos, a quienes ya les advertí que con usted no deben hablar. Por favor, salga de su casa, vaya al Parque Arauco, lea, cocine, haga danza árabe, pero por favor deje de mirarme desde la ventana y acechar a la cuadra como un sicópata de thriller barato. Por favor.
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